Pacto escolar, ya

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En nuestro actual sistema escolar hay muchas actitudes radicalesque templar. También existensindicatos yasociacionescon sus intereses específicos o su propia ideología. Así, es difícil conseguir un cambio profundo que es, exactamente, lo que necesita nuestro sistema educativo, tampoco se puedellegar a un pacto que tenga estabilidad.

Durante años, casi desde el inicio de la democracia, se han puesto en marcha cambios, cuyos resultados docentes en comparación con otros países de nuestro entorno nos han situado en el vagón de cola de la educación, por delante, por ahora, de países como Portugal, Grecia y Estonia. A pesar de que los cambios fueron profundos, eran experimentos con poca o ninguna solidez.Esto hecho no ha contribuido a crear el ambiente necesario en un centro de enseñanza, para desarrollar su labor. Todo ello, unido a considerar que la educación ‘en igualdad’ significaba renunciar a valores como el esfuerzo, el trabajo, la constancia, el respeto, etcétera,y en general a desarrollar la personalidad de los alumnos en un entorno de educativo en el que se busca la verdad científica, a la vez que es exigente y de trabajo

Este panorama, a la vez,sometía al profesorado a un desgate en su quehacer educativo, reduciendo su misión a transmitir conocimientos, sin apoyo ni por parte de los autoridades educativas, ni de los padres que en muchos casos han contribuido, en su afán proteccionista a deteriorar aún más su situación.

Ahora se plantea poner en práctica algunos puntos consensuados con grupos y hacer una inversión de 590 millones de euros para poner parches en un terreno donde lo que sobran son parches. No se mira la eficacia de la inversión sino hacer algo de cara a la galería. Me parece que nuestra situación económica no está para ‘cohetes’, debemos pensar muy bien en lo que se gasta el dinero.

La necesidad de conseguir un pacto educativo es algo perentorio, de las decisiones que se tomen ahora dependerá nuestro futuro económico y, sobre todo, la de los trabajadores que estánen un entorno cada vez más competitivo. Unas de las exigencias de los líderes de la UE a nuestro país ha sido precisamente la reforma de la educación, pues son conscientes de la importancia para el futuro de un país.

Seguir con un sistema educativo en el que los resultados de las distintas reformas han obtenido unos resultados tan pobres es, cuanto menos, preocupante.

Para tener un pacto hace falta que haya un programa bien definido, en el que desaparezcan los objetivos ideológicos, las intromisiones de la administración, de los sindicatos, de asociaciones y de tantos otros en temas que corresponden a los padres, se le dé el protagonismo a los actores fundamentales del sistema escolar: padres, profesores y alumnos. Hace falta, también, que se reconozca el derecho de los padres a la elección del centro, a educar a sus hijos a tenor de sus convicciones, a poder elegir formas de organización escolar más flexibles que no caigan en el ‘café para todos’ y en el ‘eso es lo que hay’. Además, hace falta que se aprovechen mejor los centros ya existentes de economía social, evitando inversiones cuantiosas cuando ya existe un centro con posibilidad de acoger el alumnado de la zona.

Los profesores tienen que recuperar su posición y esto es labor tanto de la Administración como de los padres. Hay que recuperar la eficacia de la tutoría como medio de apoyo al alumno y de coordinación con los padres, para tener unos objetivos comunes y sacar las mejores potencialidades del niño.

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