Recordando el ‘caso Morín’ (I): los inicios

Después de que la Audiencia de Barcelona haya absuelto al doctor Carlos Morín y al resto de inculpados por practicar 89 supuestos aborto…

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Después de que la Audiencia de Barcelona haya absuelto al doctor Carlos Morín y al resto de inculpados por practicar 89 supuestos abortos ilegales en clínicas de Barcelona, al considerar el tribunal que todas las interrupciones de embarazos se hicieron con el consentimiento y petición de las embarazadas, bueno recordar todos aquellos detalles que en el pasado reciente fueron construyendo el ‘caso Morín’.

Todo empezó en octubre de 2004, cuando dos periodistas del Sunday Telegraph publicaron un amplio reportaje sobre los abortos que presuntamente irregulares que se practicaban en una clínica privada barcelonesa, Gionemedex, alegando “urgencias ginecológicas”.

El interés de los dos periodistas que iniciaron la investigación venía precedido del escándalo que en el Reino Unido provocaba el hecho de que alrededor de 1.200 mujeres británicas se desplazan cada año a Barcelona para abortar ilegalmente en ese centro.

Los casos denunciados hacían referencia a interrupciones de embarazos de hasta 30 semanas de gestación, cuando la ley del Reino Unido sólo permitía el aborto hasta las 24 semanas.

De incógnito en "los campos de la muerte"

El Sunday Telegraph definía entonces a la clínica abortista catalana como “los campos de la muerte” y, según el reportaje de la publicación británica, probablemente en la mayoría de los casos de los abortos practicados se trataba de fetos en perfecto estado de salud y de madres sin riesgos físicos o psíquicos, ya que de nor así hubieran podido haber abortado en su país.

“Si usted tiene un embarazo normal y quiere abortar, lo que ponemos en el papel es que había una urgencia ginecológica”, aseguraba entonces una responsable del centro a los dos periodistas británicos que llevaron a cabo la investigación.

Para poder hacer el reportaje, una joven reportera de este rotativo, embarazada de 26 semanas, entró de incógnito en septiembre de ese año en Ginemedex junto a otro periodista, que se hizo pasar por su compañero sentimental y que llevaba una cámara oculta.

La publicación del reportaje dejaba patente la clara ilegalidad que suponían ese tipo de intervenciones según la normativa británica: abortar fetos de más de 24 semanas sin ninguna causa médica justificada, sólo por “motivos sociales”.

Le practicaron una ecografía en la que le informaban que el feto era “absolutamente normal y sano” y un tal doctor Tanda se mostró dispuesto a realizar la intervención, Charlotte Edwardes, la reportera infiltrada, aseguró que, “de repente, me sentí atrapada en esta cámara de los horrores”.

Le pidieron 3.200 euros por el hecho de que el feto se aproximaba a las 30 semanas, el límite establecido por la clínica. El médico estaba auxiliado por una enfermera británica llamada Victoria, que era la encargada de atender a los clientes que provenían del Reino Unido.

Hay que destacar que Ginemedex mantenía relación con una de las instituciones británicas que facilitaban abortos y que recibía entonces subvenciones del Sistema Nacional de Salud, el British Pregnancy Advisory Service (BPAS). El BPAS aconsejaba abiertamente a mujeres al límite de las 24 semanas de gestación que si querían abortar podían dirigirse a la clínica barcelonesa, facilitándoles el teléfono de contacto.

Las investigaciones siguieron

Días después, otro equipo del mismo diario británico se presentaba nuevamente en Barcelona para seguir investigando y promoviendo que se hiciera justicia ante este fraude de ley.

Los periodistas se entrevistaron el 15 de octubre de 2004 con el presidente de e-Cristians, Josep Miró i Ardèvol. También tenían previstos, entre otros, sendos contactos con un representante de la Generalitat de Cataluña. Los responsables de Ginemedex, por su parte, se negaron a recibirles.

Por otro lado, los periodistas del rotativo británico no limitaron su trabajo a España. En su propio país, el entonces Gobierno de Tony Blair abrió una investigación sobre la fundación BPAS, por ayudar económicamente a chicas británicas para que viajaran a Barcelona a abortar, recomendándoles específicamente la clínica Ginemedex, y con dinero público.

Reportaje filmado por la televisión danesa

Por otra parte, los casos de abortos ilegales practicados supuestamente por la clínica Ginemedex volvieron a ser noticia dos años después, en octubre de 2006, cuando la televisión pública danesa emitió un reportaje en el que se demostraba que este centro no pone reparos en practicar un aborto a una mujer en avanzado estado de gestación.

Mediante cámara oculta, un reportero acompañado de una mujer supuestamente embarazada, grabó al doctor Morín asegurándole que no habría ninguna dificultad para practicar un aborto.

El único inconveniente era la edad del feto, casi sietemesino, aunque insistía en que el hecho de ser más compleja la intervención sólo afectaría al precio a pagar.

El reportaje mostraba como el director de Ginemedex inducía con razones falsas a que la mujer se aviniera a cumplimentar un texto en el que se planteaba que padecía una grave enfermedad mental.

En ese sentido, no se planteaba ningún tipo de reconocimiento médico y todo estaba fundamentado en una simple transacción comercial que rondaría los 6.000 euros.

La pareja abandonó el centro médico con la excusa de que iban a sacar el dinero para llevar adelante la interrupción del embarazo.

Poco después, el periodista volvió como tal al centro informando de que venía como profesional de la televisión pública de Dinamarca y que solicitaba una entrevista con la misma persona con la que habían hablado.

Aparecía entonces el director con muestras de desconcierto intentando argumentar ante el periodista que éste no le había entendido bien antes. Ante los manifestaciones del periodista en el sentido de la evidente ilegalidad que se cometía en la clínica, el director se enfadaba y lo expulsaba del centro.

El reportaje fue emitido también en Holanda, Inglaterra y Alemania. La televisión danesa hizo una oferta del programa a la televisión de Cataluña, TV3, sin que se llegara a aceptar.

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