Pannenberg, un gran teólogo de la historia

Ha muerto un gran teólogo protestante cuya aportación merece ser destacada. Se trata de Wolfhart Pannenberg, que situó como pieza…

Ha muerto un gran teólogo protestante cuya aportación merece ser destacada. Se trata de Wolfhart Pannenberg, que situó como pieza central de su Teología la importancia de la historia en el estudio de la revelación y del contexto religioso de la humanidad. La relevancia teológica de Pannenberg, que le constituye en una de las cumbres de la teología del siglo XX, se levanta sobre la centralidad que otorga a la historia y a la razón como vías para poner de relieve la verdad del cristianismo, sus pretensiones de validez universal frente a otras concepciones del mundo y frente a otras religiones. De este modo, Pannenberg pretende recoger el desafío planteado por la Ilustración.

Él es uno de los autores que con mayor decisión se consagra a afrontar los desafíos de la Ilustración. Ciertamente, denuncia los estrechamientos y las unilateralidades de la razón moderna, pero también recoge las interpelaciones que de ella proceden: el espíritu crítico, el pluralismo de concepciones del mundo, la exigencia de cientificidad de la fe, la necesidad de legitimar y de justificar en el foro de la razón y del debate intelectual las pretensiones de la revelación cristiana. Ni acepta acríticamente la Modernidad, como han hecho demasiados teólogos, ni la rechaza frontalmente, sino que busca darle respuesta en su propio terreno, el de la razonabilidad cristiana, y esto lo hace con la ayuda de Hegel, un autor al que considera injustamente tratado por la Teología.

Pannenberg enfatiza la centralidad de la cuestión de Dios para la Teología. No cree que se pueda sustituir el discurso sobre Dios por uno sobre, por ejemplo, Jesús, o el ser humano y su acción; no comparte las ambigüedades de una teología secular. Cada acontecimiento y la totalidad de la realidad deberían ser vistos a la luz de Dios. La verdad de este Dios está decidida en cuanto “es capaz de iluminar la problemática de nuestra vida actual, la realidad en que vivimos. En este proceso, el Dios experimentado por Israel y la Iglesia permanece como el marco decisivo de referencia". Además de la Biblia, la tradición de la Iglesia es importante para su Teología. Busca establecer la verdad del concepto de Dios en relación con las exigencias de la racionalidad crítica: “Nunca podía entender -dice él- el argumento de que la fe estaba en peligro si estaba de acuerdo con el juicio de la razón verdadera. Más bien sospecho que el peligro real para la fe esté al acecho en su alejamiento de la racionalidad”.

La Teología en su sentido más amplio es para Pannenberg “la ciencia de Dios”, y no “la ciencia de fe” ni “la ciencia de la iglesia”. La pretensión de Pannenberg, más acertada o menos según las cuestiones, como sucede con toda Teología, es muy sana. Persigue que salga de su retiro protegido por una autoridad intocable por la razón, que entre en la discusión pública en un nivel de igualdad con las otras ciencias y pruebe la racionalidad de su fe.

Leer a Pannenberg, quien no lo haya hecho, o profundizar sobre él para quienes lo conozcan es sin duda una buena acción, ahora que nos ha dejado, para conocer finalmente la tan ansiada realidad de Dios.

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