Patxi López y la desaparición de la cruz

El nuevo presidente del gobierno vasco, Patxi López, tomó dos decisiones relacionadas con el simbolismo de su toma de posesión. E…

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El nuevo presidente del gobierno vasco, Patxi López, tomó dos decisiones relacionadas con el simbolismo de su toma de posesión. El primero de ellos fuela supresión de la cruz y la primera Biblia vasca, que había en la mesa donde se pronunciaba el juramento, substituidos por la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Por otra parte, también alteró las palabras que desde el primer gobierno vasco, antes de la guerra civil, pronunciaba el nuevo lehendakari. Del texto tradicional desapareció la expresión “ante Dios humillado”; y también hizo otro cambio, sustituyó “ante vosotros representantes del pueblo”, por el “ante vosotros representantes de la ciudadanía vasca”.

Este hecho merece mayor atención que la simplemente anecdótica, y tiene diversos niveles de lectura.

Uno de ellos es el del valor de la tradición. Es decir, el aceptar o no un determinado significado en el hecho de transmitir unos símbolos de una generación a otra. El respeto a la tradición puede tener dos motivos en nada antagónicos. Uno, la asunción plena del contenido de esa tradición. Y otro, la aceptación de lo transmitido no tanto por sentirse plenamente identificado con la narración en si misma, como por el valor comunitario de construcción de una identidad que posee. Es el caso de aquellos no creyentes que hacen el Belén por Navidad. La actitud de Patxi López representa la liquidación de este segundo sentido, por el cual Dios de diversas maneras se hacía presente en cada origen de la renovada institucionalización del gobierno vasco.

Patxi López, supongo, debe ser no creyente pero esto en ningún caso explica por sí mismo la liquidación total que ha practicado. Podía considerar por ejemplo que la expresión “humillarse ante Dios,” le era inasumible, pero ¿por qué retirar la cruz, que se sigue utilizando en las promesas de los ministros españoles? Es un símbolo de una cultura que nos une, además de una fe que es practicada por una buena parte de la población. Parece como si el vacío llenara algo. Se puede decir, y es justificado hacerlo, que no existe tal, sino que están presentes los dos textos, la Constitución y el Estatuto, y ellos se bastan y sobran para llenar de sentido. Esto es exacto, pero hay que añadir para completar el hecho que haciéndose de esta manera la lectura simbólica es que la Constitución y el Estatuto expulsan toda posibilidad de una referencia al hecho cristiano. En el caso de la Biblia en lengua vasca, existe además otra cuestión, la cultural. Es el encuentro entre una lengua particular y una cultura universal realizada en el pasado.

Los medios de comunicación, el Partido Popular, siempre atento a determinadas críticas sobre el socialismo, han aceptado con inusitada generosidad este gesto del nuevo lehendakari. El significado de esta actitud es el siguiente: consideran que esta exclusión cultural y religiosa tiene menos importancia que otras cuestiones que avalan el apoyo de estos medios y del PP al presidente López. No se trata naturalmente de romper nada, sino simplemente de señalar el punto y aparte del por qué esto no se ve bien.

Pero es que en el fondo quizás se vea bien, porque la lectura que se haga no sea tanto la que tiene sino que esto era una tradición ‘nacionalista’. Cuando se piensa en estos términos y creo que hay mucha gente que lo hace, evidentemente también en el seno de la Iglesia, se está cometiendo un error, porque una vez más se supedita la importancia de lo religioso a criterios políticos. ¿Los católicos españoles somos católicos por ser españoles o lo somos por ser seguidores de Jesucristo? No se trata que una y otra concepción sean antagónicas, faltaría más. Lo repito para que no haya lugar a malos entendidos: no se trata de conceptos contrapuestos, pero tampoco de supeditaciones.

No es un hecho menor la existencia de estos dos datos. El primero surge de las encuestas. A pesar de que España está económicamente quebrada, con un futuro increíblemente oscuro, con un gobierno sin capacidad de respuesta que además engaña sistemáticamente, el PP apenas sí consigue despegarse del PSOE. Algo profundo falla en todo esto. La segunda consideración se refiere a otro hecho político, lo que ha surgido como testimonio con representación parlamentaria ante el actual mapa político ha sido Rosa Díez, que en el plano en el que estamos hablando y en el que se relaciona con la condición antropológica del ser humano no se diferencia en nada del PSOE; asume sus mismas propuestas, desde el matrimonio homosexual, la investigación con embriones, el aborto y todo lo que quieran. La única diferencia es que las envuelve con la bandera española. No ha surgido nada de este tipo desde el ámbito de la cultura cristiana, ni tan siquiera de los valores que inspira.

Todo eso que comento, y más en el ámbito de la Iglesia, es materia resbaladiza y soy muy consciente de ello, pero creo que hay que señalarlo porque sería reiterar un error muy grave justificar o rechazar determinadas posiciones contrarias al hecho religioso y a la Iglesia Católica en razón de si están más o menos revestidas de sentido de españolidad.

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