Partido Popular: ¿Dónde está el límite?

El diario EL MUNDO ha iniciado su “cruzada” para establecer la “nueva política” del Partido Popular, que básicamente se reduce a un tema: Debe votar a…

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El diario EL MUNDO ha iniciado su “cruzada” para establecer la “nueva política” del Partido Popular, que básicamente se reduce a un tema: Debe votar a favor de que los homosexuales puedan contraer matrimonio y que tengan, por tanto, pleno derecho a la adopción, tanto en este supuesto como en todos aquellos otros en los que no rija la fórmula matrimonial. En su campaña, EL MUNDO se atreve a titular en primera página: “La Iglesia ve bien que las parejas homosexuales de Mallorca adopten niños de forma temporal”. Es evidente que este título falsea de una forma absoluta la realidad. En todo caso, podrían haber dicho que tal o cual párroco lo veía bien, pero entonces ya no era posible marcar con esta frase la portada.

De todas formas, no nos interesa tanto el diario EL MUNDO, que incurre en prácticas que, por desgracia, son comunes a otros grandes periódicos, sino sobre todo las posiciones que pueda adoptar el Partido Popular. Es un dato claro de la sociología electoral que la mayoría de católicos, sobre todo aquellos que se consideran practicantes, votan al PP. De hecho, existe un voto cautivo en este sentido porque esta fuerza política y, en gran medida, los votantes consideran que no existe otra opción posible (otra cosa es la situación en comunidades donde exista un multipartidismo más acusado como Cataluña o incluso el País Vasco), porque su voto al PSOE o a Izquierda Unida está descartado de antemano.

Bajo este supuesto, el Partido Popular podría tener la tentación de realizar una política contraria a los intereses de este gran grupo electoral, en la confianza de que mantendría igualmente este electorado. Será un grave error, como el que ya cometió Convergencia i Unió (CIU) en Cataluña y que le valió la abstención diferencial, es decir los votantes descontentos que no cambian de partido pero que sencillamente se quedan en casa. No fue ésta la única causa de la caída de la federación nacionalista catalana, pero contribuyó de manera decisiva a ella, un hecho que ya se vio reflejado en las últimas elecciones europeas, cuando se promovió una polémica precisamente en este sentido a causa de las características del cabeza de lista, que políticamente siempre había destacado, en su papel anterior de diputado en el Congreso, por su animadversión hacia cualquier cuestión que figurase en la agenda católica.

Si el Partido Popular adopta una posición política en temas fundamentales como el matrimonio gay y la adopción por parte de los homosexuales, la utilización indiscriminada de embriones como material de investigación o la reducción del divorcio a una mera formalidad, estará cometiendo un error en dos dimensiones. La primera es que todo esto le conducirá a la abstención de una parte importante de un electorado que cada vez es más consciente de lo que quiere y espera de los partidos que apoya. En segundo lugar, corre el riesgo de que finalmente la eterna tentación de que se constituya un partido que refleje mejor estas posiciones acabe cristalizando. Si el Partido Popular quiere abrirse a otros sectores, lo que debe hacer es arrinconar sus planteamientos ultraliberales (que todavía los tiene), dotar a su política de un mayor contenido social (del que carece en buena medida), abrirse a soluciones realmente efectivas para luchar contra la pobreza y la marginación, aportar ante la inmigración una respuesta que sea al mismo tiempo eficaz y humana y ver la política internacional y la europea desde una actitud solidaria.

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