Regeneración democrática real, ¿cuándo será?

A raíz de los comentarios surgidos en estos días en relación a la regeneración democrática, por parte de alguna fue…

A raíz de los comentarios surgidos en estos días en relación a la regeneración democrática, por parte de alguna fuerza política de nuestro país. He de advertir que, como ciudadano activo en la vida política, cómo es natural en un sistema democrático, este tipo de manipulaciones y engaños por parte de los que proponen y el griterío de la oposición como estrategia política para comentar que es una propaganda electoralista, es absurdo. Déjense de pamplinas, piensen que aún hay muchos miles de españoles, no los suficientes, con gran formación política, histórica y filosófica. Llevamos pidiendo muchos años esta regeneración y acabar con esta malhadada situación. La falta de consenso, las discordias, las deplorables y funestas consecuencias, han llevado a nuestro país a este guirigay.

Cohonestar el hecho, o lo que es lo mismo, dar apariencia de justa o razonable a una acción que no lo es, es de hipócritas. El motivo de estos ardides es debido a la escasa participación ciudadana en las elecciones europeas y en el desencanto de millones de ciudadanos traicionados por el engaño de sus representantes en los programas electorales.

Es fundamental para que funcione la democracia que la justicia sea independiente. Sin separación de poderes no hay democracia y se favorece la corrupción política. No entiendo como los miembros del Tribunal Supremo y del Constitucional tengan que ser nombrados por acuerdos entre partidos políticos. Para complicar más la aplicación de la justicia a los políticos, en España tenemos miles de "aforados". Todos somos iguales ante la ley.

Es curioso que, en Estados Unidos de América, no hay aforados y además no los necesitan, ¿recuerdan los casos de Nixon o de Clinton? Pero, además, en ese loco país con 350 millones de habitantes tienen sólo dos senadores por Estado, es decir ciento y muy pocos, en España con 45 millones tenemos entre 300 y 400 senadores y 18 parlamentos. En estos días, a un ex presidente de la República francesa se le ha detenido por escándalos de corrupción y la justicia cae implacablemente sobre él y no ocurre absolutamente nada ¿Qué nos sucede aquí? Somos más listos, más ricos o quizás más tontos.

Hay que respetar la independencia del poder judicial y sí así se hace, apartando el poder político, “otro gallo nos cantaría”. Lo que no puede ser de ningunas de las maneras, es que los numerosísimos casos de corrupción sean tapados por unos y otros. La justicia no puede en muchos casos resolver de forma tajante los desfalcos y latrocinios originados, porque se ve sometida a la presión política. Mientras, estos individuos miserables, de rositas y sin devolver un céntimo.

Cómo muy bien dijo el presidente del Congreso, Jesús Posadas, hace unos días, hay mucha desconfianza de los ciudadanos en las instituciones. Todo esto se evitaría suprimiendo privilegios, eliminando todos los aforamientos, acercando a los ciudadanos a las instituciones para que accedamos a informaciones y, de esta forma, se vea transparencia y conducta correcta en las gestiones que le han sido encomendadas por el pueblo.

Efectivamente, debe haber una regeneración real de nuestra democracia, pero háganla sin demagogia, insisto, háganla con el consenso necesario y evitaremos males mayores. El pueblo es sabio, y como me decía mi gran amigo Mariano a la hora de votar en las elecciones europeas: “Cuándo se cambie el sistema electoral con listas abiertas, cuándo se supriman las subvenciones a los partidos políticos y sindicatos, cuándo se acceda a la política con una formación por parte del que nos va a representar, cuándo los poderes estén separados y cada uno actué como en una verdadera democracia, votaré con garantías y mi conciencia quedará tranquila”.

Señores políticos, no olviden lo que nos dijo nuestro Jefe de Estado hace pocos días. Piensen en el progreso y estabilidad en España. No olviden a diario a esos heridos en la dignidad como personas (gente sin trabajo). Hagan que nuestros jóvenes no se marchen de nuestro país y encuentren pronto la esperanza. Fortalezcan la cultura democrática, el civismo, la libertad, la tolerancia y el sentido de la responsabilidad. No pierdan los vínculos del entendimiento. Y sobre todo, observen una conducta correcta, pues el trabajo y servicio de los políticos es lo más loable que pueda tener cualquier ciudadano.

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