¿Por qué aumentan los trastornos mentales en los países occidentales?

El aumento de trastornos mentales en los países más desarrollados se está convirtiendo en un problema de primer orden para los responsables de la sani…

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El aumento de trastornos mentales en los países más desarrollados se está convirtiendo en un problema de primer orden para los responsables de la sanidad. Un reciente estudio europeo pronostica que una de cada cuatro personas tendrá alguna perturbación mental a lo largo de su vida y que en el año 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad. En Cataluña, por ejemplo, las consultas de salud mental han crecido un 40 por ciento en 4 años y en el caso de los niños y adolescentes la evolución es todavía más preocupante, con un crecimiento del 52,7 por ciento. Se calcula que alrededor de un 15 por ciento de los menores en España padece algún tipo de trastorno de la conducta que afecta directamente al entorno familiar y en muchos casos requiere tratamiento psiquiátrico. ¿Cómo es posible que una sociedad con unos índices de bienestar social y de renta más altos que nunca tienda a incrementar también el número de ciudadanos con trastornos mentales?

“No sé que me pasa, estoy deprimido”

Los datos son concluyentes y demuestran que hay una tendencia al crecimiento de las enfermedades mentales: cada vez hay más personas que acuden al especialista de salud mental con expresiones como “doctor, no sé qué me pasa, estoy deprimido”. En el caso de Cataluña, el Departamento de Salud de la Generalitat confirma que, entre 1998 y 2002, las visitas en los centros de adultos pasaron de 544.219 a 738.773, un 35,7 por ciento más. Más grave aún es el caso de niños y adolescentes, que pasaron de 139.011 a 212.308 visitas, un 52,7 por ciento más. Si antes la relación entre las visitas de adultos y niños a especialistas de trastornos mentales era de casi 4 a 1, ahora esa relación se ha reducido y es de 3,5 a 1. Críos y adolescentes en edades óptimas para jugar, reír y disfrutar de la vida, a pesar de tener “de todo”, se sienten cada vez más solos y deprimidos.

Los trastornos más frecuentes y destacables, según los datos del Departamento de Salud catalana del 2002, son los siguientes:

Infantil y juvenil

Adultos

Reacciones de adaptación

27,69%

Trastornos neuróticos

35,84%

Trastornos neuróticos

19,80%

Reacciones de adaptación

21,10%

Trastornos emocionales

17,75%

Psicosis afectivas

17,92%

Síndrome hipercinético

8,86%

Trastornos esquizofrénicos

11,30%

El suicidio, al final del camino

Los trastornos mentales, sobre todo los que hacen referencia a la ansiedad y a la depresión, se ceban principalmente en los jóvenes y alas mujeres. En el caso de los menores se detecta un incremento de la inadaptación. Todos estas perturbaciones no se deben a fallos biológicos sino a conflictos sociales y familiares. Además, según el doctor Enric Álvarez, del Hospital de Sant Pau, “un 70 por ciento de los afectados por depresión sufrirá crisis cíclicas en las que tendrá pensamientos suicidas. Un 15 por ciento de esos enfermos llegará a darse muerte”. Hay que tener en cuenta que el suicidio es la segunda causa de muerte entre los catalanes de 15 a 24 años de edad (la primera son los accidentes de tráfico).

El hedonismo no hace feliz

En una entrevista publicada por ZENIT el pasado 23 de julio, José Ignacio Prats, doctor en Psicología y Decano de la Facultad de la Educación y del Deporte de la Universidad Católica de Valencia, confirmaba que uno de cada cuatro jóvenes menores de veinte años no encuentra sentido a su vida. La conclusión de la investigación que ha llevado a cabo Prats con jóvenes valencianos es que el hedonismo no hace feliz. “La aportación más interesante de la investigación la constituye, según mi opinión, el hecho de documentar empíricamente que aquellos adolescentes y jóvenes que están centrados en sí mismos y cuya visión de la vida está determinada por el ‘carpe diem’, no logran alcanzar el sentido que les llevaría a una vida feliz”.

Cuando se le pregunta el por qué uno de cada cuatro jóvenes afirma que no encuentra sentido a su vida, el psicólogo valenciano responde que “No disponemos de datos numéricos para afirmarlo, pero tanto la clínica como nuestra experiencia nos confirman que el hedonismo, el predominio de lo emocional, la cultura de la instantaneidad (¡disfrútelo ya!) y la perversión del concepto de libertad, que se entiende como autonomía radical y fragmentación de las dimensiones de la persona (por ejemplo sexualidad independiente de conyugalidad), suponen una disminución de lo propiamente humano y provocan un sentimiento de vacío y absurdo”.

Sociedad individualista

Según el doctor José A. Alda, jefe del Servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital San Juan de Dios, en Barcelona, el caso de los menores de edad es especialmente preocupante. Alrededor de un 15 por ciento de adolescentes padece algún tipo de trastorno de la conducta que afecta a su entorno familiar. En muchos casos requiere también atención y tratamiento especializado. Los cuadros depresivos que presentan suelen manifestarse en conductas adictivas, agresivas e incluso delictivas. Alda, en una entrevistarealizada por E-Cristians el pasado 25 de marzo,indicaba que “es difícil precisar cuál será el impacto de estos problemas en la sociedad cuando los niños y adolescentes actuales se conviertan en adultos. Es importante realizar una detección precoz e iniciar lo más rápidamente posible el tratamiento adecuado. De esta forma, se mejorará el pronóstico y se reducirán las secuelas”

El psiquiatra explica que una de las causas que favorece el aumento de jóvenes con trastornos de conducta es el excesivo individualismo de la sociedad: “Vivimos en una sociedad donde el individuo cada vez se encuentra más aislado. Es frecuente encontrar familias donde los dos progenitores trabajan fuera de casa y donde la familia extensa (abuelos, tíos, primos, etc) están poco presentes. Esta situación favorece que la educación de los hijos recaiga casi exclusivamente en el colegio o en otro tipo de cuidadores que no tienen un excesivo vínculo emocional con el niño. Los padres, cuando están con su hijo, tienden a compensar su ausencia accediendo a todos los deseos del niño, lo cual hace que les cueste mucho poner límites y normas. Esta ausencia de límites puede favorecer la aparición de trastornos de conducta en los jóvenes”. Un fenómeno que aumenta en el caso de las familias desestructuradas. “Es evidente que la situación es más complicada en estas familias”, afirma el especialista.

Otras causas de este problema pueden manifestarse cuando hay un uso incorrecto de los avances tecnológicos. Alda cree que “tanto los videojuegos y el teléfono móvil como el uso de internet no tienen por qué influir en la conducta de los niños y jóvenes. Es importante que el uso de esas nuevas tecnologías esté supervisado por un adulto, no sólo en su contenido, sino en el número de horas que le dedican”. Pero, por encima de todo, la solución ha de venir de la mano de los responsables directos del menor, los padres. “Es importante que los padres estén con los hijos, que hablen, que jueguen con ellos, que les pregunten por los estudios, los amigos, pero sobre todo que hagan de padres y no de amigos”, sentencia el doctor Alda.

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