Polonia aclama al Papa alemán

“Conviene no erigirse con arrogancia en juez de las generaciones precedentes, que vivieron en otros tiempos y en otras circunstancias. Es necesaria un…

“Conviene no erigirse con arrogancia en juez de las generaciones precedentes, que vivieron en otros tiempos y en otras circunstancias. Es necesaria una humildad sincera para no negar los pecados del pasado y no caer en fáciles acusaciones en ausencia de pruebas reales o ignorando las diferentes circunstancias de la época”. Con estas palabras, Benedicto XVI volvió a evocar en Polonia este jueves, 25 de mayo, el mea culpa que ya entonó Juan Pablo II en el 2000. En un encuentro con el clero en la catedral de Varsovia, el Papa animó a la penitencia, “ya que pidiendo perdón por el mal cometido en el pasado debemos también recordar el bien realizado con la ayuda de la gracia divina”.

 

En la primera jornada de su visita a Polonia, que acabará este domingo, día 28, el Papa recordó a los sacerdotes que su misión es promover el diálogo con Dios y no especializarse en asuntos políticos o mundanos. “Los fieles sólo piden una cosa a los sacerdotes: que sean especialistas en promover el encuentro entre el hombre y Dios. Al sacerdote no se le pide que sea un experto en economía, construcción o política. De él se espera que sea un experto en vida espiritual… testimonio de sabiduría eterna, contenida en la palabra revelada”, dijo el Pontífice.

 

No exentas de una cierta crítica a los sacerdotes, algunos de los cuales son tildados por los fieles de arrogantes que no tienen en cuenta las verdaderas necesidades por las que atraviesan, las palabras del Papa animaron a no permanecer indiferentes: “Servid a todos, sed accesibles, ayudad a las familias, a los jóvenes, a los pobres y a los abandonados”.

 

Tras “las huellas de mi gran predecesor”

 

Como ya ocurriera hasta en nueve ocasiones con el fallecido Juan Pablo II, decenas de miles de fieles salieron a la calle para aclamar al Papa Ratzinger, quien les aseguró haber llegado a la tierra de Karol Wojtyla siguiendo sus huellas. “He venido para seguir las huellas de mi gran predecesor, el Papa Juan Pablo II”, dijo el Pontífice en un polaco muy correcto que entusiasmó todos los que acudieron a recibirle en el aeropuerto internacional de Okecie.

 

En la ceremonia de bienvenida estuvieron presentes el presidente de Polonia, Lech Kaczynski y su esposa María, así como el arzobispo primado de la iglesia en el país, cardenal Jozef Glemp; el presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, monseñor Józef Michalik; y quien fuera durante años secretario personal de Juan Pablo II, el arzobispo de Cracovia, cardenal Stanislaw Dziwisz, entre otros.

 

“He venido para seguir sus huellas, para recorrer su vida, desde la infancia hasta el momento en que partió hacia aquel memorable cónclave de 1978. Me gustaría conocer a la generación de Juan Pablo II y los lugares en los que se formó para llegar a ser Sumo Pontífice”, señalo el Papa en su discurso de llegada a Polonia.

 

Abierto a todas las religiones

 

En el mismo discurso, el Papa abrió sus brazos a otras confesiones religiosas: “Quiero dirigir un saludo también a los representantes de la Iglesia ortodoxa, de la Iglesia evangélica de Augsburgo y de las demás iglesias y comunidades eclesiales. Y lo dirijo también a la comunidad judía y a los seguidores del Islam”.

 

En el primer día de su apretada agenda hasta este domingo, Benedicto XVI tuvo tiempo para charlar con autoridades políticas, ofrecer un discurso ante el clero, visitar la nunciatura y promover el diálogo interreligioso con un encuentro ecuménico en el que, no casualmente, hubo representantes hebreos y musulmanes. El Pontífice insistió en mantener “esfuerzos orientados a la unidad plena de los cristianos” y subrayó puntos de contacto entre ortodoxos y católicos, así como el “buen momento del diálogo a nivel mundial”.

 

Auschwitz, símbolo de un nuevo humanismo

 

Otro de los momentos álgidos de su discurso se produjo cuando anunció su simbólica visita al campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau. “Allí espero reunirme sobre todo con los supervivientes de las víctimas del terror nazi, procedentes de diferentes naciones, que han sufrido la trágica opresión. Todos rezaremos juntos para que las heridas del siglo pasado cicatricen con la medicina que el buen Dios nos indica al invitarnos al perdón recíproco, y nos ofrece en el misterio de su misericordia”, dijo el Papa.

 

Poco antes de subir al avión que le llevaría hasta Varsovia, el Pontífice ya expresó su esperanza de que “justo desde Auschwitz nazca un nuevo sentido de humanismo y una visión del hombre como imagen de Dios… Terminamos el viaje con el campo de exterminio de Auschwitz pensando en tantos muertos, pero también para aprender cómo fue posible que el hombre cayera por debajo de su dignidad pisoteando a los demás”.

Las palabras de Benedicto XVI tienen una especial significación, ya que él es alemán y fueron los nazis alemanes los que invadieron Polonia y levantaron el campo de concentración, en el que murieron más de un millón de judíos y más de 150.000 polacos. 

 

Con una población de 38,2 millones de habitantes, de los que el 95,8 por ciento son católicos, Polonia viste de gala estos días para atender la visita del Papa. En territorio polaco ofician un total de 28.546 sacerdotes y hay 6.427 seminaristas mayores. Alrededor de 316.000 alumnos asisten a los 1.726 centros de educación católicos y los centros de atención social propiedad de la Iglesia se cuentan por miles:

– 33 hospitales

– 244 ambulatorios

– 267 hogares para ancianos o inválidos

– 538 orfanatos y guarderías

– 1.820 consultorios familiares y otros centros para la protección de la vida

– 1.462 centros especiales de educación y reinserción social

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