¿Qué leñe de Alianza de Civilizaciones es ésta?

Lo que está sucediendo en Marruecos, con los inmigrantes subsaharianos que pretenden cruzar la frontera en Ceuta y Melilla, es una tragedia y una inju…

Forum Libertas

Lo que está sucediendo en Marruecos, con los inmigrantes subsaharianos que pretenden cruzar la frontera en Ceuta y Melilla, es una tragedia y una injusticia que nos concierne a todos, empezando obviamente por el Gobierno como principal responsable, pero también a toda la sociedad española. Una cosa es que no se pueda abrir la frontera indiscriminadamente y otra muy distinta lo que está sucediendo, que constituye un ejemplo de inhumanidad que el Evangelio condena reiteradamente con dureza.

 

Existe una responsabilidad clara y rotunda de Marruecos por la corrupción de su policía, por permitir durante meses concentraciones de inmigrantes en condiciones muy penosas, pero sobre todo por su reacción de última hora, que debe ser condenada en el ámbito internacional. En primer lugar, no se puede matar a inmigrantes de frente o por la espalda disparando contra ellos. Es cierto que, en la frontera entre México y Estados Unidos, murieron el año pasado más de 400 personas. Pero, todo hay que decirlo, esta cifra hay que relacionarla con el millón de mexicanos y centroamericanos que la cruzaron. Las muertes fueron por la dureza del tránsito, el desierto, ahogados en el río, pero no existen datos fehacientes que indiquen algo como lo que ha sucedido en Marruecos: disparar a bulto contra los que pretenden cruzar la frontera. Pero si esto ya era grave, todavía lo es más la manera como están tratando a tantas personas, esposadas y metidas a la fuerza en autocares sin agua ni comida y conducidos a un destino incierto hacia el sur desértico. Antes cometieron el acto criminal de dejar a centenares abandonados en pleno desierto sin alimentos. Son actos genocidas y, como tales, deben ser condenados por la comunidad internacional, que debería actuar con urgencia.

 

Naturalmente, todo esto afecta directamente al Gobierno español por distintas y graves razones. La más inmediata es que, hace pocos días, mantuvo una reunión del más alto nivel con el Gobierno de Marruecos sin entrar a fondo en esta cuestión. No sólo eso, sino que España aumentó de forma importante sus aportaciones a fondo perdido y en ayudas sin introducir ninguna obligación sobre el trato a los inmigrados. No hay derecho a que el jefe del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero, aporte más de 150 millones de euros para actuaciones en medio ambiente por parte de Marruecos y se olvide de los negros que pasan hambre y mueren frente a la frontera española. ¿Qué leñe de Alianza de Civilizaciones es ésta?

 

El Gobierno español ha perdido el pequeño espacio de credibilidad que le quedaba en el ámbito internacional. Enfrentado a Estados Unidos y al Vaticano, perdido el aliado alemán y con Francia fuera de juego, España se encuentra aislada en el ámbito de Occidente. Su discurso pro árabe y tercermundista, lo único que le quedaba, se acaba de estrellar ante las vallas de Ceuta y Melilla. Pero el Gobierno tiene el deber moral y político de actuar. Tiene que solicitar con urgencia una intervención de Naciones Unidas y de su agencia para los refugiados, con el objetivo de que estos miles de personas que vagan entre Ceuta y Melilla y la nada del desierto sean acogidos y tratados como personas, fuera del alcance masacrador del Gobierno marroquí. Y debe conseguir que esta acción sea apoyada económicamente por la Unión Europea (UE) como medida de absoluta urgencia. Esto no resuelve el problema, simplemente palia la desesperación de los africanos condenados por buscar un futuro mejor.

 

Pero esta situación interpela también al Partido Popular (PP), que debe proponer y actuar en el ámbito internacional para atenuar el desastre humano que se está produciendo. Siendo el primer partido de la oposición, no es suficiente que se conforme con la crítica, sino que debe utilizar sus buenas relaciones con Estados Unidos, con muchos gobiernos de la UE, con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, para dinamizar las respuestas de emergencia. Interpela también a la Iglesia, que debería manifestarse con una voz clara y potente denunciando la injusticia que se está produciendo. Lo ha hecho siempre, y ahora es momento de repetirlo una vez más y con mayor fuerza.

 

Pero también nos llama a todos y cada uno de nosotros personalmente, a las organizaciones a las que pertenecemos, a los partidos y a los sindicatos. Esta tragedia tan próxima que la televisión nos sirve cotidianamente tiene que estar al servicio de una transformación substancial de nuestra política inmigratoria, de ayuda al desarrollo, y con ella la de la Unión Europea, dirigida a paliar primero y reducir después estos flujos de personas del África subsahariana con la única respuesta posible: inversiones en sanidad, enseñanza, agricultura, apertura de los mercados europeos, tutela de la gestión de estos países para evitar la corrupción y el neopotismo.

Hazte socio

También te puede gustar