Reaparecen costumbres de la Roma antigua

Leo en al libro La Antigua Roma, de Philip Matyszak, que en torno al pomerium, los límites de la ciudad, se podían escuchar “llantos procedentes de bebés que sufren de hambre o sed. Otros, simplemente, se quedan callados, demasiado débiles hasta para gemir. Estos recién nacidos han sido abandonados por sus padres como res vacantes (objetos a cuya posesión sus previos dueños habían renunciado), para morir o para ser recogidos por quien quiera hacerlo. Algunos son deformes, otros son niñas nacidas en familias que no se pueden permitir otra hembra. Los más afortunados serán recogidos por familias que los quieren. Algunos serán recogidos para convertirse en esclavos domésticos o mascotas, y algunas de las niñas para trabajar en los burdeles”. Esta concepción del niño como objeto fue cediendo al influjo de la fe cristiana, que cambió esta percepción y acabó finalmente con la exposición de niños, tan común en la antigüedad y en otras culturas. No es de extrañar que la retirada del influjo cristiano haga reaparecer estas costumbres, que pueden adoptar nuevas formas pero mantienen una misma visión del niño como objeto a disposición del capricho del adulto. Aborto postnatal, vientres de alquiler, maternidad subrogada, detección intrauterina de malformaciones… Todas ellas prácticas florecientes o que aspiran a serlo en nuestros días y que son dignas herederas de aquellas otras prácticas romanas que finalmente llegaron a avergonzar a los propios romanos.

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