Por qué en España no hay conservadores (III)

(Viene de Por qué en España no hay conservadores II) Durante el periodo franquista hay un predominio de ideas y valores conservadores, c…

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(Viene de Por qué en España no hay conservadores II)

Durante el periodo franquista hay un predominio de ideas y valores conservadores, como es lógico en un régimen de esas características. No obstante, en la arquitectura institucional del Régimen (sindicato único, Consejo de Estado, Cortes, Jefatura del Estado, Movimiento) no hay lugar para los partidos políticos ni para la política partidaria organizada. Lo más parecido a un partido, aunque tampoco sigue el modelo fascista de partido único, es el Movimiento, que, incluso, evita el nombre de partido.

Si hay un presupuesto en que se apoya toda la estructura del Estado franquista, tan “sui géneris”, es el poder carismático del líder. Y Franco, que ejerció ese poder omnímodamente durante 40 años, se consideró siempre a sí mismo un hombre ajeno a la política. Es más: la política, la de los partidos, la del sistema liberal parlamentario, era para él quizá la causa principal que había conducido al desastre de la República y a la gran crisis que lleva a la guerra. El gran jurista Álvaro d’Ors, en su libro La violencia y el orden (1987) hace un retrato de Franco, que me parece de los más acertado. Parte de un dato fundamental: su carácter y mentalidad militar. Esta idiosincrasia tiene algunas consecuencias que resultan operativas en la labor de gobierno. Por ejemplo, la delegación de funciones, con una autonomía amplísima, a los cargos a los que atribuye una responsabilidad. Así hubo ministros diversos que hicieron política falangista, católica, aperturista o tecnocrática. Se les cesó cuando Franco lo consideró conveniente, pero no porque actuaran en contra de unas directrices marcada por quien les nombraba. Por otro lado, lo que afecta al aspecto que estamos estudiando, es lo que d´Ors llama “la disolución real de las fuerzas políticas que hubieran podido dar a la Cruzada la eficacia de una guerra civil constituyente”. Anuladas estas fuerzas conservadoras, “no quedó más que Franco mismo como pilar del nuevo Estado”.

Las distintas corrientes ideológicas tienen sus tensiones y luchas por los puestos de influencia y poder. Todo, sin embargo, está supeditado a los intereses y la voluntad del Jefe del Estado. Se perciben claramente estas tensiones en los sucesivos gobiernos que, durante su largo mandato, Franco fue eligiendo desde la reserva más absoluta, sin consultar a nadie, buscando el equilibrio entre las distintas fuerzas e intentando poner a los hombres en la coyuntura de cada momento. Armando de Miguel, en Sociología del Franquismo. Análisis ideológico de los ministros del Régimen (su 1ª edición es de febrero de 1975, anterior a la transición), resume este amplio colectivo en estos grupos: militares, primoriveristas, tradicionalistas, monárquicos, falangistas, católicos integristas, tecnócratas y técnicos. Más que partidos o grupos ideológicos con perfiles concretos, estos sectores se constituyen como grupos de presión e intereses. Un ejemplo claro de este fenómeno es el grupo de los llamados “tecnócratas”, auspiciado por Carrero Blanco y vinculado al Opus Dei. Aunque su labor política toma una dirección concreta, no responden a una ideología específica y su protector, el almirante Carrero, ni siquiera pertenece al Opus Dei.

Falangistas, tradicionalistas, tecnócratas, monárquicos, democristianos, un diverso calidoscopio de matices diversos… todos ellos entran y salen en los gobiernos y en los cargos públicos, pendientes siempre de la voluntad indiscutible del líder. No obstante, no hay nada parecido a una lucha de partidos. Los de la izquierda, por descontado, están prohibidos y viven en la clandestinidad o el exilio; los de la derecha, se sitúan en el limbo de la indefinición y la inexistencia. El intento de apertura de 1974 con el Estatuto de Asociaciones [se evitaba, por supuesto el nombre de partidos] Políticas pronto dio marcha atrás.

La eficacia, el puro pragmatismo sustituyendo a las ideologías. Gonzalo Fernández de la Mora en su obra El crepúsculo de las ideologías (publicada en 1965, en plena etapa tecnocrática) fundamenta teóricamente este fenómeno hispano, que el plantea como universal, aunque se da en España de una forma especialmente intensa. Él habla del paso del “Estado de las ideologías al Estado de la Razón”.

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