Pablo Iglesias y la religión

Pablo Iglesias Pablo Iglesias

En buena medida, Podemos aparece como una opción política frustrada, y no lo decimos porque no haya llegado al poder, porque no es esa la cuestión, sino porque reproduce todos los vicios de la vieja política… solo que, por internet. Culto a la personalidad, luchas internas por el poder en clave de bandos personales, nula separación entre las relaciones personales y cargos políticos, como sucede con su pareja. Y que no se diga que se subraya porque se trata de una mujer, a Pujol lo pusieron a bajar de un burro porque su hijo tenía cargos políticos, incluidos los electos. En política las cosas, además de ser, han de parecerlo.

Ahora Pablo Iglesias ha echado mano de un viejo recurso: buscar un enfrentamiento por una causa religiosa sin venir a cuento ni tener razón alguna. Eso es lo que ha hecho: exigir la supresión de la misa dominical en la televisión pública y, por extensión, de los espacios religiosos que también disponen judíos, musulmanes e iglesias reformadas. Es algo que el PSOE también practica: cuando tiene dificultades o no sabe qué hacer, se saca un órdago religioso, aunque nunca se le ha ocurrido lo de la misa en la televisión, quizás porque tiene una comprensión más democrática del Estado del que Iglesias carece. Él y sus fieles, parece que entienden la democracia como el método que te permite alcanzar el poder y negar todo espacio público a los demás.

Porque, con su propuesta, Iglesias lo que demuestra, además de su fobia religiosa, es su nula concepción democrática en la que estado, instituciones públicas y sociedad se funden en un todo homogéneo, bajo la égida del primero, sin autonomías, subsidiariedades y demás zarandajas. Porque, si bien el estado español es laico (esto es, aconfesional, no tiene religión) la sociedad es plural, es decir, existen creencias distintas que el estado respeta y favorece en su desarrollo (¿a nombre de que si no las cuantiosas subvenciones para las entidades privadas de la perspectiva de género y LGTBI?). Por su parte, TVE es un servicio público, y ese es exactamente el rol que tienen lo servicios religiosos de las distintas confesiones en el marco de lo que establece la Constitución Española sobre ella y, en particular, en relación con  la Iglesia católica a la que cita nominalmente. La Misa en este contexto es un servicio público a los católicos para facilitarles el cumplimiento de la eucaristía dominical, a la que enfermos, ancianos e impedidos, no pueden acudir, y que es un consuelo y una ayuda para todos ellos.

En último término, con su planteamiento, Iglesias demuestra que:

1/ Le importa un pimiento, quizás dos, el servicio a los ciudadanos que no respondan a su ideología

2/ Una nula sensibilidad hacia los más débiles, quizás porque los concibe como medio para justificar su búsqueda del poder y no porque realmente lo quiera y sienta con ellos sus necesidades. Los tíos así, si acaban en el gobierno, resultan un mal asunto para las personas, porque las ven: Como instrumentos (a todos), como enemigos a erradicar y silenciar (los que se le oponen)

Cuando se confunde todo esto es síntoma -querido o inconsciente- que en el trasfondo del pensamiento anida una tentación contraria al Estado de derecho, una pulsión totalitaria.

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