Plantar cara a Alemania

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La receta de la señora Merkel conduce a la recesión y al sufrimiento. Eso es una evidencia incuestionable después de observar la realidad que envuelve a Europa. Es necesario el equilibrio presupuestario, como también lo es el podar los excesos que se hayan cometido, en algunos casos realmente extremos como es el de Grecia. Es evidente que el futuro de algunos países en la senda que tenían trazada, caso de Portugal y sus pensiones, eran inviables a medio plazo. Todo esto es cierto y se ha de actuar sobre ello, pero no de la forma en que se ha hecho. El camino emprendido lo único que hace es reducir los ingresos fiscales del Estado, con lo que a su vez se dificulta la reducción del déficit, lo que obliga a nuevos recortes, entrando así en un círculo infernal. Lo que necesita el sur de Europa, además de una progresiva reducción de sus desequilibrios, es una política favorable al crecimiento que permita reducir el paro. Es posible combinar la racionalización del gasto público con esta política de fomento en lugar de vivir solo obsesionados por los recortes.

La política de Merkel solo tiene un claro beneficiario: garantizar los préstamos de los bancos alemanes, porque ellos son los que han corrido más riesgos precisamente con los países que ahora están en dificultades. Ellos fueron los que facilitaron créditos para países que ya era evidente que resultaban de una solvencia dudosa. Pero esto no puede ser, los bancos alemanes no pueden ser la única prioridad de Europa. Al lado de esta política, Merkel no hace nada para facilitar el crecimiento, porque ahí también la recomendación es de una evidencia total: incrementar los ingresos salariales, permitir una ligera inflación que dinamice más al consumo en Alemania, reduzca el diferencial de la competencia con los países del sur y permita a éstos rehacerse en parte a través de las exportaciones. Esto no es suficiente, pero es una necesidad que ya se le ha exigido por parte de la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional al Gobierno alemán y este ha hecho oídos sordos.

Pero, evidentemente, se necesita más, se necesita una alternativa al programa de Merkel y ésta es la tarea urgente e inmediata que deben emprender conjuntamente Rajoy, Hollande y Monti. Han de demostrar que son capaces de ponerse de acuerdo, cosa que no es nada difícil, porque las situaciones en el fondo no son tan distintas, para establecer un programa concreto que combine crecimiento con ajuste presupuestario y llevarlo a cabo con decisión, al mismo tiempo que empujan a la Comisión Europea a actuar como en realidad debería ser y no es el Gobierno de Europa. Si no se hace, España y los otros países continuaremos sufriendo, pero al final del camino no se encontrará el éxito sino la destrucción de Europa, por la incapacidad de unos para generar una alternativa y por la dureza de mente de los dirigentes alemanes, que han olvidado, parece, toda su historia reciente, la que les ha permitido precisamente convertirse en lo que son.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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