Pederastia e Iglesia: la exigencia de justicia

La ofensiva desencadenada contra la Iglesia y el papado con motivo de los casos de pederastia es radicalmente injusta, no porque no existan tales caso…

Forum Libertas

La ofensiva desencadenada contra la Iglesia y el papado con motivo de los casos de pederastia es radicalmente injusta, no porque no existan tales casos, ni porque no se hayan producido casos de encubrimiento, sino por la forma desmesurada con que son presentados, y, para ello, se recurre a la manipulación de los datos cuando no a la mentira pura y dura, y también a la falta de reconocimiento de todo lo que viene haciendo la Iglesia desde hace más de 15 años.

Los periódicos como El País o El Periódico, y televisiones como TV3, la Cuatro o la Sexta, siguen repitiendo en sus editoriales argumentos que sólo tendrían sentido si la Iglesia se hubiera estado mirando el ombligo durante todo este tiempo, cosa que es radicalmente falsa. Las primeras dimisiones de obispos se produjeron en el año 95, y antes que ello se ha dado todo un continuado proceso de medidas de carácter legal en el seno de la Iglesia. Tan o más importantes que ellas han sido las declaraciones y compromisos del Papa. La última y más contundente, en su carta a los católicos de Irlanda.

La cosa es clara, la posición de la Iglesia es esta: Nadie que haya cometido un daño puede encontrar refugio en ella si previamente no se somete a la justicia, se arrepiente y repara en lo posible el mal causado.

Hay omisiones clamorosas. En el caso de EEUU, el país donde la agresión es más dura y persistente puesto que comenzó hace una quincena de años, se omite cuidadosamente lo que la evidencia de los datosmuestran. Primero, la inmensa mayoría son hechos antiguos que se remontan a los años 50 y sobre todo 60 y 70. Afectan a sacerdotes ancianos. Segundo, en la inmensa mayoría de casos no se trata de pedofilia sino de relaciones homosexuales que mantuvieron sacerdotes de esta condición con jóvenes y adolescentes, porque, recordémoslo, a diferencia de España, en EEUU la edad de emancipación sexual se sitúa en los 18 años y en algunos casos los 16. Si tienen por debajo de esta edad la denuncia es tratada como un caso de agresión pederasta.

Los datos concretos siempre ayudan a enmarcar las cosas. Desde 1940 hasta ahora, las denuncias, que no delitos, de pederastia que afectan a sacerdotes y religiosos significan como mucho el 0,2% de los chicos y chicas que guardan relación con ellos. El grupo más numeroso, el que se encuentra en escuelas y hospitales, más de 3 millones, y luego los que participan en actividades parroquiales, deportivas, los que son objeto de asistencia social. Para situar el marco de referencia, digamos que el estudio de 2004 del Departamento de educación de EEUU señaló que entre el 3,5% y el 6% de los alumnos habían sufrido algún tipo de abuso sexual. En otras palabras, un chico o una chica en una escuela laica estadounidense tiene entre 17 y 30 veces más posibilidades de sufrir algún intento de abuso. Esta es la realidad.

En la Iglesia existe el pecado, pero la evidencia muestra que, como era lógico esperar, su proporción es extraordinariamente menor que en el conjunto de la sociedad. Esto no puede significar justificar el daño cometido, ni repararlo, pero sí justifica afirmar que el bastión contra la pederastia no es la sociedad sino la Iglesia.

Y algo parecido se puede decir de las acusaciones de ocultación. El número de obispos que hasta ahora han sido considerados como responsables de algún tipo de encubrimiento, y nos remontamos a todos los casos habidos desde 1955, por hechos ocurridos desde los años 40 del siglo pasado, representan entre un 0,08% y un 0,11% de los obispos que ha tenido la Iglesia a lo largo de este periodo. Supongamos que salen más casos de encubrimiento; vayamos a máximos y doblemos las cifras. ¿Qué resultado tendremos? La misma insignificancia. Respetar y explicar todo esto también es hacer justicia.

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