Pincelada obligada

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No he leído ninguna recensión. No puedo hacerla yo –ahora- pues estoy leyendo ese gran libro –ahora- y despacio. Acudí a su presentación inmediatamente después de la asamblea anual E Cristians hace unos días. Es decir acudí a la asamblea. Me refiero a La Sociedad Desvinculada de Josep Miró i Ardèvol.

Les recomiendo a todos su lectura. Es ideal para Semana Santa. Ideal para quien trata de vivirla. También para quienes en su oscuridad de vida no ven en ella otra cosa que unos días de descanso en vacaciones de primavera.

Junto con la asistencia a los oficios litúrgicos propios de estos días, a las procesiones y otros actos devocionales, la disminución habitual en el ritmo laboral permite la lectura sosegada.

Sólo quienes aprovechan estos días para el retiro espiritual han de aparcar otras lecturas que no sean las propias de la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor.

Contra gustos dicen que no hay disputas. En materia de gustos píos yo prefiero celebrar la Semana Santa en comunión y en comunidad. Es decir valoro mucho el retiro denominado exercicios spirituales para vencer a si mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desordenada sea. Nos los legó el Peregrino Íñigo, después de su peregrinación en compañía de una mula desde Aránzazu a Montserrat, su confesión general por escrito como un ermitaño más y el encuentro subsiguiente de su ermita en una Cueva de Manresa. Allí Nuestro Señor le inspiró los ejercicios espirituales.

Le bastaron a continuación 20 días en Barcelona para embarcarse en solitario a Tierra Santa. Volvió al cabo de un año y permaneció en Barcelona dos años. Empezó a estudiar. Un siglo después de su confesión general en Montserrat el Peregrino era San Ignacio de Loyola. Estudió y fundó la Societate Iesu, la Compañía de Jesús.

Es ideal para todo cristiano y cristiana que, si aún no lo han hecho, descubran la presencia y vigencia de los ejercicios espirituales, trátese de Semana Santa o no. Es conveniente conocer el librito. Es conveniente saber que no más de cuatro o cinco meditaciones o contemplaciones diarias. Quien dirige los ejercicios no sermonea. Sólo presenta y ayuda al dirigido en sus dificultades. El trabajo meditativo contemplativo lo realiza el dirigido y en silencio.

A veces puede demasiado en el ánimo la cohesión de grupo apostólico. Vivir el espíritu del retiro en soledad y en grupo es más difícil, pues las distracciones son más fáciles. Al mismo tiempo es más fácil “ir de ejercicios” así en grupo que tomar la decisión de retirarse sin la presencia de un grupo eclesial. Retirarse por el espacio homologado por San Ignacio de más o menos un mes resulta algo inviable. Más lo es el programa comprimido que algunos ofrecen en un fin de semana. Yo recomiendo una semana mínimo. El lugar es importante. Pero lo más importante es el conocimiento previo en ejercitantes y directores de las 20 annotaciones para tomar alguna inteligencia en los exercicios spirituales que se siguen, y para ayudarse asi el que los ha de dar, como el que los ha de rescibir.

Uno es quién los da y dirige y otro quién los recibe. Así actuó el Peregrino. Su biógrafo el padre Nadal, S.I. preciso 14 días en el primer tiempo o primera semana, el de la conversión, en los ejercicios que recibió de San Ignacio de Loyola.

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