Reducir las desigualdades, gran reto para América Latina según el Informe de Desarrollo Humano

La situación de América Latina no ha variado mucho, según el último  Informe de Desarrollo Humano, presentado el pasado miércoles por Naciones Unidas….

La situación de América Latina no ha variado mucho, según el último  Informe de Desarrollo Humano, presentado el pasado miércoles por Naciones Unidas. Argentina lidera la lista de países de esta zona, en el puesto 34 del mundo, sobre la base de tres indicadores: crecimiento económico, educación y sanidad. En la lista de 175, liderada por Noruega, aparecen entre los 60 primeros 7 naciones latinoamericanas, con Chile en el 37º lugar, Uruguay en el 46º, Costa Rica en el 47º, Cuba en el 52º, México en el 53º y Panamá en el 57º. Por debajo, dentro de la denominada ‘zona media’, se sitúan Brasil (número 63), Colombia (69) y Venezuela (75). Finalmente, en el grupo de cola, están Bolivia (113), Honduras (116), Guatemala (117) y el resto de países hasta Haití, situado en la posición 153.

 

Pero según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), institución que ha elaborado el informe, el principal desafío de América Latina no es tanto el de aumentar la renta per cápita, pese a todo inferior a la media mundial, sino sobre todo las persistentes desigualdades a nivel social, unas diferencias que se traducen en la ausencia casi total de una verdadera clase media en todos los países. Brasil es el principal referente de esta situación, ya que el 10 por ciento de sus ciudadanos más pobres se beneficia solamente del 0,7 por ciento de los ingresos nacionales mientras el 10 por ciento de los más ricos gestiona casi la mitad (47 por ciento).

 

Las desigualdades sociales existen desde las edades más tempranas, como sucede en Bolivia y Perú, donde la mayor tasa de mortalidad infantil se concentra en las capas más pobres de la población y es hasta 5 veces más alta que la registrada entre los que gozan de una situación de bienestar. “Son muestras inaceptables sobre cómo la desigualdad priva a las personas de las libertades fundamentales y de unas oportunidades básicas”, afirma el informe. Por otro lado, en el ámbito laboral, se producen elevadas diferencias de trato, hasta el punto de que sólo el 40 por ciento de los latinoamericanos quedan protegidos por las legislaciones y pueden tener acceso a programas sociales.

 

Sobre el papel, resolver el problema sería simple, según el escrito: Si el 20 por ciento de los sectores más ricos de Brasil y México renunciasen al 50 por ciento de sus ganancias, 26 millones de brasileños y más de 12 millones de mexicanos dejarían de ser pobres. “Un dólar más en manos de un habitante de cualquier zona marginal de América latina crearía más bienestar social que si está en manos de un millonario”, concluye el PNUD.

 

El Informe de Desarrollo Humano ofrece, en 400 páginas, datos especialmente decepcionantes en lo que se refiere al denominado sur del mundo. “Las barreras comerciales a las que deben hacer frente los países en vías de desarrollo cuando exportan sus productos hacia los ricos son, de media, tres veces superiores a las existentes entre los países ricos cuando comercian entre ellos”, denuncia. Ello, unido a determinadas políticas económicas, “sigue impidiendo a millones de habitantes salir de la pobreza, con lo que se mantiene un sistema caracterizado por inmorales desigualdades”, según el escrito. Con las cifras más globales que recuerda el informe, que los 500 hombres más ricos ganan más dinero que lo que consiguen ingresar juntos 460 millones de pobres, dejan al mundo muy lejos de uno de los Objetivos del Milenio: reducir la pobreza a la mitad en el año 2015, dentro de menos de 10 años.

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