Cuando el negocio de la prostitución politiza el porno: Ada Colau, ministro ¿dónde estáis?

Informamos de ello, la promoción del porno, autocalificado de “Salón Erótico de Barcelona” para disimular, está desde el año pasado en manos de la red de prostíbulos Apricots, cuya publicidad reza así “Queremos ser tu marca de puterío”. Las cosas claras, nada de trabajadoras del sexo o prostitutas, que son expresiones postmodernas que pueden desincentivar a determinados clientes. Puterío y punto, y así está claro lo que ofrecen.

Ningún grupo feminista, de género, ningún partido político, ni la alcaldesa de Barcelona, tan defensora de la mujer y contraria a la discriminación, ha dicho nada sobre todo esto. Pero hay mucho más que silencio, hay colaboración necesaria con el gobierno municipal, porque el salón se realiza en una instalación municipal, nada menos que en el Pabellón Olímpico de la Vall d’Hebrón de Barcelona. Prostitución- puterío- organizado a gran escala y porno, se dan la mano para transforma en política su identidad, y así avanzar todavía más en la sociedad.

La campaña publicitaria con una imagen diabólica en sus carteles deviene politizada de una parte, y de ataque a la Iglesia, en su video promocional, donde se postula descaradamente por el negocio, es decir, la legalización de la prostitución. De la mano del sexo desmadrado se puede alcanzar una gran fuerza política, bajo el amparo de la perspectiva de género, que denuncia un simple anuncio publicitario porque aparece una mujer haciendo tareas en la casa, mientras el hombre trabaja fuera, que exige más y más acción contra las agresiones sexuales, y se mantiene silenciosa -o defiende– lo que está en la base de toda mentalidad agresora: la cosificación sexual de la mujer

La impunidad con la que actúa Apricot debe abrir los ojos sobre la realidad de este país y de quienes mandan en él.

Empezando por la alcaldesa Ada Colau. Vale que tenga una responsable de comunicación que muestre con orgullo su procedencia del postporno, pero debe caerle la cara de vergüenza con esta denigración y comercialización de la mujer, que es la pornografía y la prostitución. No haga más pantomimas, con campañas contra las agresiones a las mujeres en la Fiesta Mayor del Barrio de Gracia, cuando solo ha habido una denuncia en diez años, y actúe contra lo que realmente agrede a la mujer a cambio de dinero. Impida el salón pornográfico, impida que Apricot, puterío y pornografía vayan unidos al nombre de Barcelona. ¿Con qué derecho lo utilizan? Solo es posible con su complicidad.

Y a usted, señor ministro del Interior, no le parece un escándalo que actividades que posiblemente bordearían el delito se expandan de esta manera, ganen posiciones políticas. Al estado le sobran mecanismos administrativos para actuar, y no solo nos referimos a los policiales.

En todo esto, hay dos tipos de complicidad sin las cuales este poder politico del puterío y la pornografía no podría crecer, la activa, como la del gobierno municipal de Barcelona con el Pabellón de Vall d’Hebron -y vete a saber cuántas más- y las pasivas, como la del Ministerio del Interior. El por qué se dan es digno de una reflexión y una conclusión. Que cada cual saque la suya.

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