Régimen antidemocrático en Barcelona

Se presupone que la democracia es un medio que garantiza que una determinada mayoría gobierna al tiempo que protege los derechos de la minoría. En cua…

Forum Libertas

Se presupone que la democracia es un medio que garantiza que una determinada mayoría gobierna al tiempo que protege los derechos de la minoría. En cualquier caso la cuestión fundamental es el gobierno de la mayoría.

El Ayuntamiento de Barcelona, por lo tanto los ciudadanos de la segunda mayor ciudad de España, viven desde las elecciones en una situación absolutamente contraria a aquella afirmación. Es decir, viven en un régimen municipal no democrático. Esto es un escándalo de proporciones extraordinarias y una vergüenza para aquellos que lo hacen posible, es decir el PSC con IC.

Cuando el profesor Petit venga para enaltecer el “republicanismo” de Zapatero y su profundización de la democracia, debería antes viajar a Barcelona y conocer su exótica, desde el punto de vista democrático, situación.

La cuestión es esta: el PSC que fue la lista más votada pero que sufrió un descalabro considerable y quedó a escasa distancia de CIU, no consiguió reeditar un gobierno tripartito y se conformó con un gobierno en minoría con su apéndice natural, Iniciativa per Catalunya, el equivalente de Izquierda Unida. Hasta aquí todo es legítimo.

Un gobierno en minoría puede funcionar sin cuestionar los fundamentos de la democracia si va consiguiendo apoyos parlamentarios, en el plenario en el caso municipal, para ir adoptando decisiones.

Lo que cuenta es que, primero, se adopten acuerdos; y segundo, que éstos estén refrendados por una mayoría, aunque sea cambiante según el tema. Pero nada de esto sucede en el Ayuntamiento barcelonés.

El gobierno PSC-IC, comandado por Hereu, ha demostrado una incapacidad perfecta para llegar a acuerdos con las otras fuerzas políticas, que son mayoría, CiU, el PP, y ERC, y éstas a su vez vienen enlazando voto mayoritario tras voto mayoritario en el Pleno en cuestiones de absoluta importancia para la vida municipal sin que el Ayuntamiento las cumpla, bajo la argucia jurídica de que corresponde al alcalde la ejecución de medidas concretas y esta facultad no puede quedar interferida por el Pleno. Esto es discutible.

Pero la cuestión no es de formalidad jurídica sino de fundamento democrático. El Ayuntamiento de Barcelona funciona al margen de cualquier criterio democrático, y esto debería repugnar a sus protagonistas. El problema, empezando por el propio alcalde, es que no solo no le repugna sino que están instalados en esta situación.

Los perjudicados somos todos, los ciudadanos de aquella capital porque vemos paralizada la vida municipal, y el conjunto de la sociedad, con independencia de donde vivamos, porque en un lugar donde habitan nada menos que un millón y medio de personas se ha instaurado sin que nadie se rasgue las vestiduras un régimen antidemocrático.

Hazte socio

También te puede gustar