¿Por qué aumenta el terrorismo?, de Alan M. Dershowitz

Frecuentemente, después de cada atentado terrorista –con sus secuelas de familias rotas y vidas destrozadas- solemos escuchar la retórica habitual de …

Frecuentemente, después de cada atentado terrorista –con sus secuelas de familias rotas y vidas destrozadas- solemos escuchar la retórica habitual de repulsa de los violentos y sus irracionales acciones. Naturalmente, a esta condena sigue una llamada a la unidad de los demócratas y a la respuestas pacífica –racional- al terrorismo, así como a comprender las causas que puedan haber motivado dicha acción, pues –se argumenta- atajando las causas podremos acabar con el terrorismo.

Esta es la reacción a la que estamos acostumbrados, a pesar de que –como habrá podido observar el lector- vaya acompañada de una contradicción: siempre hablamos del terrorismo como algo irracional, para después afirmar que es preciso atajar sus causas para combatirlo (por cierto: reconocer la vigencia del principio de causalidad en el terrorismo implica otorgarle un grado de racionalidad superior al de toda la filosofía postmoderna).

Occidente lleva décadas tratando las causas del terrorismo.  Ha procedido a la descolonización, al incremento a las ayudas a los países pobres, ha recuperado aquellas culturas ofendidas por el eurocentrismo… y, sin embargo, el terrorismo no deja de crecer. A esta paradoja dedica su libro Alan Dershowitz.

El profesor Dershowitz es catedrático de Derecho en la Universidad de Harvard. Como en la presentación del libro se señala, es un defensor de las libertades civiles, lo que traducido desde el lenguaje político norteamericano quiere decir que es un liberal-progresista, defensor de los derechos humanos, entendidos como distintos (incluso contrarios) a la tradición cultural occidental.

Es decir: defensor de las cuotas raciales y de género en las Universidades, de la completa laicidad de los espacios públicos, de la ausencia de límites a la libertad de expresión (que debe amparar incluso la ofensa pública de los sentimientos religiosos y nacionales de la mayor parte de la población de EE.UU), etc. Vamos, que no es precisamente el jurista de cabecera del Presidente George W. Bush. También, y esto se nota en el enfoque con que aborda el conflicto entre Israel y Palestina, es judío.  Todas estas notas que definen al profesor Dershowitz, en mi opinión, son importantes, pues permitirán después entender mejor este libro.

Comienza el libro con una descripción del terrorismo, poniendo de manifiesto cómo –hasta el 11 de septiembre- no ha habido nunca una condena total y absoluta de este fenómeno de propaganda política por los hechos (hechos violentos, mortíferos, que se ensañan las más de las veces con las personas más indefensas). Y en esta descripción llega a un par de conclusiones realmente inquietantes: el terrorismo se presenta siempre unido a una causa política (y añade: mezclada con fanatismo religioso, nacionalismo, etc.), y no para de aumentar porque es rentable.

En efecto, como pone de manifiesto Dershowitz, el terrorismo aumenta porque desde su aparición como fenómeno relevante a finales de la década de los 60, todo grupo terrorista ha ido avanzando en la consecución de sus objetivos, debido a la debilidad de las democracias occidentales. El autor se centra en el terrorismo palestino, pero esta afirmación quizá se podría aplicar a todo terrorismo.

En relación con la causa palestina, Dershowitz muestra unos datos escalofriantes. A lo largo de 25 páginas, contrapone en dos columnas las acciones terroristas de los palestinos con los beneficios políticos obtenidos por su causa. Estos beneficios incluyen el reconocimiento de los derechos inalienables del pueblo palestino por la ONU, de la OLP (primer grupo terrorista palestino), el trato de favor a Arafat (uno de los terroristas más sangrientos del siglo XX): primer dirigente no estatal que habla ante la Asamblea General de Naciones Unidas; recibimiento por multitud de Jefes de Gobierno; concesión del premio Nobel de la Paz a Arafat… También la Universidad ha premiado a los asesinos. Así, Dershowitz cita las siguientes intervenciones de Arafat en foros universitarios: Harvard, Oxford, Rice University, Erasmus University, Universidad de Maastricht -donde incluso le conceden el Doctorado Honoris Causa en Administración de Empresas (quizá justificado, viendo el uso que ha hecho de los cuantiosos fondos de cooperación enviados por la Unión Europea a Palestina…).

Dershowitz sostiene que, para las democracias occidentales, toda causa por la cual sus seguidores son capaces de matar en el fondo tiene un fondo de justicia. Al llegar a esta conclusión, Dershowitz nos lleva a la siguiente parte del libro, titulada ”Cómo podría una sociedad amoral luchar contra el terrorismo”.

Y es que cuando la sociedad occidental (paradigmáticamente, la sociedad europea) es incapaz de arrostrar sacrificios para salvaguardar su forma de vida, su cultura, se encuentra en una situación de extrema debilidad para defenderse de la amenaza terrorista. La libertad política sólo puede existir allí donde existe la libertad civil, que a su vez necesita de unas ciertas condiciones sociales (moralidad pública, familias unidas, sociedad civil, etc.).

Y estas condiciones sociales, a su vez, beben de fuentes religiosas. Si quitamos alguno de estos elementos se derrumba todo el entramado, peligrando la misma libertad política. Esta es la lección que Tocqueville aprendió en su famoso viaje americano. En una sociedad marcada por el laicismo y la ideología de la desvinculación, ninguna causa, ni siquiera la de la propia libertad, justifica el más mínimo sacrificio. El resultado paradójico es que una sociedad que no está dispuesta a dar la vida por lo más noble termina asumiendo que aquellos que están dispuestos a matar por su causa, en el fondo deben tener razón.

Desgraciadamente, Dershowitz no entra en este tipo de análisis, sino que se limita a enumerar las formas con las que un Estado totalitario, que no respetara la ley natural, podría defenderse de la amenaza terrorista. Así, va analizando las siguientes medidas de defensa: control de todos los medios y de las comunicaciones; represalias colectivas; incriminar la apología del terrorismo; restricción de movimientos; juicios militares secretos… No es que Dershowitz defienda estas medidas, sino que las enumera para descartarlas, pues considera que el precio a pagar sería demasiado alto.

No obstante, sorprendentemente, en el siguiente capítulo (“¿Puede torturarse al terrorista que sabe dónde está una bomba de relojería en marcha?”) defiende la tortura. Es cierto que lo hace con matices, pero no deja de ser llamativo que considere inaceptable la incriminación de la apología del terrorismo, por la posible afección a la libertad de expresión, y a cambio considere que en ciertos casos es lícita la tortura. En mi opinión, esto se debe a que su razonamiento está marcado por el utilitarismo. Todo razonamiento moral y jurídico-político lo reconduce a un análisis coste beneficio.

En la última parte del libro, Dershowitz enumera una serie de medidas que podrían tomarse para combatir el terrorismo. Alguna de ellas nos pueden parecer extrañas (por ejemplo, la introducción de un documento nacional de identidad, en la actualidad inexistente en EE.UU. Pero casi todas pueden resumirse en una. La medida más efectiva para combatir el terrorismo es trasladar a los terroristas que, no importa cuál sea su causa o su reivindicación concreta, cada acto terrorista conllevará un retraso en el cumplimiento de sus objetivos. Por primera vez desde los años 60, los terroristas deben estar convencidos de que matar no es rentable.

Este es un libro interesante, que fuerza a pensar. Junto a grandes intuiciones (el terrorismo funciona, por ejemplo), encontramos propuestas discutibles. Pero en todo caso merece la pena leerlo. Leerlo inevitablemente en clave española, y no exclusivamente por los atentados del 11-M. A la (discutible) represión franquista a la identidad vasca, causa del terrorismo etarra (según la retórica dominante), hemos reaccionado otorgando un régimen de autogobierno para el País Vasco superior al de la mayoría de los Estados federados. 

Y 35 años después, la barbarie continúa. Afortunadamente ha disminuido en los últimos tiempos, pero casualmente cuando se han empleado todas las armas de que dispone el Estado (policiales, jurídicas, políticas) para acabar con ella, no cuando se ha respondido al chantaje terrorista. Esperemos que este libro sirva para que no cometan errores quienes tienen la responsabilidad de defender al Estado.

Pero las respuestas que hemos podido ver este último verano a otra de las grandes amenazas que tenemos en el horizonte no permiten ser muy optimistas. Conforme aumentan los indicios de la pista marroquí en los atentados de marzo, hemos podido escuchar a responsables políticos diciendo que hemos de huir de la firmeza y tener cuidado con no atender las reivindicaciones marroquíes, no sea que tengamos otro 11-M.

Si Dershowitz tiene razón, parafraseando a Churchill, podemos decir: no conseguirán la paz al precio del honor y la justicia, sino que, perdiendo honor y justicia, tampoco tendrán paz. 

¿Por qué aumenta el terrorismo?
Alan M. Dershowitz
Ediciones Encuentro
259 págs. 18,00 €

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