Por qué les molesta tanto. Insistiendo en las causas del feminicidio de pareja (II)

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4. La razón de que en la pareja de hecho el feminicidio es más frecuente que en el matrimonio obedece a la ruptura. Las parejas de hecho son estadísticamente mucho menos natalistas, duran menos tiempo, cambian mucho más de partenaire, y en ellas se dan más homicidios de la pareja que en el matrimonio. Dentro de éste, el matrimonio religioso basado en la indisolubilidad del vínculo -al menos como principio- al concentrar la población con más resistencia a la ruptura, presenta una menor probabilidad de homicidio de la mujer. Esta correlación intenta ser cuestionada por Ana Berasategui en base a nuestro estudio del Incas (enlace). Concretamente, considera que la reserva con que utilizo la categoría inmigrantes en el sentido que su mayor incidencia en el feminicidio no se debe a su condición inmigratoria, para postular que “utilizando esta misma lógica, podríamos dejar de utilizar la categoría de parejas de hecho como categoría estanca”. Ésta es la preocupación central de Ana Berasategui y la solución pasa por hacer desaparecer las parejas de hecho del análisis, (algo que ya practica en sus datos el Ministerio de Justicia) para así -dice- “detectar otras variables con más peso”. ¿Y cuáles son estas pesadas variables que las parejas de hecho ocultan? Debería darlas a conocer, pero me temo mucho que no existen, es simplemente una frase vacía. Porque lo que indica el análisis de los datos es que las parejas inmigrantes no son más inestables por ser inmigrantes, sino por ser parejas de hecho en nuestro país. Es esta inestabilidad, las posibilidades de ruptura y conflicto lo que causan el feminicidio, algo que no resulta evidente al observar las parejas de inmigrantes vinculadas por el matrimonio. De ahí que la reagrupación familiar, sobre todo si se realiza en un tiempo breve, sea otra medida excelente contra este tipo de violencia extrema contra la mujer.

5. Un último dato debe ser subrayado. Como la ruptura es la causa directa más decisiva, aunque no única, el aumento extraordinario de divorcios exprés, provocado por la ley española y el subsiguiente aumento de la conflictividad, es decir, todo lo contrario que pretendía la ley, aproxima el comportamiento del matrimonio civil al de la pareja de hecho en su inestabilidad y brevedad, e incidirá en el aumento de los feminicidios. Esta doble relación, cohabitación frecuente y abundancia de divorcios conflictivos de matrimonios de breve duración, es precisamente lo que sí explica que Suecia y otros países encabecen el ranking de feminicidios. Si bien desde la ratificación de la ley que prohíbe de manera taxativa la prostitución se ha producido una mejora sensible. Algo parecido sucede con Noruega, que más tarde aprobó una ley similar. Esto demuestra que una de las causas que fomentan la violencia contra la mujer es la existencia o no de la prostitución.

Convénzanse de una vez los que no lo estén: la mejor prevención del homicidio y la violencia grave contra la mujer es vocación de estabilidad construida en el respeto al otro, la mutua responsabilización del vinculo, y su abordaje como uno de los actos más trascendentes y decisivos de la vida humana. Justo a continuación uno debe, por honestidad intelectual, identificar el tipo de vínculo que mejor incorpora aquellas exigencias en términos de paradigma. La mejor terapia contra el homicidio y la violencia extrema no es la judicialización del conflicto en los casos leves que son la inmensa mayoría, sino las instancias y prácticas de conciliación. Éste es un denominador común en Europa -donde no existe una legislación como la española- y una demanda de muchísimos jueces de este país. Esto tampoco debería sorprender a nadie que previamente no hubiera sido cegado por los dioses de la ideología. A ver si, a fin de cuentas, la conciliación, como método general bien establecido para solucionar los conflictos, se va a aplicar en todos ellos excepto en uno, el de la pareja, porque no conviene a la tesis de la ideología de género.

Un último apunte. No dejan de sorprenderme aquellos católicos que se sienten particularmente incómodos cuando los datos y la metodología científica en su estudio confirman la bondad de lo que la Iglesia previamente ha anunciado en razón de su doctrina.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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