Porque lo peor no ha llegado

En la abundante y cambiante información económica que aparece en los medios, es difícil en ocasiones que el ciudadano pueda desen…

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En la abundante y cambiante información económica que aparece en los medios, es difícil en ocasiones que el ciudadano pueda desentrañar de una manera veraz cuál es la situación presente y cuáles las perspectivas. Por una parte puede existir una tendencia al tremendismo y, por otra, menos justificada, a transformar la ralentización de la caída en un ver la luz al final del túnel. El rastreo de los brotes verdes está convirtiendo el análisis de la realidad en una parodia de la misma.

Para afirmar que lo peor no ha llegado hay que dejar sentado un principio. Lo que importa de la crisis no es la evolución de determinadas magnitudes sino concretamente aquellas que afectan directamente al presente y futuro de las personas. En este sentido, el dato absolutamente determinante es el paro. Por esta razón, aunque no sólo por ella, lo peor no ha llegado. El paro continuará creciendo a lo largo del año próximo, por consiguiente habrán muchas más personas en situación de sufrimiento. Lo peor está por venir. Así mismo, a pesar de que el Gobierno ha decidido prolongar las ayudas a los parados, el número de éstos que continuarán sin trabajo y se les habrá agotado las fuentes de ingresos, también, por la lógica del paso del tiempo, tiende a crecer. Lo peor no ha llegado. Al mismo tiempo, las ayudas para quienes hayan agotado la percepción del subsidio de desempleo serán en muchos casos inferiores a lo que venían percibiendo. Su situación personal será más difícil. Lo peor no ha llegado.

Sin conseguir detener la hemorragia de la desocupación, el Gobierno ha llevado a este país a un endeudamiento creciente y de naturaleza acumulativa. Es una bola de nieve que engorda por su propia lógica interna, además de las medidas que el propio Gobierno va adoptando y que aceleran aquella dinámica. Esto significa un gran endeudamiento futuro. Será una suerte que lleguemos al 10%, porque lo más previsible es que se supere ampliamente esta cifra. La consecuencia de todo ello no es otra que el aumento de la presión fiscal. Más impuestos. Por eso lo peor no ha llegado.

Este crecimiento del endeudamiento del Estado significa mayores necesidades para financiarlo, que entran en competencia con las grandes necesidades que tiene el sector privado. Por eso, el estrangulamiento del crédito no tiene todavía una respuesta clara. Lo peor no ha llegado.

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