Por qué nos cuesta tanto salir de ésta

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Las expresiones más tópicas a lo largo de los años pasados de crisis eran del tipo "arrimar el hombro", "remar en la misma dirección", "un gran pacto de Estado"…, en definitiva, ideas que expresaban la necesidad de trabajar conjuntamente por parte de las fuerzas políticas, sociales y de la cultura al menos en aquello que se centraba en afrontar la crisis. Hoy estas expresiones ya casi se han quemado, apenas se emplean, y muestran el camino de regresión en el que nos encontramos, porque ya no cabe ni tan solo el propósito. Es cierto que podríamos tratar mucho mejor los daños actuales y buscar una salida a los mismos si consiguiéramos reconocernos como una gran comunidad, que no significa homogeneidad absoluta, pérdida de identidades, sino al contrario, representa capacidad de trabajar conjuntamente a partir de reconocernos distintos sabiendo que cada uno sacrifica una parte de lo que posee en beneficio de un bien común. Esto no se conseguirá, por desgracia, o al menos no vamos por ese camino. No quedan demasiadas esperanzas porque las razones que impiden esta acción salvadora son muy profundas. Las resumo:

Toda ética nace y se desarrolla en una tradición moral, y ésta significa, antes que una norma, que una forma de comportarse, de lo que se debe y no se debe hacer, la vida humana realizada en el bien, porque solamente si se tiene esta idea entonces puede formularse la norma. A la inversa, todo carece de sentido. Nuestra tradición cultural es la cristiana. Evidentemente, la Ilustración y la Modernidad alteraron radicalmente este supuesto, pero lo hicieron sobre todo en el terreno más intelectual y de la alta cultura y poco en el de los comportamientos sociales, en los marcos de referencia de entre los cuales nos movíamos. La ruptura importante se da a partir de la década de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, donde se generalizan y radicalizan los comportamientos que han surgido de aquella característica esencial de la Modernidad que es la razón instrumental, que desemboca en el subjetivismo y el relativismo más desaforado. Esta época, que se le llama Postmoderna y que en términos más precisos es la que corresponde a la cultura de la desvinculación, es en la que nos encontramos inmersos. Su fundamento, la razón instrumental, destruye la tradición occidental, que siempre ha funcionado en el marco de la razón objetiva, hecho común a todas las grandes culturas: musulmana, hindú, budista…, y que así continúa siendo en una medida ampliamente mayoritaria en el mundo actual, excepto en Europa.

En el caso europeo, la singularidad consistió en que se transformó aquella razón objetiva, de naturaleza grecolatina, en otra cristiana. Y en esta tradición cultural, el ideal humano está relacionado con Dios en un triple sentido: como origen de la vida, como destino voluntario y como camino. El hombre realizado en el bien se alcanza a través de Jesucristo, como camino y verdad que es. No existe, por tanto, posibilidad de construcción moral y por consiguiente de un bien común claramente compartido si se abandona esta tradición, toda vez que se ha constatado el fracaso extraordinario de la razón instrumental de la Ilustración y de la Modernidad de proporcionar un sustituto válido. La mejor constatación de ello es observar lo que sucede hoy en nuestro país, en Europa. Y esto ayuda a entender también por qué en aquellos países donde el catolicismo, que es una forma fuerte de cristianismo, suplía a un Estado altamente ineficiente, como el caso de España e Italia, la crisis alcanza proporciones de una mayor dureza. En el caso de España esto sucede de una manera abrumadora, por circunstancias históricas todavía mucho más específicas. No hay una salida de nuestra situación si no somos capaces de reorientarnos en el bien y en la justicia. Pero para hacerlo deberíamos apelar a un marco de referencia común que hoy ya no existe. Este es nuestro problema radical, el laberinto en que nos hallamos metidos y la causa por la que esta crisis puede durar diez años o toda una vida.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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