Por fin se vislumbra el final de la pesadilla de la EpC

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La razón me dize que la intención de sustituir la EpC por una educación cívica sobre los valores constitucionales y las instituciones, declarada por el PP en su programa debe ser tomada con prudencia y no sólo con esperanza. Habrá que esperar a los hechos, tras las elecciones que supuestamente ganarán los populares, para hacer una valoración definitiva. Vale, muy bien, pero mi esfera emocional no entiende de frenos razonables y estoy desde ayer contento como unas pascuas. Cuando leí la parte del programa dedicado a la educación, uno de sus mejores apartados junto con el dedicado a la economía, no daba crédito a mis ojos y de ellos resbalaron unas lagrimillas: por fin se vislumbra el final de la pesadilla de la EpC.

Para comprender la emoción que sentí y siento hay que ponerse en la piel de unpadre objetor que, además, ha contribuido en lo que ha podido, también como profesional de la educación, en la noble causa del movimiento objetor. Han sido casi 5 años de lucha de decenas de miles de padres y profesionales voluntarios, una guerra sin cuartel en múltiples frentes, a cada cual más duro: en los medios de comunicación, en las administraciones públicas, en los juzgados y tribunales, en los círculos de familia y de educación incluso católicos y, sobre todo, en los colegios. En éstos últimos es donde nuestros hijos se han batido el cobre no entrando en clase en medio de vejaciones, burlas y presiones de compañeros y profesores.
Algún día la historia recordará a estos chicos y chicas que han sido, junto a sus padres, un ejemplo de ciudadanía activa y responsable, de entereza ante las dificultades y de lucha por los principios y valores en los que se cree. Hoy, nuestra siempre inmadura democracia es más democracia gracias a todos ellos. Naturalmente que hay que agradecer al PP que al final se haya decidido a poner en programa la reversión más o menos clara de alguna de las tropelías socialistas. Ojalá hicieran lo mismo con la ley del aborto, el divorcio exprés, el matrimonio homosexual y otros muchos dislates socialistas. Decía que hay que agradecérselo al PP. Pero más aún a los que han sido los protagonistas de la pelea a pie de calle y escuela.
Sabemos que los populares, cuando quieren, saben defender unos valores de hondo calado, pero sabemos también que sin la presión a que es hemos sometido el movimiento objetor, dándoles la cascarra por activa y por pasiva para que fulminen ese maldito grupo de asignaturas, tal extremo no iría hoy en el programa. Considero, modestia aparte y sin tapujos, que nos encontramos ante uno de los más importantes éxitos de la participación social de la historia de nuestra democracia. La movilización ciudadana que ha supuesto el movimiento objetor ha sido algo sin precedentes en nuestro país. Más de 50.000 objeciones de conciencia presentadas ante las administraciones educativas parecía algo impensable.
Lo mismo que la rápida y gigantesca movilización asociativa, que reunió a padres y profesionales voluntarios en centenares de asociaciones y plataformas por todo lo largo y ancho de la geografía española. Deseo destacar aquí a la asociación en la que yo he colaborado y luchado, en la que tantos amigos han luchado con nosotros y por nosotros, como los de las demás plataformas, sin cobrar un duro: Valencia Educa en Libertad (VAEL). Cómo olvidar las reuniones casi “secretas” con unos refrescos calientes, millones de ideas que compartir y una ilusión bárbara por hacer algo concreto en defensa de nuestros hijos. Cómo olvidar los encuentros de objetores, las charlas a padres, la redacción de artículos…
Una humilde pero bellísima epopeya, digna de un sencillo y apasionado cantar de gesta, que ha demostrado la épica buena ciudadanía de aquellos que no han querido doblegarse ante la bota totalitaria de esta Educación para la Ciudadanía, sectaria y adoctrinadora, creada por el zapaterismo. Una batalla a la que no todos han querido sumarse con idéntica valentía, en especial alguna entidad que creíamos por definición cercana y amiga, a la que no nombraré y a la que sólo a Dios corresponde juzgar. Una lucha que también ha conseguido la proeza de aunar algunas entidades que al principio no parecía posible que caminaran juntas. Un esfuerzo de muchas personas y muchos años, que finalmente anuncia sus frutos.
A mi familia ya no le afecta directamente nada de esto. Mis hijos, todos ellos, ya están fuera de los niveles educativos donde se imparte la EpC. El que fue objetor y estuvo casi uncurso entero sin entrar a las clases de Filosofía y Ciudadanía de Bachillerato, ya está en segundo de su carrera universitaria. El relato completo de todo lo que ocurrió con su objeción de conciencia está guardado en el archivo de este blog. No fue un camino fácil, pero sí decisivo en su educación, ya que aprendió en vivo y en directo lo que es la participación social activa. El otro hijo por el cual objetamos no llegó a cursar la EpC porque pasó a ciclos de formación profesional. Sin embargo, el fin de la EpC es una fabulosa noticia para nosotros.
Es una fantástica noticia porque anuncia el fin de una auténtica pesadilla, porque promete coronar con el laurel del éxito a los chicos y chicas que tanto han sufrido por culpa de Zapatero, porque puede ser la recompensa definitiva a los esfuerzos de los padres y de los profesionales que tanto les han apoyado, porque demuestra que la participación social de base es posible y es efectiva cuando de algo justo se trata, porque nos hace comenzar a sentir que todo el trabajo no ha sido en vano, porque las cosas apuntan a que no todo está perdido en política y que no todos los políticos son iguales, porque la puñetera EpC se nos había atragantado ya de una forma que se había hecho insoportable.
Ahora sólo resta esperar a las elecciones y, si gana el Partido Popular, darle la cascarra a Rajoy para que cumpla pronto y bien el compromiso adquirido en su programa. Espero que el próximo curso escolar la EpC ya sea historia. Si no, nos veremos las caras, Don Mariano. Es muy importante también que el PP tenga mucho cuidado en el diseño de esa nueva “educación cívica” que sustituirá a la EpC. Es de esperar que no se convierta en un nuevo intento adoctrinador, aunque sea de otro signo. Estaremos vigilando, Sr. Rajoy, eso ni lo dude, porque no queremos imposiciones ideológicas de nadie, ni de la izquierda, ni de la derecha, ni del centro. Gracias, Sr. Rajoy, y suerte el 20-N. Esperamos mucho de usted.
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