Rajoy-Arriola y el aborto: las cuentas del Gran Capitán

No deja de ser sorprendente que la misma persona que ha ignorado toda razón moral a la hora de cargarse un proyecto de ley aprobado por el Cons…

No deja de ser sorprendente que la misma persona que ha ignorado toda razón moral a la hora de cargarse un proyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros con todos los dictámenes favorables, el del CGPJ y del Consejo de Estado, apele al mismo tiempo a “la fuerza moral” para abordar el tema de Cataluña. Rajoy está descalificado para utilizar la razón moral en cualquier tema, porque esta no existe en unas cosas sí y en otras no. O es una unidad o como tal moral no existe. Y, dicho de paso, ¿puede gobernar, es decir puede procurar el bien común, un gobernante sin razones morales?, ¿quién puede fiarse de él?

Las contradicciones que su suicida posición sobre el aborto han abierto tendrán muchas dimensiones distintas. Un ejemplo: Rubalcaba, hasta ahora silencioso, en un artículo de este jueves, 25 de septiembre, en El País ya le ha dicho al PP que retire su recurso de inconstitucionalidad sobre la ley Aído que hace ¡cuatro años, cuatro! que vegeta en el Tribunal Constitucional, por una razón evidente: si Rajoy acepta no tocar la ley es que la considera constitucional, porque si opinara lo contrario no se habría desdicho de la decisión de modificarla; y si es así el recurso no tiene sentido. Y, ¿puede ahora el TC desdecirse de su anterior jurisprudencia sin abrir otro enorme boquete a su pérdida de prestigio, negando la protección del nasciturus en las primeras semanas de vida, en las que solo prevalece el deseo de la madre? El aborto puede abrir una brecha más en el descrédito de las instituciones españolas.

El PP argumenta que su decisión de desechar una ley aprobada por el Consejo de Ministros, un hecho inaudito en democracia, se debe a que dividía a la sociedad. Vale, pero cuando Aído llevó al Congreso la actual ley del aborto, que cruzaba diversas líneas rojas, sobre todo con la de la aplicación de un sistema eugenésico sistemático durante todo el embarazo, sin molestarse en precisar qué es una malformación que justifique el aborto, ¿acaso no dividió a la sociedad española?, ¿o es que solo la dividen unos, los que defienden la vida?

La otra razón aportada es que perdían votos contados por Arriola, el gurú del PP. Que un partido serio tenga un gurú lo convierte en una broma; que sus opiniones puedan impedir que una ley aprobada siga su curso, en una tragicomedia. Porque además este gurú no es neutral en este tema. Tanto el cómo su mujer, destacada dirigente del PP, militan públicamente en las filas de los defensores del aborto a ultranza.

Pero, sigamos el hilo del argumento: ¿hace perder votos la ley al PP? Digamos que la pregunta en sí misma ya incorpora un sesgo de perjuicio y además profesionalmente está mal planteada. La pregunta es otra: ¿qué da más votos seguros, retirar la ley o tramitarla? Porque, si bien puede ser cierto que “nuevos votantes potenciales del PP, especialmente mujeres jóvenes, podían rechazar la ley”, también lo es que esto es solo una parte de la historia. La otra es la de cuántos votantes del Partido Popular, no “potenciales” sino verificados en otras elecciones, van a perder con su decisión, y cuál es el balance neto. ¿Qué cabeza bien amueblada regentaría una empresa a base de perder clientes fijos para ganar unos hipotéticos nuevos en tiempos de crisis? Y, sobre todo, ¿quién prescindirá de contar la pérdida de los clientes de toda la vida? Pues esta es la cabeza que gobierna el PP y se llaman Rajoy-Arriola.

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