Papa Francisco, ¿hasta cuándo te tratarán así?

Nos sentimos encantados con el Papa Francisco. Nos alegran los numerosos gestos que muestran su humildad y amor a las personas, sus llamadas en favor …

Nos sentimos encantados con el Papa Francisco. Nos alegran los numerosos gestos que muestran su humildad y amor a las personas, sus llamadas en favor de los pobres y desfavorecidos, su sencillez y bonhomía, su estilo directo y adecuado para con todos aquellos con los que se relaciona, su capacidad de comunicar, el deseo de una Iglesia pobre… y tantos aspectos positivos más que vemos o leemos todos los días en los medios de comunicación.

No goza solo del beneplácito de los medios y personas que pueden considerarse “afines”. La recepción del nuevo Pontífice ha sido extraordinariamente entusiasta también en sectores no creyentes e incluso entre los que de forma sistemática son contrarios al Catolicismo y a todo cuanto representa la Iglesia. En negativo sólo el pequeño incidente que la Santa Sede cerró de un plumazo del intento de hacerle cómplice de la dictadura argentina. El resto, por parte de miles y miles de personas y medios de comunicación, todo son parabienes.
Nada que ver con la hostilidad con que gran parte de la opinión pública, los núcleos anticristianos, los sectores “progres” de la Iglesia y otros recibieron a su predecesor, Benedicto XVI, a quien desde el primer momento hostigaron y al que a lo largo de sus casi ocho años de Pontificado no pocos pretendieron martirizar, también desde dentro de la Iglesia. Aunque la hostilidad inicial no era tan alta como contra Benedicto XVI, tampoco Juan Pablo II gozó de tan excelente recepción.
Es probable que la renuncia de Benedicto XVI creando una situación inédita en la Iglesia haya contribuido a toda esta atmósfera de recibir con palmas al nuevo Pontífice. Además, Francisco se ha ganado a muchos en tan pocos días.
A cualquier católico que intente ser coherente, que ame al Papa como una de las grandes pasiones por ver en él a Cristo en la tierra, nos encanta que el Papa sea bien tratado, que le reconozcan, que millones de personas le admiren y que su doctrina y gestos quizás camino hacia la conversión personal. Sea quien sea el Santo Padre, estamos a su servicio, nos alegramos con él, rezamos por sus intenciones. Por ello nos satisface el trato deferente que recibe el recién elegido Francisco.
No puedo negar a los lectores que determinadas informaciones encomiásticas que veo o leo me producen un cierto sudor frío. Como peino canas, y pocas, y he vivido varios pontificados, observado de manera asidua como un buen número de ciudadanos y de periodistas han tratado de forma habitual al Papa o a los obispos, he visto el encarnizamiento por casos tan dramáticos y execrables como el de la pederastia pero no con el objetivo de resolver el problema sino de destruir la Iglesia, sabemos de personas cristianas a quienes se ha hostigado de manera persistente por su condición de cristianos o simplemente por decir que lo de los gay no es “matrimonio”, tenemos constancia de grupos que hacen de la Iglesia el objeto permanente de su hostilidad, me pregunto cuánto tiempo durará esta apacible situación del papa Francisco.
Uno tiene la sensación de que estamos en una moratoria que no son los 100 días que suele darse a un nuevo gobierno, porque también en esto, como ha dicho Francisco, los esquemas de la política no son aplicables a la Iglesia.
El Papa Francisco, en la reunión con el Cuerpo Diplomático del día 21 de marzo, ya hizo una referencia a la “dictadura del relativismo” en los países del mundo desarrollado, adoptando la terminología que acuñó el Papa Ratzinger y expresando ideas similares a las expuestas por Juan Pablo II. Es probable que no haya gustado a todos.
No pasará mucho tiempo sin que el Papa haga alguna referencia al aborto. Que nadie piense que cambiará el criterio de sus antecesores. Y lo mismo sobre la consideración de “matrimonio” para las parejas homosexuales, o del valor del celibato, por poner algunos ejemplos.
Hoy los ataques a la Iglesia no derivan del “Filioque”, o de grandes debates doctrinales. Surgen de estos temas que impregnan una sociedad que ha perdido el sentido de la verdad y trasladado buena parte de las exigencias de supuestos derechos de las personas a la mitad inferior del cuerpo sin referirlo a la totalidad del ser humano.
Se mejorarán muchas cosas, se harán gestos de mayor pobreza o al menos de mostrarla mejor, es más que probable que el Papa haya limpieza en la Curia y en otros campos, pero los aspectos básicos de la doctrina y de la moral serán los de siempre. Y cómo es en estos últimos donde está el campo de batalla, me temo que no durará mucho tiempo la moratoria al Papa Francisco.
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