¿Por qué es tan malo Paul Krugman?

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol Malo como hacedor de políticas públicas, claro está, no como persona. Líbreme Di…

Forum Libertas

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol

Malo como hacedor de políticas públicas, claro está, no como persona. Líbreme Dios de tales juicios individuales.

Lo leo cada semana por dos razones que cada vez me resultan más insuficientes y creo que será mejor dejarlo estar. La primera, porque coincido (como con otros muchos) en un trasfondo común, el de que la crisis no se cura solo -y digo solo- con austeridad, y que la receta de Merkel es terrible para las personas y para la economía. Y también lo leo porque es Nobel de Economía. Sí, ya sé que esto es un respeto un tanto trasnochado porque los Nobel no son lo que eran, sobre todo después de que le dieran el de la Paz a Obama cuando andaba metido en dos guerras. Pero debo recordar a mi favor que el de la Paz no es un Nobel fetén sino un sucedáneo.

Pero, vayamos a Krugman. En su último artículo en el suplemento de economía ‘Negocios’, de El País, afirma que los pronósticos sobre el futuro indican que Estados Unidos tendrá problemas a medida que envejezca la población y aumenten los costes de la sanidad, porque todo ello elevará todavía más el gasto federal. Hecha esta sensata y conocida consideración, añade un interrogante que uno no sabe si tomarlo como un detalle de fino humorismo o realmente lo está diciendo en serio. Afirma: "¿Por qué razón exactamente debemos creer que es necesario decidir ahora mismo la manera en que abordamos los problemas presupuestarios de la década del 2030? Se me ocurre, sobre la marcha, que la necesidad radica en que hay políticas que solo funcionan a largo plazo, por ejemplo la de la natalidad, la productividad, la prevención de la salud, cuestiones todas ellas conectadas precisamente con los dos problemas que anuncia que tendrá Estados Unidos: el del déficit de la Seguridad Social y el del mayor coste de la sanidad. Hay cuestiones en las que solo son posibles respuestas si se plantean en términos de tiempo muy grandes, simplemente porque poseen una elevada inercia temporal y es imposible obrar sobre ellas a corto plazo. Por consiguiente, si no se plantean en los términos que Krugman rechaza son sencillamente inviables.

Pero si una cosa puede empeorar lo hace, y Krugman lo consigue al afirmar lo siguiente: "Bien, es probable que dentro de dos o tres décadas el fondo fiduciario de la Seguridad Social se haya agotado, lo que hará que el sistema no pueda pagar las prestaciones". Y añade: "entonces el plan es evitar recortes en el futuro comprometiéndose ahora mismo a recortar futuras prestaciones, ¿eh?" Krugman no cree que se deba abordar un ajuste actual para garantizar el equilibrio futuro. Y, para remacharlo, afirma lo siguiente: "De acuerdo, pueden alegar que el ajuste frente al envejecimiento de la población sería más suave si nos comprometiéramos ahora a realizar un recorte gradual de las prestaciones". La verdad es que no es que sea más suave hacerlo así, es que sencillamente hacerlo de la otra manera es un suicidio social. Imagínense que el Estado no actuara sobre el equilibrio de las pensiones confiando en una solución que ya se produciría algún día hasta llegar prácticamente al borde de la sima, es decir hasta llegar al punto en que los jubilados apenas podrían cobrar una prestación. Esto sería una irresponsabilidad simplemente monstruosa. Pero esto es exactamente lo que piensa Krugman, porque para que no haya dudas añade: "Por eso hay buenas razones para dejar el tema de cómo solucionar los problemas del futuro a los políticos del futuro".

Es decir que, según nuestro Nobel, no se debe afrontar ninguna cuestión a largo plazo. Esto tiene sentido cuando en un horizonte dilatado en el tiempo no se tiene una idea probable de lo que vaya a ocurrir. Pero, en factores tales como las pensiones o los resultados del aumento de la esperanza de vida sobre la sanidad, no son entelequias sino realidades que es posible prever razonablemente, sobre todo es posible hacerlo en términos de las hipótesis malas, que en definitiva es lo que interesa. La política es también el arte de prever lo malo que puede suceder a medio y largo plazo y, si no sucede, mejor, porque por alguna parte tendremos un excedente, unos beneficios, que podremos aplicar.

Esto es razonable. De hecho, Krugman, con su teoría incurre en un problema que es propio de la democracia actual, que es su cortoplacismo. De ahí que la falta de solidaridad generacional se haya desarrollado en tal medida. Lo que ahora es endeudamiento público excesivo es un coste que va a recaer sobre nuestros hijos y nuestros nietos. La incapacidad para afrontar el cambio climático obedece sencillamente a la imposibilidad de las democracias de adoptar restricciones ahora para que puedan vivir mejor en el futuro. Y la falta de natalidad es consecuencia de que hace tiempo que la gente se desvinculó de lo que podía pasarle a sus descendientes. De todo eso Krugman hace virtud. Es simplemente una estupidez, más si se considera que él y otros economistas son admiradores, con razón, de una de las virtudes importables del régimen del modelo chino. Su capacidad para fijar objetivos a largo plazo y cumplirlos.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

Hazte socio

También te puede gustar