¿Qué podemos hacer? Una jerarquía

Meditando el Evangelio de San Juan, una vez narrada la infancia de Jesús, es decir desde el capítulo cuarto, se nos presenta una secuenc…

Meditando el Evangelio de San Juan, una vez narrada la infancia de Jesús, es decir desde el capítulo cuarto, se nos presenta una secuencia que creo que es nítida, señala el orden de las cosas que el propio Jesús nos presenta, y que responde a muchas preguntas sobre el quehacer.

Primero aparece, con las tentaciones del Diablo en el Desierto, la primacía del culto a Dios, el rechazo de que podamos realizarnos solo satisfaciéndonos de bienes materiales. Esto es muy anti época, pero es lo que hay, lo que debe ser. Y también surge la rotunda prohibición de tentar a Dios pidiéndole que nos demuestre su omnipotencia. De todas estas afirmaciones se desprende un juicio cristiano, que es de aplicación en nuestra vida personal y familiar, así como en la vida en comunidad, al empeño colectivo en la plaza pública.

La segunda escena nos manda llevar antes que nada la buena nueva a los pobres, a los que lo son en lo material, por descontado (quizás también a los que lo son en el ser, y no solo en el poseer), liberar a los cautivos y oprimidos, devolver la luz a los que no ven, proclamando con todo ello el año de gracia del Señor. ¿Qué hacemos como individuos y en la vida social, política, para cumplir con todo esto como exigencia cristiana?

No basta con dar culto a Dios si nos olvidamos del mandato de Jesús hacia el hermano, pero este deber no puede desplazar, menospreciar, el primer requerimiento, porque es desde ahí que empieza todo: “adorar al Señor, tu Dios”. La experiencia histórica y la observación personal nos lo hace evidente. Cuando olvidamos a Dios o lo relegamos como accesorio, para servir solo al necesitado, a la justicia social, se acaba engendrando monstruos; eso fue el comunismo. Los dos movimientos de la conciencia han de ir entrelazados, y jerárquicamente ordenados. Uno es la raíz, el otro el tronco. Sin raíces el árbol muere.

Este orden de Dios tiene su paralelismo en una exposición mucho más antigua, el Génesis, donde primero se produce el pecado contra Dios impelido por el Diablo, la culpa original, la ruptura con el orden inicial creado por Dios para el hombre, y solo después surge el fratricidio de Caín contra Abel, el inicio del mal humano del hombre que mata a su hermano en Dios. Primero la falta hacia Dios, que desemboca en la envidia, el asesinato, la guerra entre hermanos.

La secuencia que establece el Evangelio de Juan nos dice más, mucho más, sobre el quehacer y su orden, porque todo seguido se refiere a la enseñanza, la atención a los demás, a la predicación y al mandar, fruto del reconocimiento de la autoridad. Tratar y reflexionar sobre estos otros puntos puede ser tarea para otro día.

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