¿Quiénes apoyaron la visita del Papa a Barcelona?

Algunos medios de comunicación catalanes han seguido hablando a diario del viaje del Papa Benedicto XVI a Barcelona dos semanas después …

Algunos medios de comunicación catalanes han seguido hablando a diario del viaje del Papa Benedicto XVI a Barcelona dos semanas después de haberse producido. Unos han reconocido su importante impacto ciudadano, más allá incluso del aspecto religioso, pero tampoco faltan los que no aflojan una y otra vez en seguir atacando a la Iglesia y al Papa. Algunos de estos últimos son medios públicos financiados con recursos pagados por todos los ciudadanos. Los mismos directivos, periodistas y tertulianos que se mostraban indignados por los gastos del viaje del Papa viven, no unos días sino siempre, del presupuesto.
El conjunto del viaje fue un éxito y, en el aspecto humano, sin duda hay que agradecerlo en primer lugar al cardenal Lluís Martínez Sistach y al responsable de la organización, Enric Puig. A partir de ellos a todos los que colaboraron, hasta el último voluntario o las personas que desde lugares alejados se desplazaron a Barcelona para el acontecimiento. No puede dejarse de lado la magnífica cobertura realizada por TV3, o la posición de amplia información y claro apoyo de algunos medios, entre los que por su relevancia destaca La Vanguardia, el rotativo más importante de Cataluña, o de diversas entidades que se movilizaron, entre las que destacó e-cristians.
Cuando se ha realizado alguna actividad hay que hacer balance del resultado y de los medios que a ella fueron destinados. Del viaje de Benedicto XVI no podemos cuantificar los frutos espirituales, aunque esperamos y deseamos que sean muchos. Con el paso del tiempo quizás se evidencien algunos de sus efectos. En sentido inverso, sí puede haber una aproximación en algunos aspectos humanos relacionados con la visita del Santo Padre.
Me centraré en analizar un aspecto bastante cuantificable, el de la asistencia a los actos, al número y la actitud de las personas que acogieron al Papa ya sea en los propios actos del Tempo de la Sagrada Familia, o del centro de las religiosas Niño Dios, como en la plaza de la Catedral el trayecto recorrido por el Pontífice por las calles de Barcelona, o la despedida en el aeropuerto.
Demos por buenas las cifras municipales de 250.000 personas asistentes en total. ¿De dónde han salido? ¿Qué organizaciones (en sentido amplio) las han movilizado?
Si se descuentan unos pocos curiosos, puede asegurarse que se trata en su casi totalidad de personas católicas. Fieles que, por tanto, en su mayor parte reciben su formación religiosa, atención espiritual, ímpetu apostólico, a través de organizaciones cristianas de algún tipo.
En líneas básicas, en Cataluña, puede decirse que los ámbitos principales que de alguna forma encuadrarían a estas personas serían:
las parroquias
los colegios y demás centros de educación a todos los niveles (de religiosos o no, pero de base cristiana. Estos pueden tener influencia tanto en los muchachos como en sus familias. Baste recordar que el 38 % de la enseñanza en Cataluña es concertada, y de ella la mayor parte son colegios religiosos. Las familias que llevan a sus hijos totalizan cientos de miles de personas)
los movimientos (en sentido amplio, organizaciones que pueden ir desde una prelatura hasta cualquier asociación o agrupación de fieles que forman parte de la Iglesia y dependen de la Jerarquía, pero no directamente adscritos a la estructura parroquial)
Pudo observarse de forma muy clara en las semanas previas a la visita del Papa, ¿Quiénes se movían? ¿En dónde se veía el interés por organizar actividades que iban desde encuentros de oración hasta conferencias, reuniones informativas o cine-forums relacionados con ello? ¿Quiénes procuraban vender camisetas o banderas vaticanas o impulsaban a poner éstas y/u otras en los balcones?
La respuesta es fácil si se conoce el terreno:
Sólo un pequeño porcentaje de parroquias y de colegios se implicaron en serio y fueron muy activos. Debe reconocérseles el esfuerzo. El resto, la mayor parte, adoptaron una actitud muy apática. En algunos casos incluso adversa. Y, ya muy minoritario, muy hostil.
Quienes más activos se mostraron fueron los movimientos, y sus miembros, además, fueron en general los más entusiastas en pro del Papa. De ellos eran, entre otros, la mayor parte de los jóvenes de la plaza de la Catedral, o de la despedida del aeropuerto, o los cientos de chicas que haciendo flashmob bailaron en plaza Cataluña.
No se trata de lanzar acusaciones –y además no se cita a nadie en concreto- pero es un asunto que debe plantearse sin ninguna acritud. Un altísimo porcentaje de colegios católicos y de parroquias “pasaron” del Papa y de las llamadas del cardenal-arzobispo de Barcelona. En el propio arzobispado deben saber quiénes son los que de verdad arriman el hombro cuando se necesita.
Porque lo ocurrido con el viaje del Papa no es un asunto aislado. Si lo fuera, lo ocurrido no sería grave, incluso poco relevante. Aunque no deja de ser algo rarillo para quien sabe que el Papa es el Vicecristo en la tierra, es legítimo que unos católicos no se sientan entusiasmados por su viaje y no tengan interés en asistir a los actos ni en movilizar a otros. No es ningún dogma en el que hay que creer, pero esto, como otras cosas, es un índice del grado de vibración católica. Uno se da perfectamente cuenta de que la mayor parte de quienes no han hecho nada para con el viaje del Papa son los mismos que cuando se promulga una ley inicua, como la del aborto u otras, tampoco se mueven en absoluto y se doblegan a ella sin más; lo que cuando llegan elecciones siguen votando a partidos claramente hostiles a la doctrina de la Iglesia; lo que no hacen apostolado y nunca se muestran como cristianos ante los demás en la familia, el trabajo o el ambiente social, escudándose en que es un asunto de conciencia, o que su sentido de Iglesia sólo tiene su referencia en el sentido del poder y no del servicio. Otros, con sentido social muy positivo, a veces no saben bien lo que es la Iglesia, o no se dan cuenta de que el sarmiento debe estar unido a la vid para ser fructífero. A nivel más amplio, ahí están colegios teóricamente religiosos en los que jamás se da formación cristiana y que los muchachos salen de ellos sin una brizna de base católica, o parroquias en las que hace mucho que no se confiesa a los fieles, etcétera.
En suma, sin juzgar conciencias de nadie, el viaje del Papa ha sido un termómetro para detectar la temperatura espiritual. Aparte un alto número de ciudadanos que vivieron al margen del viaje, pero que en sentido estricto difícilmente se les puede considerar cristianos porque llevan una vida totalmente al margen, entre los que sí se consideran católicos abundan los tibios.
Sin entrar en más conjeturas permítanme un símil: si en su trabajo profesional mostraran el mismo entusiasmo que en su vida cristiana haría mucho tiempo que estarían en el paro.
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