¿Pueden los católicos gestionar adopciones en un país con adopción gay?

La palabra “religión” casi no sale en la Biblia. Pero en la Carta a Santiago, capítulo 1, versículo 27, define lo que es la religión: “la religión que…

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La palabra “religión” casi no sale en la Biblia. Pero en la Carta a Santiago, capítulo 1, versículo 27, define lo que es la religión: “la religión que Dios Nuestro Padre acepta como pura y sin falta es esta: cuidar de los huérfanos y las viudas en su tribulación y mantenerse a salvo de la contaminación del mundo”.

Las nuevas leyes en varios estados norteamericanos que permiten –e incluso fuerzan- la entrega de niños huérfanos a parejas de gays imposibilitan “cuidar de los huérfanos” al tiempo que se evita “la contaminación del mundo”.

El 10 de marzo, los responsables en Boston de Catholic Charities (la Caritas de EEUU) anunciaron que ya no trabajarían con la administración pública de Massachussets para ofrecer servicios de adopción. “Catholic Charities ha encontrado que no podemos reconciliar la enseñanza de la Iglesia que guía nuestro trabajo, y los estatutos y regulaciones de la Commonwealth de Massachussets”, decía el comunicado oficial.

La clave: la entrega de niños a parejas “sin discriminación por razón de orientación sexual”, que piden las regulaciones de Massachussets.

Cien años atendiendo huérfanos

En Boston, durante más de cien años, Catholic Charities ha cuidado de huérfanos y viudas. Asistió las oleadas de inmigrantes empobrecidos de los años 10 y 20, desarrolló servicios de adopción, cuidado y consejería familiar en la Gran Depresión de 1929, en los años 40 se profesionalizó; en los 70, abrió agencias fiscales, de desarrollo; en los 90, centros para sordos, emigrantes haitianos, etc… Hoy ofrece 150 programas de servicios sociales en 50 centros de atención en la región de Boston y atiende a más de 200.000 personas al año en la diócesis, entre niños, familias, ancianos y necesitados en general.

En los últimos 20 años, las Catholic Charities de Boston han colocado 720 niños en hogares permanentes. Sólo en 2005, encontraron hogar a 41 niños, ofrecieron entrenamiento pre- y post-adopción y servicios de apoyo a 883 familias y 730 búsquedas para niños. Para financiar su trabajo con los Servicios Sociales –la entidad diocesana gestionó el 31% de las adopciones de todo el Estado-, Catholic Charities recibió el año pasado 37 millones de dólares de dinero público, 1 millón relacionado con los servicios de adopción.

¿Una excepción para agencias religiosas?

El gobernador de Massachussets, que ha reconocido estar pensando en hacer carrera hacia la Casa Blanca en 2008, pidió a su gabinete que estudiara la posibilidad de una formativa especial, “muy estrecha”, para que la caridad católica y otros servicios de entidades religiosas puedan ofrecer servicios de adopción sin violar sus principios de fe. Según el gobernador, las parejas gays que quieran adoptar ya lo harán mediante otras agencias.

Otros comentaristas en prensa han sugerido “hacer la vista gorda” para las agencias cristianas en base a sentencias judiciales, como la que dice que aunque no debe haber discriminación sexual en el trabajo, no se puede obligar a católicos, musulmanes o judíos ortodoxos a “emplear” como “clérigos” a mujeres.

Massachusetts es solo un punto. También se entregan niños a parejas homosexuales en California, Connecticut, Illinois, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oregón, Vermont y el Distrito de Columbia. ¿Qué harán las agencies católicas en estos lugares? Por el momento, la Diócesis de San Francisco está empezando a mover fichas en la misma dirección que Boston.

Con todo, Boston es un sitio especial. Fue una de las más liberales durante años y ha sido de las que más ha sufrido por los casos de pederastia entre el clero. De hecho, a lo largo de los años Catholic Charities llegó a entregar 13 niños a casas homosexuales. Los costes multimillonarios de los casos de pederastia han implicado una seria toma de conciencia y el nuevo arzobispo (desde julio de 2003 en Boston, Benedicto XVI lo va a crear cardenal), el capuchino Sean O’Malley, quiere dejar clara la renovación de la diócesis.

Boston va a cerrar más de 60 parroquias para reorganizar sus finanzas (los escándalos se pagaron vendiendo la residencia episcopal y con diversos seguros) y quiere asegurarse de que el laicado tenga claro que su dinero no va a fines objetables.

Incluso sin servicios de adopción, a Catholic Charities no le va a faltar trabajo con huérfanos y con viudas.

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