Reflexiones sobre el matrimonio de homosexuales

Una proposición no de ley del PSOE que pide el matrimonio de las parejas homosexuales se debate hoy en el Congreso de Diputados. Una causa personal me…

Una proposición no de ley del PSOE que pide el matrimonio de las parejas homosexuales se debate hoy en el Congreso de Diputados. Una causa personal me impide llegar hoy a la discusión, al debate y votación. Pero la importancia del tema me obliga en conciencia, como diputado que ha sido elegido en nombre de un partido que defiende unos determinados valores, a expresar lo que habría sido el contenido de mi intervención.

En el seno de CIU hay libertad de votación sobre estas cuestiones. Respeto, por lo tanto, todas las opiniones que dentro de CIU o en el resto de grupos parlamentarios de la cámara discrepan de la mía. Tan legítimas son las suyas como la mía.

Tal y como decía un editorial del diarioLE MONDEdel 18 de mayo, la precipitación es el enemigo del bien, refiriéndose al debate en Francia sobre esta cuestión. No puedo dejar de encontrar sorprendente que en España la mayoría de fuerzas políticas se hayan lanzado a una carrera de persecución tan ridícula como irrisoria por ver quién es el primero en defender los matrimonios homosexuales. Aún resulta más curioso que determinadas fuerzas políticas denominadas de izquierda, que hasta no hace demasiado despreciaban el matrimonio de heterosexuales considerando que era una antigualla, luchan entre sí por ver quién es el primero en colgarse la medalla.

Amparándome en la libertad que todos tenemos para hablar de estas cuestiones, defiendo, como lo hacía el exprimer ministro socialista francés Lionel Jospin, la compatibilidad de reprobar y combatir la homofobia sin dejar de ser contrario al matrimonio homosexual.

Para mí, la homosexualidad no es un tema tabú, tengo amigos y amigas que lo son. Pero no puedo aceptar una tentación conformista y no entrar en el debate de una discusión sincera por miedo a la acusación de homófobo. Pero repito: muchos hoy no dicen exactamente lo que piensan por miedo de ser acusados de ir contra el progresismo incluido dentro de sus propias formaciones políticas.

Creo que tendríamos que ser capaces de separar dos cuestiones.

La primera, los derechos de los homosexuales.

Y en este sentido, entiendo que la legislación sobre parejas de hecho puede dar respuesta a esta justa demanda. Si no fuera así, sería lógico antes de pasar a aprobar su matrimonio hacer un balance de la legislación sobre parejas de hecho. Es curioso que todavía no exista en España, pese a 14 años de gobierno del PSOE, una legislación de parejas de hecho y que se quiera empezar la casa por el tejado con el matrimonio de los homosexuales. Y hago esta afirmación como responsable de una fuerza política que en el Parlamento catalán ha impulsado una de las legislaciones más adelantadas sobre parejas de hecho.

Se habla de la defensa de la igualdad de derechos. Creo que esta no es una cuestión que se pueda reducir a un tema de igualdad, creo más bien que su ámbito propio es el de la libertad. Al fin y al cabo, no es por capricho que los principios de la Revolución Francesa son tres: libertad, igualdad y fraternidad. Cada uno tiene su ámbito. El principio de igualdad de derechos no puede suprimir las diferencias.

Más allá de esto, sin embargo, el debate también tendría que asumir el referente de la importancia de las instituciones.

Muy a menudo, cuando hacemos balance del actual estado de la sociedad, somos críticos con la crisis que padecen instituciones como la escuela, la Iglesia o la familia y, por lo tanto, la pérdida de los puntos de referencia que esto comporta. El mismo director del NOUVELLE OBSERVATEUR, haciendo referencia hace pocos años al hecho que Francia estaba en crisis, ponía como ejemplo la crisis de la Iglesia, de la escuela y del ejército.

Pues bien, es a partir de la importancia de las instituciones y especialmente de la familia que creo que hace falta distinguir entre la necesidad de dar respuesta a los derechos de los homosexuales y la de fortalecer la institución de la familia en todo lo que representa el matrimonio como unión de un hombre y una mujer, y la obligación de procrear y, por lo tanto, de asegurar la continuidad en la tierra de las futuras generaciones. Si el mismo gobierno del PSOE está impulsando una legislación de discriminación positiva en favor de la mujer en el ámbito de la violencia de género, tengo el derecho a reclamarle que legisle siempre que pueda discriminando positivamente la familia y el matrimonio como unión de hombre y mujer.

Creo que esta es una deesas cuestiones que daría pie a una consulta popular. Nos hace falta un debate sereno, lejos de presiones, para que unos y otros puedan manifestarse serenamente de cara a una cuestión tan importante para el futuro de nuestra sociedad. La líder francesa Ségolêne Rollale, exministra de Familia y una de las dirigentes socialistas más destacadas, señalaba también la necesidad de que este debate tuviera en cuenta todos los puntos de vista y que, de ninguna manera, tener reservas sobre los matrimonios homosexuales implicara ser considerado retrógrado. Por otro lado, dirigentes políticos como el candidato demócrata a los Estados Unidos, John Kerry, o el expresidente de la República de Alemania y otros líderes del mundo de la izquierda política se han expresado en los mismos términos. No podamos olvidar que somos descendentes de una civilización judeocristiana, no podamos olvidar nuestro pasado y hace falta recordar que una ley es buena si es admitida pero al mismo tiempo comprendida por gran parte del cuerpo social.

Reitero, por lo tanto, la necesidad que esta sea una cuestión que se aparque, que el mismo gobierno organice un gran debate social y que lo someta a consulta popular para llegar a una fórmula que preserve el equilibrio de la necesidad del matrimonio, que tal y como dice el código de familia de Cataluña es una institución que establece un vínculo jurídico entre un hombre y una mujer, y el respeto y la garantía de los derechos de las personas homosexuales. Por lo tanto, lo mejor que podría hacer el PSOE, y esto es lo que habría dicho yo en la tribuna, es retirar esta proposición de ley, abrir un debate social y acabar con una consulta popular que, de paso, reforzaría el sistema democrático y acercaría la política a la sociedad.

Creo, por otro lado, que el país tiene otras urgencias. Y es sorprendente que en los primeros meses de legislatura se sitúe ya este proyecto no de ley. Reivindico, por lo tanto, no sólo el derecho sino la necesidad de este debate, pero me atrevo también a decir que las prioridades y urgencias del gobierno del PSOE y de otras formaciones políticas no coinciden con las del conjunto de la sociedad. Veo más demanda de garantía de los derechos de los discapacitados, de la gente grande y de dependientes en general o la precariedad laboral de los jóvenes u otras cuestiones. Está muy bien defender los derechos civiles, pero este es un país que todavía tiene mucho que hacer en la defensa de los derechos sociales.

Josep Antoni Duran i Lleida, presidente del comité de gobierno de Unió Democràtica de Catalunya y diputado al Congreso por CIU

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