Palabras que dañarán a tus hijos

En “familias.com” aparecen diversos artículos a investigaciones de Miriam Aguirre, titulada en Educación Infantil. Miriam na…

En “familias.com” aparecen diversos artículos a investigaciones de Miriam Aguirre, titulada en Educación Infantil. Miriam nació en México D.F. y actualmente vive en Argentina. Me encanta encontrar gente que trabaja por el bien de los demás y es por ello por lo que la lectura y estudio de estos trabajos me han sido útiles para diseñar este artículo de importancia pedagógica, familiar y social fundamentalmente para todos aquellos que queremos que nuestros niños y nuestros jóvenes crezcan en un hábitat adecuado de respeto, tolerancia, sensatez, libertad, amor y cariño.

El desgaste del cada día, los sinsabores, las dificultades, el cansancio y la frustración que vienen con los problemas cotidianos pueden llegar a exasperarnos y hacernos decir cosas a nuestros hijos que realmente no sentimos.

Estas son algunas de las peores respuestas que podemos decirles a nuestros hijos, sean de la edad que sean, pero muy especialmente a los niños pequeños. Con los pequeños hay que tener un especial cuidado.

En todo caso, siempre con los pequeños o con los menos pequeños los efectos de esas palabras pueden ir más allá de lo que crees y de lo que tú o tus hijos pueden asumir. Por lo tanto, es aconsejable que nunca, por ningún motivo, salgan de nuestra boca palabras como éstas, que pueden originar una honda y profunda herida, muy difícil de curar e incluso una herida crónica que dure toda la vida.

También, en algún caso puede dar lugar a problemas psicológicos difíciles de resolver y que podrían necesitar aún la intervención de especialistas. En otros casos se puede crear una barrera entre padres e hijos tan fuerte y lamentable que sea irrecuperable.

Incluso en los casos más extremos se puede llegar al odio o a la frialdad más absoluta.

Por lo tanto, insisto, mucho cuidado, mejor es no dar el paso que tenerse que arrepentir toda la vida.

Aquí tenemos algunos ejemplos:

· "Eres gordo/feo/tonto". Los niños y los jóvenes en muchas circunstancias de su vida tienen complejos relacionados con esto, que pueden ocasionar diversos problemas; si además nosotros que somos sus padres, y se entiende que les tenemos cariño, ponemos la herida en la llaga, en donde más duele, puede ser muy traumático para ellos; por lo tanto es preferible siempre evitar estos adjetivos que no dejan de ser insultos, provengan de quien provengan.

· No haces nada más que crearme problemas”. Los niños y los jóvenes también tienen sus problemas y sus dificultades en la vida; si nosotros por otro lado insistimos por activa y por pasiva en los problemas que nos crean podemos abrir una herida o crear nuevos problemas. Por lo tanto hemos de tener cuidado con estos términos aparentemente inofensivos.

· "No puedes hacer nada, nunca haces nada bien". Seguro que esta afirmación no tiene fundamento real, pero a veces la usamos, y siempre indebidamente, pues con ella no conseguimos mejorar la situación y si podemos empeorarla lamentablemente pues como consecuencia el hijo puede adquirir complejo de inutilidad y de no servir para nada. Y se nos puede convertir realmente en un vago o en un inútil o en un inconformista rebelde.

· "Ojalá te parecieras más a tu hermano". Esta crítica mordaz puede originar una relación de envidia entre los hermanos que origine rencillas y enfrentamientos que quizás no lo hayan creado ellos, sino nuestras propias comparaciones, siempre evitables para mejorar la armonía y el cariño entre los hermanos en el hogar. Además los hijos son distintos unos a otros y no hay en ningún momento justificación, ni motivo para compararlos.

· Me das asco”. Por muy grave que sea la situación, no uses nunca esta palabra con tus hijos. Es tremenda y puede originar una relación irrecuperable o un mal ambiente en el hogar.

· "Me avergüenzas". Nuestros hijos cometerán travesuras pero no lo harán normalmente con maldad y aun si en algún caso lo hicieran debemos perdonarlos pues son una parte muy íntima y muy nuestra y por ello merecen, en cada una de sus acciones, nuestra comprensión y nuestro cariño.

· "Ojalá nunca hubieras nacido". Estas palabras pueden producir un efecto aterrador en nuestros hijos que cuentan siempre y por encima de todo con nuestro cariño y con nuestra ternura y que saben que les queremos. Siempre tendremos que dominarnos para evitar que puedan surgir de nuestra boca estas palabras especialmente dañinas y peligrosas para su sensible condición de hijos que quieren sentirse seguros y queridos.

· "Me tienes harta, ya no te quiero". Decirles a los hijos que no le queremos es un terrible error que unos padres no pueden cometer. Es cierto que los hijos a lo largo de su vida nos jugarán muchas malas pasadas pero el amor hacia ellos ha de prevalecer siempre en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestras palabras.

· Eres un niño no deseado". A veces se nos escapan comentarios ciertamente estúpidos y que indican la falta de sensibilidad hacia la vida y más concreto hacia la vida de nuestros hijos. “Este vino de penalti” o “Este fue un despiste” o “Este vino con la menopausia” estos comentarios son estériles, dañinos e incluso pueden llegar a ser crueles y afectar gravemente la psicología de nuestros hijos, que siempre pensarán -o querrán pensar- que vinieron al mundo por el amor de sus padres. Nunca debemos privarle de esa dicha.

· Te desprecio". El desprecio tiene una fuerte carga emocional y nunca lo debemos usar con nuestros hijos, aunque estemos sobresaturados de problemas y ellos nos traigan más aún. La cautela, la prudencia, el dominio son muy importantes a la hora de hablar con ellos. Ellos no son objetos, son seres humanos sensibles que necesitan nuestro amor, nuestro esfuerzo y nuestras cualidades para que lleguen a ser personas.

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