Rembrandt van Rijn, una novela‘, por Sarah Emily Miano

Sarah Emily Miano (Nueva York, 1974) es una joven escritora que, anteriormente, trabajó en campos tan íntimamente relacionados como puedan ser los de …

Sarah Emily Miano (Nueva York, 1974) es una joven escritora que, anteriormente, trabajó en campos tan íntimamente relacionados como puedan ser los de cocinera, detective privada y guía turística. Residente en el Reino Unido, ha publicado relatos en diversas revistas y su primera novela, Enciclopedia de la nieve, ya tuvo éxito.

 

Rembrandt van Rijn es su segunda obra, por la cual ha recibido elogios encendidos y merecidos, aun cuando los que la editorial nos proporcione en la solapa trasera provoquen vergüenza intelectual por lo naíf. Así está la crítica…

 

La historia tiene gracia incluso para quien no atesore demasiadas nociones de pintura, cosa de agradecer en una novela histórica. Nos encontramos en 1660 y el joven Pieter Blaeu, nieto e hijo de cartógrafos holandeses y que en realidad sueña con convertirse en escritor, acompaña al príncipe Cosimo de Médicis en su viaje cultural por la Ámsterdam del siglo de Oro de la pintura holandesa. Allí, al conocer al ya anciano Rembrandt, Pieter recibirá un inesperado estímulo intelectual que cambiará toda su vida.

 

Hasta aquí el argumento. Tampoco hace falta mucho más para contar correctamente una buena historia. Eso es lo que hace la autora: conseguir atrapar el interés del lector con una buena novela en un momento en que el mercado está saturado de obras que no valen el papel en que se han impreso. Miano dibuja bien (nunca mejor traído) a los personajes, acercándolos al lector con la ayuda de una narrativa ágil.

 

No obstante, las primeras páginas del libro resultan un tanto farragosas: primero nos encontramos con cuatro citas (sí, cuatro, y de nada sirve que una sea del Quijote); inmediatamente después, nos presenta el elenco de los personajes como si tuviésemos entre manos una obra de teatro (aunque bien mirado es de agradecer, más que nada para no perderse en la trama); luego hay un prólogo de Pieter Blaeu escrito años más tarde, que Miano usa para justificar (es un decir) la escritura del libro; y finalmente, hallamos una especie de poema raro que, a juzgar por la falta de firma, debe ser de la propia Miano.

 

Para finalizar, cabe decir que los responsables de edición de Alfaguara podrían haber tenido el detalle (hacia la autora) de publicar en la solapa una foto que la favoreciese más. La que consta no ayuda en nada a que se venda el libro.

 

Rembrandt van Rijn, una novela

Sarah Emily Miano

Editorial Alfaguara

456 páginas

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