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¿Qué ocurre? ¿Que un sacerdote no puede y debe hablar de la confesión? ¿Por qué? ¿Es que es un tema tabú?

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Un domingo me acerqué al joven sacerdote que se estrenaba ese año. Nos conocíamos bien de otras tantas veces que me había acercado a él para confesarme. Y a eso iba, y me confesó, con su cara y su porte de aburrido; no porque tuviera que confesarme, sino porque ese era su estilo, otro día hablaré de ese estilo de tantas personas hoy día y hasta de tantos sacerdotes, estilo que no vende la Fe; solo materia adulterada.

Aproveché el momento que venía al hilo de mi confesión para probar de hacerle entender por segunda vez desde que se ordenó, lo importante que es que los sacerdotes hablen hoy de la confesión, y de la confesión frecuente. El joven sacerdote se tensó al oír mi consejo (como otras veces con otros consejos), y hasta se escandalizó de que le sugiriera hacerlo en momentos como el que le había brindado la liturgia de la Iglesia (que para eso es liturgia) el domingo anterior con aquel pasaje del Evangelio en que Jesucristo hablaba del tema, para hablar de él en la homilía; y aprovechar la ocasión como anillo al dedo para decir que estaría cada día en el confesionario media hora antes de la misa cotidiana, cosa que no hace, “porque no va nadie” (¿cómo van a ir, si no está ahí quien debe estar, el sacerdote, y si nadie les habla de los frutos de una buena confesión?). Se tensó, sí, y encima rio como ridiculizándome ante tan ridícula y atrevida sugerencia.

Pero ¿qué ocurre? ¿Que un sacerdote no puede y debe hablar de la confesión? ¿Por qué? ¿Es que es un tema tabú, o es que ni los propios sacerdotes creen ya en el perdón de los pecados y la enmienda tras una buena confesión?

Pues sí. Reivindico la importancia de confesarse, pero lo primero es creer en la confesión. Y, para que uno crea, primero ha de haber otro que anuncie: kerigma, explicación, testimonio. Y el primero que debe creer, anunciar y explicar es el sacerdote, que para eso se ha ordenado. Como hace la publicidad con el pan o con un regalo, nosotros, todos, también los laicos, debemos hablar de lo que hay que hacer para ser buen cristiano y buena persona, que muchas veces comienza tras una buena confesión. Y de eso quien primero debe hablar son los sacerdotes.

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One comment

  1. 1

    Tan cierto! A veces necesito tres o cuatro intentos para encontrar un cura que me confiese. Sólo conozco una iglesia en Palma de Mallorca que tenga un horario de confesión que se cumpla.

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