¿Qué ocurre en Barcelona?

En tres editoriales sucesivas, Forum Libertas ha venido aportando argumentos para aquellos que han realizado determinadas críticas a la visita …

Forum Libertas

En tres editoriales sucesivas, Forum Libertas ha venido aportando argumentos para aquellos que han realizado determinadas críticas a la visita del Papa a Barcelona. Pero, además de este hipercriticismo, hay otro de signo opuesto que no acaba de asumir el gesto papal de consagrar la Sagrada Familia y se formula preguntas del tipo: ¿Qué sucede en Barcelona? Y la respuesta solo puede ser esta:

Pues que se está construyendo la Sagrada Familia, un templo extraordinario, la llamada hoy “Catedral de Europa” es un signo y además un signo tan grande que consiguió emocionar al Papa y a muchos que tuvieron ocasión de participar o ver su dedicación.
Si se construye es porque existe una continuidad histórica. Hay un origen, un desarrollo, pero también un presente que lo hace posible. Durante muchos años ha crecido lentamente, tozudamente, por la gracia de las limosnas que con este fin se entregaban. Todo esto ha sido así hasta hace relativamente poco tiempo, cuando el templo y la figura de Gaudí, habiendo crecido, han impactado al mundo. A partir de ahí los visitantes se han multiplicado hasta convertirse en una afluencia masiva, el lugar más visitado de Barcelona por encima de cualquier museo incluido el del Fútbol Club Barcelona. Es el reconocimiento popular a escala global, y esto se realiza sobre un templo, sobre un gesto, el de su vocación expiatoria, y sobre un arquitecto en proceso de beatificación. Esto es lo que ocurre en Barcelona y sería injusto no verlo y no subrayarlo porque entonces estaríamos olvidando que el Papa, por mucho que a determinados hipercríticos les pese, ha ido a Barcelona por un gran motivo. Más de 150 millones de espectadores lo constataron visualmente, fue una de las más claras y potentes manifestaciones de la belleza del Cristianismo.
Esto sucede en Barcelona y, sin hacer de ello bandera, tampoco se puede ocultar que el arquitecto genial que entregó su vida y su obra al servicio de Dios era un catalanista convencido, tanto que fue detenido por este motivo.
Flaco favorhacen a la Iglesia quienes cuentan las banderas de salutación al Papa en función de sus colores, los que reducen el esquema de la diócesis de Barcelona a una cuestión de progresistas y catalanistas. Que solo, y que en base a eso solo, saben verla como una acumulación de fracasos. A algunos incluso les parece mal que la Sagrada Familia sea tan grande porque escriben que no va a ser utilizada como templo. Cuanta ceguera, cuanta ignorancia. Porque la Sagrada Familia hace tiempo que es una parroquia y que funciona bien, con una gran actividad. Ésto sucede en la cripta. En la planta de la Basílica es evidente que su dimensión y capacidad, hasta nueve mil personas caben, limita su uso, algo común a las grandes catedrales y basílicas de Europa, incluidas las de la propia Roma, pero a pesar de ello está previsto su culto regular y la celebración de grandes encuentros, posiblemente el primero en una fecha muy cercana. Pero es que además, como un acto litúrgico, la belleza física de la Sagrada Familia cumple su función religiosa mostrándose a los visitantes creyentes y no creyentes que acuden a ella. Gaudí concibió una iglesia que mostraba en piedra el Evangelio, que da testimonio y predica con su presencia.
Los que no saben ver nada más que la paja en el ojo ajeno niegan, incluso ahora, el buen resultado de la gestión del cardenal Sistach, que ha sabido unir Gaudí, el templo y el Papa y ha dado una incuestionable inyección a los católicos; y no solo de su diócesis, porque la dimensión local de Gaudí y su obra es tan bella que le da un sentido universal. Como la propiaIglesia. No ver todo eso, complacerse solo en las dificultades y los problemas, ni únicos ni específicos, es estar incapacitado en razón de la ideología para asumir la realidad.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos
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