Partidos, política y católicos

Son tiempos convulsos para la política, los cambios se suceden muy deprisa y parece que lo que ayer funcionaba hoy ha quedado obsoleto. En este…

Son tiempos convulsos para la política, los cambios se suceden muy deprisa y parece que lo que ayer funcionaba hoy ha quedado obsoleto. En este artículo voy a referirme en concreto al panorama político. Un panorama bipartidista. Ahora bien, parece que este va resquebrajándose poco a poco, la última y muy importante grieta apareció el pasado 25 de mayo.

Los dos partidos más importantes de España, PP y PSOE, llevan una tónica parecida, la pérdida de millones de votos, pero no son los únicos, igualmente otros partidos como son CIU y PNB y hasta Izquierda Unida, que sube su intención de voto pero ni mucho menos aglutina lo que pierden los socialistas, nos muestran un escenario donde parece que los partidos “tradicionales” pierden peso; el statuo quo, el sistema surgido de la transición parece que ya no vende.
Desde mi perspectiva es normal que este hecho ocurra. Vivimos aún en una gravísima crisis económica, que si es cierto que macroeconómicamente parece que España mejora, estos efectos no se vislumbran en la economía real. Un 25% de paro y más de un 50% de paro juvenil son la definición de un país fracasado. Vivimos en un sistema injusto, donde cada día son más las desigualdades; paralelamente cada día salen nuevos casos de corrupción protagonizados por estos partidos del establishment. ¿Y la gente qué quieren que piense? Mientras el “pueblo” no puede llegar a fin de mes ven como sus representantes son incapaces de llegar a acuerdos de consenso para salir de la terrible situación en la que nos encontramos. No sería extraño que el reproche social fuera en aumento.
La última muestra de esta protesta generalizada ha sido la puesta en escena de Podemos, partido capitaneado por un hombre listo, excelente orador y que sabe utilizar los medios a su antojo, este es Pablo Iglesias, quien parece haber unido bajo su persona a gran parte de este descontento social. En este artículo no voy a entrar a valorar sus planteamientos, pero dejando a un lado sus propuestas económicas, Podemos es un partido más, dentro de lo conocido como lo políticamente correcto, es decir, favorable al aborto y a la ideología de género.
Viendo el panorama político actual, mi pregunta es, y un católico, ¿a quién vota? O más bien dicho, ¿realmente existe un partido basado en el humanismo cristiano que sea atrayente para este conjunto de la sociedad que se siente defraudado con sus políticos?
Por desgracia creo que mi respuesta es negativa. Veo contradictorio el hecho que muchas veces se asemeje católico a partidos conservadores o liberales. Sin duda debe de existir esta opción, pero no puede ser la única e incluso me atrevería a decir ni la mayoritaria.
Pienso que España necesita una opción realmente socialcristiana, basada en la Doctrina Social de la Iglesia y por lo tanto que crea en la justicia social. Creo ciegamente que el mensaje que nos da la Iglesia es aquel que eleva por encima de cualquier estadio la dignidad de la persona. Entonces es esencial, que como la propia Iglesia predica y practica, exista una opción política de inspiración cristiana que realmente atraiga a esta mayoría humilde de la población y que recíprocamente este partido base todos sus esfuerzos en que a ninguna persona se le viole su dignidad, tanto material como espiritual.
Sin la existencia de una opción política con estas características, en España, la mayoría de personas que les cuesta llegar a fin de mes, la mayoría de jóvenes, continuaran votando propuestas que destruyen el sentido de la familia, de la antropología humana y hasta del elemento espiritual de la persona. Así pues, o se reacciona o será normal y justo que este cambio acabe estando protagonizado por partidos como Podemos, pues ellos habrán sido los únicos que habrán tratado con estos sectores de la sociedad.
Este hecho me parece tremendamente injusto, tanto hacia la propia Iglesia, que tanto hace para los humildes, pero que luego este testimonio no es cogido por los políticos cristianos, como para la mayoría de la sociedad pues pierden la oportunidad de poder conocer un mensaje de una profundísima belleza pero a la vez de una gran coherencia porque como dijo el padre del humanismo cristiano, el francés Jacques Maritain: "Una sola idea, si está bien, nos ahorra el trabajo de una infinidad de experiencias”.
Conclusión, hoy en España desde mi humilde opinión, no existe nada parecido y creo que existe la necesidad real de una opción política de inspiración cristiana del “pueblo” y para el “pueblo”.
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