Película La Natividad: ¿qué hacer con una psique virginal y con un parto virginal?

Estas Navidades hay película bíblica en los cines: The Nativity (La Natividad) una historia que se centra en la joven María hasta el nacimiento de Jes…

Estas Navidades hay película bíblica en los cines: The Nativity (La Natividad) una historia que se centra en la joven María hasta el nacimiento de Jesús.

Admitámoslo: María es un rompecabezas para cualquier artista.

Por su psicología. Y por aspectos físicos como la concepción y el parto virginal.

Jesús también es un rompecabezas para un artista, pero de Jesús tenemos muchas palabras y obras. Jesús salta por sí mismo de las manos del artista para no dejarse encajonar en un estereotipo. A veces tierno, a veces duro; fuerte con los fuertes y atento con los débiles, llorando por Lázaro o tirando las mesas de los cambistas, su personalidad es rotunda y humana. Hay ahí mucho material para un pintor, cantante o cineasta.

María es un reto más difícil. La Biblia no habla mucho de ella. Lo más fácil es estereotiparla, tratarla simbólicamente: convertirla en La Madre, o La Purísima (un símbolo de pureza), o La Reina, o La Mujer Vestida de Sol del Apocalipsis… María es sin duda todo esto, pero es difícil expresar estas facetas sin deshumanizarla, sin olvidar que era también una muchacha judía de pueblo.

Y está el riesgo opuesto: centrarse en su dimensión cotidiana, su humanidad de muchacha de campo que amasa el pan, sin lograr profundizar en que su cotidianidad no se parece a ninguna otra.

Estamos hablando de una mujer única. Desde la visión católica es la Kejaritomene, la Llena de Gracia, tan llena que no queda en ella ni un resquicio para el pecado.

María ni cometió ningún pecado ni jamás experimentó tendencia alguna a pecar (carecía de esa tendencia interna al mal que llamamos “pecado original”). ¿Conoce usted alguien así? (Sólo a Jesús, al cual conocemos en diversas vicisitudes, algunas domésticas y otras sociales). ¿Cómo expresar esta radical falta de pecado artísticamente y ser al mismo tiempo realista y verosímil?

Para el padre Angelo Mary Geiger, de los Franciscanos de la Inmaculada en los Estados Unidos, la película de Catherine Hardwicke que se ha estrenado esta Navidad, aunque es respetuosa, piadosa y tiene muchos puntos buenos, “protestantiza a María” y es “un golpe virtual contra la mariología católica”.

Catherine Harwicke es de familia protestante practicante. Ella cree, aunque no va a la iglesia. Sus dos películas anteriores se han centrado en temas de adolescentes problemáticas. Y parece que por eso ha apostado por una María “conflictiva”.

"A María, en la película La Natividad, le falta profundidad, altura, y se convierte en un tratado de psicología adolescente”, dice el padre Geiger.

La propia directora explica sus intenciones. No están mal si uno piensa –como muchos protestantes- que María era buena chica, devota, sencilla y obediente a Dios en su milagroso embarazo. Pero quizá insuficiente si María es una muchacha que no peca, que no peca nunca porque la Gracia de Dios la llena absolutamente.

“La queríamos hacer accesible a adolescentes jóvenes, que no les pareciera tan lejana a la vida que no significase nada para ellos. Quería que la viesen desde el principio como una chica, una adolescente, no perfectamente piadosa desde el primer momento. Así que vemos a María con sus padres cuando dicen “Te vas a casar con este tipo y estas son las reglas que has de seguir”. Su padre le está diciendo que no ha de tener relaciones sexuales con José durante un año, y José está allí mismo de pie.”

Podía ser una situación embarazosa, claro, o no serlo. José podía no estar allí. Era otra cultura.

La directora quiere mostrar a una María con personalidad propia, con incertidumbres… y con cierto grado de rebellion ante sus padres, ante un matrimonio concertado. Todo bastante pausible pero ¿es este grado de rebelión –moderado, emocional, adolescente, pero rebelde- creíble en la época y en la mujer especialísima de que hablamos?

“Es bastante desconcertante ver a Nuestra Madre en una actitud de autoafirmación, en una rebelión bastante anacrónica contra un matrimonio concertado, eligiendo sus palabras cuidadosamente ante sus padres, ofreciendo silencios significativos en respuesta a los que no la entienden”, dice el padre Geiger.

Otro aspecto psicológico que no ha convencido a algunos críticos es que la María que interpreta la joven actriz Keisha Castle Hughes pocas veces está contenta.

Que María sea una joven en una situación única, que mantenga una relación de intimidad especial con Dios, no debería evitar que fuese una joven alegre. Después de todo, el pecado es fuente de tristeza y María, pese a las dificultades, debería sonreír y reír mucho más. “Alégrate, llena de Gracia”, es la primera orden que recibe.

El parto virginal

Si los aspectos psicológicos son complicados, ¿qué decir de los físicos?

La escena del parto de Isabel es muy física y realista, con muchos gritos, tanto que el padre Geiger recomienda no llevar niños pequeños a ver la película.

En comparación, el parto de María es bastante sencillo e incruento… pero ¿lo suficiente como para ser compatible con el parto virginal de la doctrina católica?

La Iglesia enseña que María fue siempre virgen: antes, durante y después del parto. Los protestantes (que no sean liberales) creen en la concepción virginal de Jesús, como todos los otros cristianos, pero no creen en el parto virginal (sería, creen ellos, un parto normal) ni necesariamente piensan que María fuera virgen después (habría mantenido relaciones sexuales con José, las normales una vez casados).

En Isaías 7,14 la profecía sobre el Mesías dice: “Mirad, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y su nombre será Emmanuel [Dios con Nosotros]” El padre Geiger explica que la virgen concibe, y la virgen da a luz, y que los cristianos siempre entendieron que daba a luz sin dejar de ser virgen, “manteniendo su virginidad física intacta durante el parto”.

El Catecismo, en su número 499 dice:

“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el Nacimiento de Cristo, lejos de desminuir consagró la integridad virginal de su madre [Vaticano II, Lumen gentium, 57]. La liturgia de la Iglesia celebra a María como Aeiparthenon, la “siempre virgen” [Lumen gentium, 52]”

San Agustín lo explicaba así: "Si con el nacimiento de Jesús se hubiera corrompido la integridad de la madre, no habría nacido de una virgen y, por tanto, toda la Iglesia profesaría falsamente que había nacido de una Vírgen".

Por lo tanto, la enseñanza católica es que María dio a luz a su Hijo primogénito sin menoscabo de su integridad corporal y, además, que su parto fue sin dolor alguno, que no le afectó lo anunciado a Eva: "parirás a tus hijos con dolor" (Génesis 3,16). Así, el Catecismo del Papa San Pío X habla de que el alumbramiento del Señor fue semejante a "como un rayo de sol atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo". También otros antiguos padres de la Iglesia compararon el parto virginal, milagroso, con la luz que atraviesa el cristal sin romperlo.

Aunque a algunas personas les suena a poesía, quizá sea una expresión mucho más acertada de lo que se ha pensado. La luz, sabemos hoy, no son sólo ondas de energía sino también corpúsculos, algún tipo de materia. Materia que atraviesa otra materia sin romperla. También el Jesús Resucitado entra y sale de lugares cerrados de formas misteriosas. El Niño Jesús (con placenta y todo, debemos suponer) estaba dentro, y luego estaba fuera.

Sin embargo, el dogma no pide creer que el Niño saliera limpito y reluciente. El dogma tampoco impide creer que María tuviera muchas o incluso todas las molestias pre-parto y post-parto. Aunque aspectos físicos ligados a un post-parto fuesen milagrosos, no lo serían más que muchas curaciones milagrosas de los Evangelios.

Un parto virginal, incluso un parto sin dolor no es un parto sin molestias. Eso es importante tenerlo en cuenta si queremos filmar una película emocionante en torno a un momento emocionante como es un parto. Aunque sea milagroso.

Quizá la forma de expresar esto de la directora Hardwicke es el contraste entre el parto de Isabel y el de María, sencillo y sin gritos. Pero puede que sea insuficiente para muchos católicos.

Con todo, incluso un crítico duro como el padre Geiger encuentra muchas cosas buenas en la película. Como a otros críticos, le gusta mucho el retrato que se hace de san José. ¿Cómo interpreta uno a “un hombre justo”, que es de lo poco que la Biblia nos cuenta sobre el carácter de José? Muchos creen que el desarrollo de este personaje es de lo mejor de la película.

Y también es emocionante la escena de la Visitación, las dos mujeres que experimentan los movimientos de los niños en su interior y comparten su gozo con profundidad.

“No puedo pensar en otro fragmento de celuloide que ilustre la dignidad del niño por nacer mejor que este”, comenta Geiger en su reseña.

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Reseña completa del P. Geiger en inglés aquí: http://airmaria.com

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