¿Qué le pediría a su plan de pensiones?

¿O -en base al boletín de adhesión suscrito por el partícipe- exigir su cumplimiento (o aclaración de letra menuda …

¿O -en base al boletín de adhesión suscrito por el partícipe- exigir su cumplimiento (o aclaración de letra menuda y oscura del plan si fuera preciso) ante los tribunales en base al redactado de ese mismo plan vendido de palabra y con folleto en sucursal bancaria por un empleado administrativo y con independencia de lo que pueda objetar la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones a ese Plan o a su Fondo? Es solo una pregunta que hace años me formulo sin que me quite el sueño y soñando despierto. Dormido no sé soñar.

Reconozco que este slogan publicitado en anuncio web -de esos intermitentes que salen y luego dejan de salir- al leer un artículo mío colgado en Forum Libertas el 10-5-2013 tiene gancho. (cf. La contribución IRPF del maestro) Lo tiene también el anuncio por presentarse ahora a mitad de ejercicio en período tributario de renta 2012 hablando de ventajas fiscales “para desgravar” en el 2013 y no en publicidad bancaria acelerada de final de año para desgravar como suele ser lo habitual. Además con garantía de El Corte Inglés.

Miren: Eso de los planes de pensiones sujetos a la ley específica que los regula está bien para toda persona que quiera garantizar un futuro mediante la inversión de sus ahorros con compromiso único o tal vez inicial más periódico de aportaciones. Se denominan técnica y legalmente así. Aportaciones.

Los planes de pensiones sujetos a esta ley específica sobre Fondos de Pensiones son interesantes para el consumidor. Lo son y mucho para todas aquellas personas conservadoras y conservaduros que los confían sin más a la gestión de sus entidades financieras bancarias de confianza y que están dispuestas a hipotecar de por vida su ahorro sobrante. El excesivo disponible en su libreta de ahorros que estiman no necesitar ni hoy ni pasado mañana y que reservan para el día incierto del mañana con el fin de invertirlo de manera segura, pero sin una precisión concreta determinada por escrito de antemano por la entidad financiera y comprometida en el plan suscrito vinculado al Fondo. Cantidad estimada que satisfará algún día la entidad financiera en base a las contingencias contempladas en el Plan. De comprometer precisando, la entidad financiera estaría desvirtuando ilegalmente la ley 8/1987 de 8 de junio de Regulación de Planes y Fondos de Pensiones y posteriores modificaciones en el siglo XXI. De estimar sin comprometer la tipología de las prestaciones la estaría vulnerando de manera flagrante. Los planes de pensiones sólo cuentan con estimaciones financieras merecedoras de la confianza del cliente por la confianza que le merece su asesor financiero normalmente empleado administrativo de banca. Actualmente con estimación de rendimiento acumulativo decreciente en virtud del ritmo descendente de la galopante crisis económica. Ahorro aportado de por vida y sin ninguna garantía concreta y precisa de lo que van a obtener por supervivencia al término de la operación. Igual a (=) fecha de jubilación laboral de la Seguridad Social a los 65 años. O de prejubilación antes por ERE. O posterior después de los 65 porque faltan cotizantes a la Seguridad Social, usted tiene trabajo y la empresa para la que trabaja no tiene crisis. Garantía sin concreción de cuantía de lo que obtendrían sus hijos menores de edad en caso de orfandad. O bien antes que usted la persona designada en el plan (se denomina así) como beneficiaria en caso de fallecimiento del aportador partícipe (la viuda o el viudo por lo común), digan lo que digan los testamentos de haberlos.

Eso del testamento tampoco es de aplicación en un seguro de vida. No lo ha sido nunca. Quien cobra es la persona o personas designadas en póliza como beneficiarias por más deudas hipotecarias que hereden o que tenga el asegurado beneficiario en caso de supervivencia en pólizas de ahorro. Transcurrido un año de vigencia un contrato de seguro personal del ramo de vida es irrevocable por ley. Carece de agravaciones de riesgo a diferencia de los seguros patrimoniales. Es indisputable. Si es de ahorro goza de facultad de pignoración. Por ejemplo dejar la póliza en prenda a la entidad bancaria para cubrir temporalmente una deuda hipotecaria ante una previsible posibilidad de desahucio y así ganar tiempo para solucionar el problema. Sólo el cliente contratante –se denomina Tomador- puede ordenar su anulación. Con el transcurso del tiempo aparecen enfermedades. Se puede ser enfermo terminal y comunicar con tiempo a la esposa y a los hijos que cobrarán sin manifestarles el testamento incluso con conocimiento de la situación por parte de la entidad. El rescate no es facultad de la aseguradora. A una póliza de ahorro no le pueden ordenar su rescate. Manda sólo el cliente que paga.

No sé ahora, pero hace un tiempo los planes de pensiones gozaban de una sustancial desgravación en las declaraciones de renta. Tal vez por ello, por la suma de comercialización bancaria, desgravación como acicate y sin ninguna opción legal a deshacerlos, fue un tema que no me interesó jamás siendo desde mis años jóvenes empleado de entidad aseguradora. Me interesó y mucho para mí un tipo de contrato denominado seguro, tanto en el ámbito de los riesgos patrimoniales, que incluyen también los de salud o asistencia sanitaria, como en el ámbito de los personales, sean de riesgo o de ahorro. El de los “muertos”, el de entierro, no me ha interesado nunca.

Estos últimos -los personales- son básicamente dos con sus distintas modalidades y denominaciones comerciales: El seguro de vida y el muy mal denominado en publicidad y en práctica de comercialización aseguradora “seguro de jubilación”, pues se presta a confusión con el Fondo de Pensiones y su Plan. Tanto unos como otros (los seguros de vida y los seguros de ahorro) sólo pueden ser ofrecidos por una entidad aseguradora -de propiedad bancaria o no y/o de comercialización bancaria o no- que constituya con capital y reservas desembolsadas sociedad anónima específica aparte recurriendo para ello a la constitución de reservas legales más altas por ley y las reservas matemáticas, manejando en todo momento las tablas actuariales de mortalidad y supervivencia. Estas entidades es impensable que puedan quebrar. Estas entidades requieren la presencia técnica activa de un profesional titulado superior llamado Actuario de Seguros. ¡Y un departamento de inversiones “cerebrado” para garantizar sus compromisos futuros con su cliente y el reparto de dividendos a sus accionistas!

Sólo de este modo es posible comprometer comercialmente con garantías pactando legalmente en el verdadero contrato de adhesión -toda póliza de seguro es por definición un contrato de adhesión- dirimible en los tribunales entre las partes contratantes (entidad aseguradora y tomador) un compromiso asegurador asegurado de unos capitales garantizados de ahorro o contingencias acaecibles de riesgo (= siniestros) a cambio no de una aportación sino de una prima (= cuota para entendernos) de seguro (sin parentesco legal y real con la prima de riesgo), reclamable por la entidad aseguradora en caso de impago de la misma no al asegurado sino al tomador de la póliza. ¡Al que asume el pago, vamos! Los seguros en España –absolutamente todos- se rigen por la ley europea más moderna que surgió en el siglo XX: la Ley 50/1980 de 8 de octubre de Contrato de Seguro. Los anteriores vigentes en esta fecha también. Basta conocer esta ley por Internet para saber lo que todo ciudadano debe conocer antes de contratar un seguro sin necesidad de leer previamente la mayor parte de las parrafadas de las condiciones generales. Las puede leer luego a la calma en su hogar en cuanto disponga de la póliza en libro bonito con funda de plástico. Basta con leer las condiciones particulares y sus cláusulas en el momento de estampar la firma quedándose un ejemplar de la misma en este acto, EXIGIENDO SIEMPRE QUE SEA ASÍ Y NO DE OTRO MODO. Toda entidad bancaria debería tratar informativamente con asesoramiento diferenciado el producto bancario, el Plan de Pensiones y todos los seguros existentes en toda oficina bancaria con personal formado en materia aseguradora. En general carecen de él. Y ello por simple decencia con su cliente bancario después de su desorbitada irrupción en el ámbito propio técnico y comercial de las entidades aseguradoras, entidades financieras totalmente distintas de las bancarias tanto en su planteamiento de entidad como en las características propias de su negocio. Ya lo expresa el dicho popular: “zapatero a tus zapatos”. Dicho anterior al presidente Zapatero. Ley 50/1980 y Ley 8/1987 en etapa sostenida de gobierno socialista anterior al presidente Zapatero.

Los contratos de seguro llamados de jubilación sin más se pueden prestar y se prestan a confusión. En el caso del ahorro son una modalidad de principios del siglo XX que cayeron en desuso y se reactivaron en el último tercio de siglo. Si les hablo de una vida entera o de un mixto se van a quedar igual y en definitiva son historia. Son actualmente (o tal vez eran hasta finales del siglo XX) contratos de ahorro con componente facultativo del cliente -o impuesto comercialmente por la aseguradora- de riesgo (= fallecimiento, invalidez, gran invalidez, doble y triple por accidente y por accidente de circulación, orfandad, pago del ahorro en forma de capital o de renta, etc.) o no denominados de Capital Diferido. Para cubrir el riesgo ya existían los seguros temporales de vida. El capital garantizado pactado y no estimado incluye un mínimo de interés, el llamado interés técnico. Gozan de los derechos legales de reducción, anticipo y rescate. El último de ellos se notifica anualmente al tomador en plan recordatorio a efectos fiscales de patrimonio a partir del momento que supera el montante acumulado de las primas pagadas o satisfechas en su cómputo anualizado. Del derecho legal de anticipo ni siquiera se menciona en el recordatorio de la carta circular anual no certificada. No les interesa a las aseguradoras recordar que existe. Una aseguradora no es un banco y menos una caja de ahorros, a diferencia de estas últimas con pretensiones de ser bancos y que no se conforman con vender caramelos. Desean el pastel asegurador como oferta omnipresente al trabajador. El anticipo es el derecho a préstamo sobre la vigencia del contrato en el momento en que se solicita con pacto escrito de sus cuantías, intereses y forma de devolución según lo que tenga estipulado la aseguradora en el momento de solicitarlo. ¡No son bancos y bastante que hacen con ofrecer esta posibilidad a sus clientes!

¿Y qué decir del derecho de reducción? Ni lo sueñen que la cartita les recuerde la cantidad exacta de reducción que les corresponde. ¡El cliente en teoría ya lo sabe, lee continuamente la póliza y como nos los pida igual deja de pagar pues ya no querrá seguir ahorrando! Toda póliza indica su valor anual -la mía en pesetas- de cada año transcurrido que va a transcurrir en las condiciones particulares. Toda póliza del Ramo de Vida contiene las tablas de reducción y rescate en los contratos de Capital Diferido. Para pedir la reducción hay dos sistemas: el legal y formal consistente en pedirlo por escrito y el de oficio consistente en dejar de pagar cuando uno no puede o le da la gana actuar así si es maleducado. El derecho de reducción es la transformación actuarial -reservas matemáticas de la operación concreta en mano- del capital garantizado a término a su equivalente a término en la fecha del último vencimiento anual transcurrido y satisfecho por haber pagado menos. Derecho establecido, concretado y referenciado en póliza en el momento inicial de suscribir la póliza. El cliente no pierde. Gana siempre aunque tenga que esperar un tiempo para cobrar sin pagar en lo sucesivo. Es decir lo pagado por lo servido desde la óptica de exactitud matemática de la aseguradora. Es decir la entidad aseguradora ha ganado ya en el momento en que al tomador ya le sale a cuenta el rescate. Se trata de operaciones a plazo largo en las que la entidad puede programar, cambiar y decidir a cada momento su política de inversiones, arriesgando ella y jamás el cliente.

Las primas de riesgo, los ibex y otras historias no le afectan lo más mínimo al verdadero inversor: Aquel que con su trabajo ahorra poco o más y lo es en un momento dado contratando a prima única o bien a prima fija o creciente lineal o creciente acumulativa con compromiso de pago mensual, trimestral, semestral o anual a decidir por él decidiendo asimismo la fecha del término de la operación. O sea el plazo, el término, con independencia de su fecha real de jubilación. Requiere eso sí ser constante a lo largo de los años y no comprometerlo de entrada con entidad financiera de poca monta. Hasta hace poco desgravaban las primas satisfechas en la declaración de renta. Actualmente tributan los cobros al igual que los rendimientos de un depósito bancario, es decir el 19% de las percepciones en pólizas de vida en caso de invalidez, las que procedan al beneficiario en caso de fallecimiento del asegurado por impuesto de sucesiones y algo más al beneficiario, casi siempre asegurado y tomador al mismo tiempo, en las de ahorro. Bueno a modo de resumen: el porcentaje fiscal cambiante de los rendimientos de las libretas de ahorro y cuentas corrientes en epígrafe específico del borrador de renta. No es un tema que deba inquietar. Será lo que toque en el momento de una percepción con arreglo a las normas de la Agencia Tributaria en aquel momento fiscal.

Los beneficiarios tienen nombre y apellidos si -como es deseable- se designan así. Su designación está al margen de todo testamento ante notario a menos que se indique así con fórmulas estereotipadas un tanto estúpidas como “herederos legales” (la más estúpida de todas) “esposa” “hijos a partes iguales”, salvo la de “entidad bancaria x por la cantidad pendiente de amortizar del préstamo x número tal otorgado”. Esa la más inteligente para cabreo comercial del director bancario si pagamos hipoteca -trátese de una póliza de vida o de hogar- y queremos decidir nosotros y no el banco a qué entidad confiamos nuestras pólizas. Se denomina cláusula de dominio. La conocí antes de alcanzar la mayoría de edad. Si quien les venda una póliza les pregunta de entrada por el nombre y apellidos del beneficiario es una muy buena señal de que sabe lo que hace.

Todas estas ventajas establecidas en los contratos mucho antes de la ley 50 de 1980 son sólo para contratos suscritos con entidades aseguradoras específicas distintas de las del coche, el hogar y la salud aunque la entidad tenga el mismo nombre publicitario de mercado. Son ventajas que, desgravaciones habidas o futuras aparte, jamás ha ofrecido ni podrá ofrecer por ley un Plan de Pensiones de adhesión del partícipe mediante sus aportaciones a un Fondo de Pensiones. Son ventajas que toda entidad aseguradora con clase ofrecerá siempre si en su red comercial interna prima con profesionalidad un personal competente que se dedique a comercializar sus productos -a los corredores de seguros colegiados preferentemente- en vez de cambiar el discurso vendedor por la vileza del discurso comprador, consistente en comprar carteras ofreciéndole el oro y el moro en plan yupi con corbata a un mediador experimentado (agente libre de seguros, corredor de seguros o mediador de seguros colegiado) entre las que mantiene con otras aseguradoras. “Yo te ofrezco mi aseguradora que no es mía en condiciones óptimas para ti y tu cliente y tú traspasa volumen de negocio a ser posible carteras enteras y a la competencia que le den”. Sin entender ni querer entender el yupi ni la aseguradora de turno que lo mantiene en nómina que las carteras son el volumen de negocio que crece en línea ascendente año tras año gracias a la aportación de nuevos clientes y nuevas operaciones en los clientes existentes a pesar de las inevitables anulaciones. Crece sólo si hay prospección creativa de mercado, identificación de necesidades verdaderas y sabiduría comercial para llevar al cliente potencial hacia la propia oferta y no al revés, preguntándole sin machacar en vez de machacar sin preguntar. Por ejemplo anecdótico anticomercial: Vender una póliza de vida hablando del bienestar futuro de la esposa y de los hijos si usted falta y cuando ya está la solicitud rellena preguntarle al cliente por el beneficiario. Y el cliente responde: “Estoy soltero y no tengo hijos”.

Disculpen el rollo. Pero no admito que me ofrezcan Planes de Pensiones del Corte Inglés al visionar mi último artículo publicado en Forum Libertas, artículo que no guarda relación con el tema expuesto. De momento he percibido el complementario de invalidez de mi póliza de vida por situación ITP (invalidez total permanente definitiva para trabajar económicamente absoluta). La otra es la absoluta clínica o gran invalidez. El grado de disminución me fue otorgado un año después y eso que lo solicité antes de mi última baja laboral siguiendo el consejo de una compañera de trabajo que sabía que esto tardaba y que me veía “tocado”. El sistema funciona así. Dentro de muy pocos años -si estoy vivo- percibiré el capital diferido con un capital garantizado calculado en base a un interés técnico del 6% de la inversión de las reservas matemáticas de la prima comprometida pagada y la pendiente de emisión todavía no debida. Era el interés técnico habitual de este tipo de contratos en el mercado asegurador español a finales del siglo XX. Bajó poco después al 4%. Si El Corte Inglés necesita consejos gratis con mucho gusto se los daré pues cuando me conviene he sido siempre cliente.

Vigilen ustedes con los programas informáticos que rastrean y los que comparan gestionados por los empleados de banca y tal vez de las aseguradoras sentados ante el ordenador con la información detallada que ustedes les faciliten. Dicen por televisión con perritos y lupas que mejoran el coste de sus seguros -sin tener pajotera idea de la profesión aseguradora y de lo que pasa cuando acontece un siniestro- en caso de seguro barato como ese del todo riesgo a precio de terceros para el automóvil. ¿Alguien es tan imbécil como para creérselo? El imbécil soy yo por no denunciar al Rastreator y al Comparador de Seguros ante la Dirección General de Seguros y en el juzgado de guardia. Profesionales de seguros son tanto los de plantilla de entidad como los de la distribución, muy especialmente los empleados del Corredor o Correduría de Seguros con título homologado por el Ministerio de Hacienda para el ejercicio de su profesión libre de elección de aseguradoras. Todos ellos merecen a priori mi confianza.

¿Pero quiénes son los empleados de aseguradora? Las últimas referencias que tengo son de febrero de 1998, es decir las mías EN CALIDAD DE INSPECTOR COMERCIAL DE ZONA CON CATEGORIA LABORAL DE OFICIAL DE PRIMERA EN NÓMINA MÁS RAPEL O INCENTIVOS POR NUEVA PRODUCCIÓN EMITIDA Y SATISFECHA CON CUMPLIMIENTO DE OBJETIVOS, GASTOS DE LOCOMOCIÓN Y MANUTENCIÓN APARTE, en prestigiosa aseguradora de vanguardia. No les digo el nombre. Tendría que señalar a quién se la merendó mediante una OPA, la misma que me abonó el seguro de vida por el complementario de invalidez y me abonará si estoy vivo mi capital diferido, pagando el precio por mi parte en su día del ingreso en el desempleo. ¿Y si me muero qué pasa? Pues que mi esposa cobrará el montante de primas pagadas y podrá sufragar los gastos de mi sepelio. ¿Quién gana con un seguro del Ramo de Vida? ¡Yo sí!

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