Reconstruyendo las virtudes cívicas (II): el sentido del deber

MacIntyre señala que algo parecido a lo que sucede con la ‘moralidad’ (enlace) acaece con el ‘deber’, un concepto inherente a la moral, pero en…

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MacIntyre señala que algo parecido a lo que sucede con la ‘moralidad’ (enlace) acaece con el ‘deber’, un concepto inherente a la moral, pero en un sentidodistinto al que las lenguas antiguas y medievales le otorgan en relación a como ha sido entendido y aplicado por los enciclopedistas. Para éstos, el deber es algo que debe hacerse porque está mandado por alguna autoridad o canon, sin más. Pero en nuestra tradición cultural originaria no es así.

El deber posee fuerza a causa de unas razones dadasque remiten a un bien especifico, y por ello necesitan de un conjunto de creencias compartidas por la comunidad respecto a lo que es bueno para los seres humanos. De ahí surge el deber. Para la Ilustración es un dato impuesto, para la tradición una afirmación que fluye de la propia vida de la comunidad.Pero, como afirma MacIntyre, si se destruye esa comunidad de sentido y se la substituye por el individuo aislado moderno, que se encuentra solo en una sociedad de una multiculturalidad inacabable, donde los bienes morales son indeterminados y, por ello, inciertos, y carecen de jerarquía, de manera que talarun árbol puede tener mas controles públicosy penalización que abortar la vida de un ser humano, entonces ya no es posible relacionar el deber con algún bien, convirtiéndoseen un imperativo impersonal, abstracto e universal, que acaba por no ser comprendido.

El deber de respetar la vida humana es un buen ejemplo. En la medida que por motivos utilitaristas la vida se condiciona aleatoriamente y se puede acabar con total libertad con ella, en unos países hasta las 12 semanas, en otros alcanza a las 16, incluso las 24 semanas, todos los limites sobre la vida humana y el respeto a su soporte material, la dotación genética, tienden progresivamente a desaparecer en función de la utilidad que su liquidación entraña para unos sujetos concretos, los que poseen el poder en un momento determinado. Y así se generaliza el aborto eugenésico, una barbaridad concebida desde una perspectiva racista. O se razona la eutanasia y el suicidio asistido o se limitan los servicios de la sanidad pública –pero no para quien pueda pagárselo- en función de la edad de la persona. Todo esto sucede y crece a un ritmo acelerado porque la comunidad, y su marco de referencia donde la vida tenía sentido ha desaparecido, y con ella la fluidez del sentido del deber, en este caso de protegerla.

Entonces el ‘deber’ se transforma en una utilidad sujeta al relativismo de la circunstancia y no al bien de a comunidad, por consiguiente muy condicionado en términos reales por elbeneficio y elmercado.
El deber y la moralidad (enlace)en nuestro tiempo son residuos de un pasado cada vez más alejados de la comprensión de la gente. Son simplemente restos arqueológicos de un mundo aparentementedesaparecido. Pero en realidad no hay tal. El hecho que de una manera recurrente exista una resistenciaa prescindir de las dimensiones morales y del sentido del deber como algo ligado al bien comúnsignifica que realmente funciona lasindéresis, la sindéresis de la comunidad tomista, es decir la facilidad con que las verdades morales son comprendidas por la inteligencia práctica del ser humano, debido a la ley natural. La degeneración cultural, por utilizar la expresión del propio MacIntyre, puede cegarnos parcial o temporalmente pero nunca puede eliminar de forma permanente aquella capacidad racional de identificar el bien e interesarse por la verdad. Esta es la sólida esperanza donde realizar la tarea de un nuevo renacimiento.
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