Pascua de Resurreción: las víctimas nos salvan

Europa y Norteamérica agudizan su imaginación para ahorrarnos el desagradable espectáculo de ver llegar a nuestras fronteras a la…

Europa y Norteamérica agudizan su imaginación para ahorrarnos el desagradable espectáculo de ver llegar a nuestras fronteras a las miles de víctimas que dejan su dignidad, su integridad, su esperanza, y a veces sus vidas en el intento de participar en el reparto de lo que la Madre Naturaleza nos ofrece con generosidad, que es lo que las potencias, especialmente europeas y norteamericanas, a falta de un mínimo escrúpulo, se apoderan avasallando, destrozando, arruinando, matando.

Últimamente se están llevando nuestras gordas fronteras a las famélicas fronteras de los países exportadores de emigración. Se les ofrece fragatas, con órdenes serias de utilizarlas contra los de su gente que, tengan la mala idea de venir al Primer Mundo. Nunca se les ha ocurrido, por ejemplo, llevar tecnología y ayuda para construir, en esos países, flotas pesqueras que den trabajo y vida a sus gentes. Pero el Primer Mundo sabe negociar la manera de llevarse sus peces. Qué lejos estamos de la tan manida frase: “enséñales a pescar”. Les robamos su pescado con contratos forzados, impuestos.

Y como la historia la escriben los verdugos, aunque sean de guante blanco – los que controlan los medios de comunicación, las finanzas, la política, la religión, ellos, las victimas: los emigrantes; los 20.000 niños que mueren diariamente a consecuencia de la mala alimentación, al igual que otros 80.000 adultos con el mismo historial de los niños mencionados; los millones de niños y mujeres vendidos para la lucrativa prostitución. Y los casi 1.000 millones a los que obligamos a una dieta de hambre. . . todos ellos, todas esas víctimas siguen siendo los malos, nuestra ruina y nosotros los buenos, los generosos, a pesar de la crisis.

En la humanidad ha habido gente soñadora: Martin Luther King, Gandhi, Jesús, entre muchos de ellos. Como en el caso de estos 3, también muchos de ellos han sido víctimas.

Jesús revivió la experiencia humana, tergiversándola, desde las raíces de su inhumanidad. Asimilo en su carne y espíritu el odio, la mentira, la falsedad, el abandono, la oscura soledad, la incomprensión, la ansiedad, la angustia de muerte, hasta el punto de sudar sangre, la burla, la tortura y una muerte horrenda, experimentando como esta avanzaba a medida que perdía su sangre. Como cualquier animal degollado. Y a este desgarro físico, se añadió el espiritual, síquico, al ver que el mismo Dios le había abandonado. “Por que me has abandonado” que, en aquella situación, suena más a un grito de protesta, de desesperación que a un reproche filial. Del desamor llego al amor. No hay mayor amor que el de dar la vida por aquellos que amas, dice Jesús.

Su estilo de vida: dignifico a la prostituta, a la adultera, a la viuda, los leprosos, trajo la Buena Nueva a los pobres; vino a liberar a los cautivos, llamo “zorro” al político de turno y “raza de víboras”, “hipócritas” a los jefes religiosos. . . le hizo victima de los poderes de la época y por 30 monedas compraron los crueles acontecimientos de aquel jueves y viernes que, comenzando por lavar los pies a sus discípulos, solo acabaron, cuando por fin, su cuerpo agotado descansó entregando su espíritu.

Y es esa muerte, fruto de la vida de la victima Jesús que, Dios salva al resucitarlo. En la resurrección de Jesús no celebramos tanto su victoria sobre la muerte, sino la justicia de Dios, tomando la parte de la victima contra los verdugos. Y lo que ocurrió con la victima Jesús, ocurre con las victimas de hoy; son ellas las que resucitan con el derecho que les da la Justicia, el Juicio y Amor de Dios Padre, dirigido a estar con los humillados.

Si el único valor de la muerte de Jesús estuviera en función de la resurrección, Jesús podía haber muerto de manera mucho más natural. Si eligió ese tipo de vida-muerte, debe de ser porque que en ellos hay “un valor añadido”, que es lo que da sentido a su paso entre nosotros. En ello va implicado el nuevo modelo de humanidad, de persona que Dios, hecho Jesús, quiso instaurar. Los bucólicos paseos de Dios en el Paraíso con Adam y Eva han dado lugar a los 33 años de Dios viviendo la condición humana desde lo más inhumano para salvarlo, una vez asimilado por El, hecho víctima, y salvarnos por los que aun siguen viviendo su experiencia de víctima.

Y si nosotros resucitamos un día, posiblemente sea gracias al derecho de las víctimas y no al nuestro. Las víctimas, por mucho que las matemos, nos siguen salvando.

Se critica a la religión de abusar de la ignorancia de las víctimas, negándoseles todo tipo de participación social y pidiéndoles que sufran con paciencia todas las injusticias a las que son sometidos, dado que, al final Dios les recompensara con el cielo. Si las iglesias pedimos esa paciencia de las víctimas, sin conectar con ellas, con frías caridades, la crítica es justa. Jesús se enfrento al sufrimiento y el dolor, causados por la injustica. Se hizo sufrimiento, dolor. Estos antivalores fueron carne de su carne.

Una madre, un padre viendo como algunos de sus hijos abusan, roban, maltratan a otros de sus hijos, difícilmente pedirán a estos que tengan paciencia con sus hermanos. Tomaran partido a favor de las víctimas y en contra de los verdugos.

Viendo a las victimas ignoradas por todos, incluso por el poder religioso, Dios “invento” la resurrección para ellas.

Con pocos escrúpulos, y menos conocimientos, utilizamos frases como “los pobres nos salvan”. A veces las utilizamos para hermosear argumentos en nuestra entrega a la causa de los pobres. Y las utilizamos con tan poca empatía, tan poco compromiso personal, que resultan blasfemas. Hieren el corazón de Dios.

Feliz Pascua de Resurrección.

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