Políticos italianos y líderes católicos reconocen la labor trascendente de Chiara Lubich

Tras la muerte de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares y líder espiritual de más de dos millones de personas en todo el mundo, el …

Tras la muerte de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares y líder espiritual de más de dos millones de personas en todo el mundo, el pasado 14 de marzo, se cuentan por miles los mensajes de condolencia enviados por sus seguidores y por líderes religiosos, políticos o académicos de todas partes.

 

Desde la sede en Barcelona del Movimiento político por la Unidad, del cual Lubich fue “inspiradora espiritual”, han enviado a esta redacción una selección de esos mensajes recibidos.

 

Se trata del testimonio de políticos y líderes católicos, donde se reconoce la labor trascendente que Chiara Lubich llevó a cabo a lo largo de su vida. “Nos queda el testimonio de su fuerza extraordinaria”, dice Fausto Bertinotti, presidente del Parlamento italiano.

 

Por su interés, reproducimos a continuación esos mensajes, así como la traducción del escrito publicado en la página web del Movimiento político por la unidad su presidenta internacional, Lucia Fronza.

 

 

Giorgio Napolitano, presidente de la República italiana

 

“Se apaga, con Chiara Lubich, una de las figuras más representativas del diálogo interreligioso e intercultural, una voz rigurosa y clara del debate contemporáneo.

 

En el transcurso de una vida de donación a los otros, Chiara Lubich, con su fe, su inteligencia y su pasión, ha sabido fundar un movimiento que se encuentra entre los más extendidos del mundo, en grado de confrontarse, con espíritu abierto, con el mundo laico sobre la base del predominio de los ideales humanos y de la solidaridad, de la justicia y de la paz entre los pueblos y las naciones”.

 

Fausto Bertinotti, presidente de la Cámara de diputados italiana

 

“Durante los años dramáticos en que los hombres libres combatían por liberar la humanidad del nazismo y del fascismo, y mientras el bombardeos de la Segunda Guerra Mundial reducían a escombros ciudades enteras y destrozaban la vida de millones de personas, un fuego de renovación y de coraje animaba a una chica de veinte años, Chiara Lubich. Un fuego que ha permanecido vivo e intenso hasta hoy en día y que la pasión de Chiara ha sabido transmitir desde su Trento natal a un número cada vez más grande de mujeres y hombres: un “pequeño pueblo” como lo definía Juan Pablo II.

 

Hoy que Chiara ya no está, nos queda el testimonio ejemplar de su fuerza extraordinaria, que la ha llevado a instaurar un diálogo continuo con las otras religiones, pero también con quienes no creen, con la convicción de que ha de existir un terreno de ideas, proyectos y valores comunes sobre los que la colectividad humana puede confrontarse y reconocerse”.

 

Romano Prodi, presidente del Consejo de Roma

 

“La desaparición de Chiara Lubich me entristece profundamente. Con ella desaparece la figura de una mujer extraordinaria y de una gran profundidad espiritual. Chiara ha sido un punto de referencia para todo el mundo católico. Ha dado su vida para construir el diálogo entre las grandes religiones del mundo. Ha trabajado por la unidad, por la paz y por la justicia.

 

Chiara deja una herencia luminosa que el movimiento fundado por ella sabrá ciertamente recoger, continuando una obra muy necesaria por reforzar los valores del ecumenismo y de la comunión de los destinos humanos. En este momento de dolor quiero expresar mi afecto y mi amistad a la gran familia de los focolares. Llevaré siempre en el corazón el recuerdo de la reunión internacional en el palacio de los deportes de Sttutgart el mayo pasado, la fuerte espiritualidad y el intenso lazo que unía a todos los presentes”.

 

Rowan Williams, arzobispo de Canterbury

 

“Chiara ha sido un faro d’inspiración para cristianos de todas las iglesias durante muchos años, un gran don de Dios para la comunidad entera de los creyentes. En este momento, nos unimos en plegaria por ella con un número incalculable de personas de todo el mundo, dando gracias a Dios por su testigo y su enseñanza”.

 

Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio

 

“Más allá del aspecto personal de amistad larga y profunda, estoy convencido de que la ausencia de Chiara se dejará sentir en la Iglesia. Ella ha sido una laica, una mujer, una persona que empezó de la nada, convertida en una mujer con sabiduría de corazón y una anciana. Ha mostrado lo que puede ser un laico en la Iglesia. Se ha consumido por un sueño. Un gran sueño: la unidadentre los hombres, la unidad entre los pueblos, la unidad con Dios”.

 

Gianfranco Fini, presidente del partido Alianza Nacional

 

“Hace algunos años fui a cenar un anochecer a una de las casas que el Movimiento de los Focolares tiene en Roma. Tengo todavía el recuerdo de un diálogo sereno y constructivo, no alejado de la realidad, incluso política, pero basado en la certeza de que ninguna iniciativa pública tiene sentido si no se construye sobre fuertes relaciones humanas. Ha sido fácil para mí ligar aquel equilibrio y aquella paz a la construcción, acontecida en el curso de los años, de un ambiente en el que el cuidado de las personas ha visto siempre el primer lugar la espiritualidad, fundamentándola con todo sobre una seria formación antropológica. Por esto quiero manifestar a quien, con razón, llora la desaparición de Chiara Lubich, que ha generado y con paciencia realizado el ambiente que aquel anochecer conocí. Esta mujer ha sido extraordinaria porque ha demostrado que la fe cristiana no está en contradicción ni con la razón ni con las preocupaciones por las cuestiones políticas, sociales y económicas, e incluso favorece la correcta orientación”.

 

Cardenal Telesphore Toppo, presidente de la Conferencia Episcopal de la India

 

“Como la Madre Teresa de Calcuta, Chiara Lubich era una de las grandes mujeres de este siglo, un verdadero don de Dios para la Iglesia y para el mundo. Era una guía espiritual moderna, que ha conseguido hablar a nuestro tiempo. Para mí personalmente ella ha sido una gran inspiradora. Quizás nos faltará, pero se haga la voluntad de Dios y estaremos unidos”.

 

Salvador Martínez, presidente nacional en Italia de la Renovación Carismática

 

“¡Se puede vivir de Amor! Y por el Amor ser conquistados, por Amor rendirse, con el Amor vencer: aquí está toda la vida de Chiara. Mujer devorada por el Espíritu, precursora de las más profundas instancias proféticas y carismáticas del Concilio Vaticano II, inigualable globalizadora del Evangelio entre las naciones, genial ejemplo de laicidad, trabajadora para la promoción del hombre de todas las religiones, razas y culturas. Amiga del corazón, de aquellas que te sellan dentro el rostro más creíble de Jesús, de alguna manera madre espiritual de todos nosotros ahora en el cielo, a la que debemos una Iglesia más unida, fraterna, servicial, enamorada de su Señor. Inolvidablemente pequeña y grande”.

 

Lucia Fronza Crepaz, presidenta del Centro Internacional del Movimiento Político por la Unidad

 

En este escrito encontraréis algunos de los elementos fundamentales de la visión política de Chiara Lubich, que son a la base de la experiencia de más de diez años del Movimiento fundado por ella en 1996 para todosaquellosquetrabajanenpolítica haciéndose inspirar del principio de la fraternidad universal.

 

La palabra misma de su carisma: unidad

 

“Un día me pareció comprender qué quería decir la política con amor. Si diéramos un color a cada actividad humana, la política no tendría un color, seria el fondo, el negro, que hace resaltar a todos los otros colores”.

 

Chiara con su típico lenguaje carismático, explicó así a un grupo de diputados y Lords ingleses su alta idea de la política: un arte apacible y fuerte al mismo tiempo, escuchando con atención las instancias de la sociedad, para componerlas con armonía y traducirlas en proyectos políticos.

 

Fue el 2 de mayo de 1996, cuando fundó un movimiento capaz de recoger y relanzar en un proyecto mundial los muchos políticos que han encontrado su experiencia de vida y su propuesta, utilizando “la palabra” misma del carisma: unidad; y lo denominó Movimiento político por la unidad. Les consignó la fraternidad universal como método, contenido y finalidad de la nueva cultura y acción política que debía nacer.

 

Ella misma describe lo que había acontecido, en sólo pocos años, aquel reto, bajo su directo empujón: “un laboratorio internacional de trabajo político común, entre ciudadanos, funcionarios, estudiosos, políticos comprometidos a varios niveles, de inspiraciones y partidos diferentes, que ponen la fraternidad en la base de su vida y sólo después desarrollan su acción política”.

 

Su relación con la política, siendo muy exigente con respecto a la coherencia de los valores escogidos, ha sido siempre al mismo tiempo realista y positiva, laica en definitiva. No ha tenido miedo del poder, sabía que por lograr la unidad de la familia humana, aquel gran proyecto en el que nos había implicado a todos, era necesario tener las riendas bien cogidas. Empujaba, si había posibilidades, a asumir compromisos y encargos, pero con una condición precisa: ser castos y actuar unidos!

 

¿Castos? ¿En política?

 

Recuerdo a un Presidente del Consejo italiano que confesó: “Sabéis por qué Chiara me influye tanto ? ¡No me ha pedido nunca nada, ni para ella, ni para los suyos!”.

 

¿Unidos? ¿En política?

 

Es ella quien habla: “Se propone a todos aquellos que trabajan en política el formular un pacto de fraternidad para su país, que ponga su bien por encima de cualquier interés parcial, ya sea individual, de grupo, de clase o de partido”.

 

La acción de Chiara, desde el inicio de su historia, ha tenido como medida la ciudad y la cautivadora experiencia del amor de Dios la ha empujado por encima de todo, con sus primeras compañeras, a tomar las medidas de la ciudad, Trento: “Queríamos –explica– resolver los problemas sociales el día siguiente de la segunda guerra mundial…”

 

Y los pobres que buscaban, con método, dentro de los barrios destruidos, se encontraron nuevamente no sólo con las manos llenas, sino formando parte del interior de una comunidad que los implicaba como sujetos. “Esta –nos dijo un día– es la opción que distingue a nuestra política: no hacer acciones por los pobres, sino involucrarlos a ser sujetos de la construcción de la ciudad nueva”.

 

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