“Puso Dios en la Iglesia Doctores”

En memoria del Profesor Canals Recuerdo que cuando fue declarada Santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia, el profesor Francisc…

En memoria del Profesor Canals

Recuerdo que cuando fue declarada Santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia, el profesor Francisco Canals pidió que se tuviera en la Fundación Balmesiana un ciclo de conferencias bajo el título “Puso Dios en la Iglesia Doctores”, tomado del Apóstol Pablo (1 Cor 12, 28). A mi entender, estas pocas palabras no sólo sintetizaban el contenido de aquellas conferencias, sino la misma vida de Francisco Canals, fallecido recientemente en Barcelona.
En primer lugar, por poner en Dios el principio y fundamento, pues “el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios muestro Señor, y mediante esto salvar su alma”, como enseña San Ignacio en los Ejercicios. Canals, marcado con la impronta de la espiritualidad ignaciana, ordenó ciertamente todo su vivir “a mayor honra y gloria de Dios”. Pero, ¿qué mayor glorificación de Dios que la tributada por el Corazón de Jesús en su muerte y resurrección? “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él” (Jn 13, 31). El teocentrismo de Canals quedó iluminado en todo momento por el misterio del Verbo Encarnado, cuya carne es vivificante; de ahí que encontrara en el Corazón de Jesús su más vital principio y fundamento.
En segundo lugar, por comprender a Dios como providente. “Puso Dios…”, y no deja ni dejará de poner Dios cuanto convenga para llevar a plenitud su obra redentora. Vivió Canals, en efecto, una profunda espiritualidad de esperanza cristiana, concretada nuevamente en la confianza en el Corazón de Jesús. Mas no sólo esperanza transhistórica, sino en la del señorío de Cristo en la historia humana. Por eso gustaba particularmente enseñar el magisterio eclesial referido a la realeza de Cristo, como la encíclica Quas Primas de Pío XI:“nunca resplandecerá una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones nieguen y rechacen el imperio de nuestro Salvador”.
En tercer lugar, por reconocer que esta providencia de Dios cuida principalmente de su Iglesia, la que Cristo fundara como su Cuerpo Místico, poniendo a Pedro y sus sucesores al frente de la misma. El celo de Canals por la Iglesia fue vehemente, apasionado, sobre todo en la dolorosa crisis postconciliar; denunció con valentía las infidelidades, pero sin realizar equilibrios de ningún tipo, pues su inquebrantable confianza en la providencia divina lo mantenía firmemente adherido a la Iglesia y a sus pastores. Su devoción a San José hay que entenderla a la luz de esta confianza, pues sabía que aquel que la Providencia había designado para custodio del Redentor, también lo era de la Iglesia en estos tiempos difíciles, análogos a los de la huida a Egipto.
Y en cuarto lugar, por advertir la importancia de los maestros en la vida humana, y por ello en la misma Iglesia. Canals fue uno de estos maestros, y su autoridad atrajo a numerosos discípulos, que desde muy diferentes cátedras siguen enseñando hoy. Pero nunca dejó de ser Canals discípulo de otros maestros; del P. Ramón Orlandis, de quien siempre se reconoció deudor; o de los grandes doctores de la Iglesia: san Ignacio de Loyola, santa Teresa del Niño Jesús, santo Tomás de Aquino… Pero principalmente su Maestro fue el Corazón de Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la ciencia y la sabiduría. Podemos decir, por todo ello, que la vida de Francisco Canals lo fue en la escuela del Corazón de Jesús, in Schola Cordis Iesu.
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