¿Por qué es injusta la jubilación a los 70 años?

La propuesta que sobrevuela de jubilarse obligatoriamente a los 70 años y, además, percibir la pensión en función de lo cotizado a lo largo de toda la…

Forum Libertas

La propuesta que sobrevuela de jubilarse obligatoriamente a los 70 años y, además, percibir la pensión en función de lo cotizado a lo largo de toda la vida laboral, en lugar de los últimos 15 años, como hasta ahora, tiene como origen la grave crisis del sistema público de pensiones, del que ya hemos informado en diversas ocasiones.

España es uno de los pocos países de Europa que no ha iniciado ningún tipo de reforma. No ha hecho los deberes, y esto significa a medida que pasa el tiempo, que cuando se adopten las medidas necesarias, éstas tenderán a ser duras como consecuencia del tiempo perdido que debe recuperarse.

En realidad prolongar la jubilación hasta los 70 y alargar el periodo para el cálculo de la misma, significa una sola cosa: disminuir substancialmente las pensiones, entre un 15 y un 25%.

La razón es muy simple. Por una parte es evidente que el aumento del periodo de cotización en el cálculo reduce de entrada la prestación, porque los salarios son mucho más bajos en el pasado que en la actualidad, y al inicio de la vida activa que en su fase más madura.

En relación a los 70 años, la obligatoriedad según y como quede legalmente plasmada, y esa es la pillería del Estado -su falta de sensibilidad social-, representará en realidad que la gente se jubilará antes, algunos bastante antes, y cobrarán mucho menos. En otras palabras, el alargar hasta los setenta no es tanto un mecanismo para hacer trabajar más años, como una forma de reducir el importe de las pensiones.

Lo más grave de todo esto es que el nivel de las pensiones en España, sobre todo, las que se sitúan en los niveles más bajos, así como el conjunto de las que perciben las viudas, son muy cortas o ya abiertamente insuficientes.

Nuevos recortes dejarían a amplias capas de la población en situación de pobreza. Porque esta es una de las cuestiones centrales, todos los estudios indican que el factor más redistributivo del actual sistema español, es precisamente el sistema público de pensiones.

Es más determinante que las ayudas sociales para evitar que todavía no haya más personas en situación de pobreza, que en España afectan al 18% de la población, casi una de cada cinco personas. Esta magnitud crecería mucho con el nuevo enfoque.

En realidad pocos se jubilan a la edad reglamentaria de 65 años. Solo el 45,6%, el resto lo hace antes, de manera que la edad media de jubilación está en los 62,7 años.

Por otra parte se usa y abusa, especialmente por parte de las grandes empresas y la propia administración del estado, de las jubilaciones anticipadas. Sin resolver todo esto es incongruente pretender la prolongación hasta los 70 años.

Ya sería suficiente con proponerse como objetivo que se cumpliera plenamente con los 65 años, puesto que significaría de media una ganancia de más de 2 años de cotización.

Por otra parte no puede afrontarse la reforma sin contemplar la actual situación de quienes sostienen en la actualidad la Seguridad Social, que son las familias con hijos, pues son sus salarios futuros los que mantendrán a los pensionistas del mañana. Hoy estas personas asumen el coste de mantener a sus hijos.

Si en un futuro, como parece claro, se deben generalizar los planes de pensiones privados para compensar una pensión pública insuficiente, estas personas estarían sujetas a una doble discriminación. Por una parte asumirían el coste de mantener a sus hijos en beneficio de la comunidad y por otra no podrían dedicar estos recursos a compensar su pensión.

Mientras que aquellas otras gentes que hayan decidido no tener hijos o tener solo uno, tendrán un excedente económico para arreglarse el plan al tiempo que gozarán de la misma pensión pública que quienes hayan tenido más hijos.

Hace ya tiempo que en Europa se plantea la necesidad de relacionar el sistema de pensiones con el número de hijos que se aportan a la sociedad como una forma de corregir una injusticia de siempre, pero que ahora empieza a ser avasalladora.

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