Paul Claudel: mucho se le perdonará

Pocos dudan que Claudel escribió bien. Pero muchos lo cuestionan por sus posiciones políticas y lo acusan de misoginia e islamofobia

Quizá Paul Claudel sea uno de los dos mejores dramaturgos del s. XX, junto con Bertolt Brecht. Jacques Lacan afirmó que su teatro expresa una visión trágica que supera a la de los antiguos griegos. Acerca de Claudel, un famoso poeta inglés escribió un díptico que podría traducirse así: “El mundo lo perdonará porque escribió muy bien.”

Pocos dudan que Claudel escribió bien. Pero muchos lo cuestionan por sus posiciones políticas y lo acusan de misoginia e islamofobia. En realidad, le cuestionan que fue católico: un revoltijo de contradicciones que en el fondo del corazón tenía una certeza que casi es una duda.

Como Wagner en la música, en literatura Claudel es un progresista reaccionario. Rompió radicalmente con las convenciones del teatro y la poesía. Sin preocuparse por la métrica formal, tomó el Salterio como modelo de sus versos de longitud indeterminado, embriagantes por el ritmo y las imágenes. Sus obras de teatro eran desmesuradas, y exigían tanto de actores y técnicos que durante largos años se quedaron arrumbadas.

Como no podía vivir de escribir con las barbaridades que escribía, Claudel vivió de su trabajo como diplomático. Ingresó al servicio exterior casi a regañadientes, porque tenía facilidad para las lenguas orientales. Cónsul de Francia en Boston y en China, embajador en Japón, pudo ser independiente del gusto de los editores y del público. Su trabajo también hizo que el escenario de su teatro fuera el orbe entero, desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Claudel tenía 18 años cuando la poesía y la fe le entraron por el oído. En la Nochebuena de 1886 fue a Notre Dame, en París, a realizar los “ejercicios decadentes”, unos rituales a los cuales eran afectos los poetas simbolistas. En el coro de la catedral cantaban el Magnificat. Ocurrió el misterio de la conversión: en ese instante, Claudel, sin esperárselo, empezó a creer.

En 1900 vivió una profunda crisis emocional y religiosa. Entre dos puestos adscripción, quiso entrar como monje a un monasterio benedictino. Fue rechazado. Abordó el barco que lo llevaba a su nuevo cargo y ahí comenzó un intenso romance con la esposa de un atribulado hombre de negocios. El romance duró cuatro años. La presencia de esta amante se puede percibir en las soprendentes Cinq Grandes Odes, terminadas en 1907, y en la obra de teatro Partage de Midi, que data de 1905 pero fue estrenada 1948, representa el comienzo del romance con franqueza alarmante.

Paul Claudel murió en 1955, a los 86 años de edad. Hacia el final de su vida, se regodeó en su posición de Gran Católico Viejo de la literatura francesa. Su poesía, a la vez piadosa y erótica, era ampliamente leída. Sus obras de teatro, casi imposibles de montar, comenzaron a estrenarse. Al día de hoy, la República Laica Francesa no sabe bien qué hacer con este escritor prodigioso. Acaso algún día la Hija Predilecta de la Iglesia le pueda perdonar su fe.

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