Que Dios es todopoderoso: Amor todopoderoso

Frente a filósofos pobres o teólogos “desnortados” (que se veían impotentes para conciliar omnipotencia de Dios con e…

Frente a filósofos pobres o teólogos “desnortados” (que se veían impotentes para conciliar omnipotencia de Dios con existencia del mal), Benedicto XVI reafirma que el Amor es todopoderoso, que Dios es omnipotente (en un escrito que no preciso pero cuya sustancia es la que sigue). Y dice que si no creyéramos que su Amor todo lo puede no podríamos creer en el amor. Sería una creencia en un amor con límites, ya no sería fe en la plenitud del amor: Nuestra esperanza resultaría ilusoria, vacía.

Existe una intuición que nos dice que el amor es superior a toda obra de la inteligencia humana: ¿de qué me sirve saberlo todo si no sé amar? La intuición se confirma en la plenitud del amor humano entre hombre y mujer: por un amor verdadero se deja todo, se sacrifica todo.

Se confirma también por la razón: una ciencia sin amor puede servir incluso para hacer más infelices a los hombres, puede emplearse para el mal. Ya que el uso que se dé a la ciencia dependerá del corazón del científico

El amor es como la luz que permite ver los bellos colores del cuadro: sin luz el arte más depurado no es sino tinieblas. El amor nos plantea los fines de nuestra vida. Sin amor sólo queda vivir vegetando sin meta, sin horizonte, sin compañía verdadera. San Pablo nos lo viene a expresar gráficamente: ya puedo dar mi vida y mis riquezas, si no tengo amor, de nada me vale, nada soy. Y al afirmar con San Juan que Dios es Amor, estamos diciendo que Dios vivo, el Amor, es todopoderoso.

Afirmar que el amor tendría límites, que no lo puede todo, sería poner límites a Dios, al Ser de quien procede todo otro ser. Ahora bien, ¿pueden poner límites al Ser primero y necesario otros seres que proceden de Él? Ya se ve que no es posible, porque estos seres siguen existiendo únicamente porque son sostenidos por ese Ser supremo.

Así, podemos afirmar que Dios no tiene límites. Y si Él es Amor, que el amor no tiene límites -ni en su intensidad-, el amor de Dios es infinito -ni en su duración-, el amor de Dios es eterno.

Dios sólo puede tener los límites que se ponga Él a Sí mismo. Es oportuno comentar que Dios quiere respetar la libertad que concedió al hombre. Precisamente porque es amor, sólo desea amor por parte de la criatura humana. Y este amor no puede surgir para que sea verdadero sino de un ser que sea libre. Así, Dios respeta nuestra libertad por amor, por amor a nosotros y por amor a Sí mismo, a su infinita santidad.

Mas esto comporta –misterio de la iniquidad– que el hombre, usando su libertad, puede rechazar a Dios, a ese Ser infinitamente digno de amor, puede pecar: es decir, ir contra el amor.

Sería también falso interpretar que Dios sólo es todopoderoso en la faceta que en el lenguaje usual se asimilaría con “amor”.

Amor y Verdad van en Él unidos, no es un amor que sea mero sentimentalismo, como nos dice Benedicto XVI en la encíclica ‘Caritas in Veritate‘, sino un amor verdadero anclado en la Verdad plena. No puede pues su amor orillar la verdad y tratar vidas verdaderas como a las vidas empleadas en el mal. Y esta justicia infinita de Dios también es como un aspecto o cara de su Amor infinito.

En efecto, este amor infinito de Dios no necesita del hombre para existir. En toda la eternidad Dios se ama a Sí mismo en el misterio inefable de la Santísima Trinidad.

Si en un sentido, Dios ama al hombre más que a Sí mismo, hasta dar su propia vida por él, en Jesús, Dios y hombre verdaderos, que padece la Pasión y muerte por nosotros y por nuestra salvación. Sin embargo, en otro sentido, Dios ama, por encima de todo, la santidad infinita, es decir a Sí mismo.

El hombre que elige el camino del mal y ni siquiera en la hora de su muerte se vuelve arrepentido a Dios, no puede esperar del Dios Amor misericordia, sino justicia. Y esta justicia Dios la imparte por amor a Sí mismo y a su infinita santidad. Porque Dios es Amor tanto en su infinita misericordia como en su infinita justicia.

Dios es todopoderoso en todos los aspectos. Si Él no tolerara la libertad, no existiría el mal, que no es permitido sino como otra manifestación de su omnipotencia amorosa. En efecto, sólo quien es realmente omnipotente puede permitir la contradicción de un ser libre creado por Él mismo. Sólo el amor todopoderoso, precisamente porque Él tiene la última palabra, puede tener tanta paciencia –infinita paciencia– con el hombre pecador, esperando que vuelva a Él, por amor a la propia criatura humana y por amor a Sí mismo.

Porque, agotado el plazo concedido a la criatura humana, sólo Dios tiene la verdad definitiva de su Misericordia sin límites y de su Justicia perfecta, siendo ambas como caras, aspectos o facetas de su amor infinito.

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