Remesas migratorias: Un arma contra la pobreza, pero con efectos ambiguos

Las remesas de inmigrantes a sus países de origen son una eficaz herramienta para combatir la pobreza en el mundo. Latinoamérica es la región que más …

Las remesas de inmigrantes a sus países de origen son una eficaz herramienta para combatir la pobreza en el mundo. Latinoamérica es la región que más remesas recibe: 48.000 millones de dólares en 2005. En España, estas transferencias al extranjero alcanzaron un nuevo récord en 2006 con 6.807 millones de euros.

 

No todo lo asociado a las remesas, sin embargo, son beneficios. Por ejemplo, los miembros de los hogares que reciben remesas tienden a participar menos en el mercado de trabajo”, dice un informe de ‘La Caixa’. Además, “las remesas reemplazan los ingresos que los emigrantes hubieran podido conseguir en su país de origen”, añade.

 

En definitiva, las remesas son un arma de doble filo con efectos ambiguos. A lo ya dicho, hay que añadir que al mismo tiempo que generan riqueza en los países de destino, alimentan la tendencia de sus gobernantes, a la vista de los ingresos, a no adoptar políticas adecuadas para frenar la emigración.

 

Récord de remesas en España

 

Según los datos facilitados por el Banco de España, las remesas enviadas desde España alcanzaron en 2006 un nuevo récord con 6.807 millones de euros, gracias a la regularización de inmigrantes.

 

Esta cifra supone un incremento del 37 por ciento sobre los 4.936 millones que salieron de España en 2005. “Es llamativo este incremento tan sustancial cuando la población inmigrante en España no ha crecido en esa medida”, señaló un experto de Remesas.org.

 

Latinoamérica, la más beneficiada

 

El último Informe Mensual (junio 2007) del Servei d’Estudis de ‘La Caixa’ constata que “Latinoamérica recibe más remesas que ninguna otra región del mundo”.

 

El Banco Mundial informa de que “fueron 48.201 millones de dólares en 2005, una cifra equivalente al 2 por ciento del PIB de la región o al 70 por ciento de la inversión extranjera directa que recibe y ocho veces superior a la ayuda oficial al desarrollo”, dice el estudio de la entidad bancaria (véase tabla 1 a la derecha, al pie de las fotos). Se trata de una cantidad que se ha multiplicado por diez, en términos reales, en los últimos veinte años.

 

“En valores absolutos, México es el mayor receptor de remesas de la región y del mundo; en términos relativos, sin embargo, lo superan otros países centroamericanos como Honduras, El Salvador y Nicaragua, donde una proporción mucho mayor de la población es emigrante”, añade el informe (tabla 2).

 

Parece lógico esperar que las remesas disminuyan la pobreza absoluta –medida, por ejemplo, como la proporción de la población con unos ingresos inferiores a 2 dólares por día (esta ratio de pobreza alcanza el 22 por ciento en Latinoamérica). Al fin y al cabo, “las remesas son transferencias directas de renta que seguramente benefician sobre todo a aquellos que más lo necesitan”, confirma el estudio de ‘La Caixa’.

 

Los datos parecen confirmar esta intuición: estudios que utilizan encuestas a hogares para calcular ratios de pobreza incluyendo y excluyendo las rentas provenientes de remesas indican que, en la mayoría de los casos, la ratio se reduce fuertemente con las remesas (de 3 a 5 puntos porcentuales), especialmente en países donde los emigrantes provienen de las capas sociales más bajas como México o El Salvador.

 

Es curioso que en algunos países no son los más necesitados los que más remesas reciben. En Perú o Nicaragua, por ejemplo, entre el 35 y el 40 por ciento de los receptores de remesas pertenecen al 20 por ciento de la población con mayores ingresos. Lógicamente, en estos países el impacto de las remesas sobre la pobreza es mucho menor.

 

No todo son beneficios

 

Estos cálculos, sin embargo, “no tienen en cuenta que las remesas reemplazan, al menos en parte, los ingresos que los emigrantes hubieran podido conseguir en su país de origen”, argumenta el informe.

 

“Un análisis más completo requeriría estimar la renta de los hogares en un escenario de ‘no emigración’, calcular la ratio de pobreza asociada a tal situación, y compararla con la ratio que se obtiene con migración y remesas”, sigue.

 

Los resultados del informe del Banco Mundial confirman “que la emigración y las remesas tienden a disminuir la pobreza pero que la magnitud del efecto, en contraste con otros estudios, es relativamente modesta: un aumento de las remesas en un 1 por ciento del PIB reduce la ratio de pobreza en 0,3 puntos porcentuales”.

 

El informe de ‘La Caixa’ insiste en que no todo son beneficios con el envío de remesas: “los miembros de los hogares que reciben remesas tienden a participar menos en el mercado de trabajo”.

 

“En México, el efecto es enorme: mientras el 90 por ciento de hombres adultos en edad de trabajar que no recibe remesas forma parte de la fuerza laboral, sólo el 60 por ciento de los que reciben remesas lo hace”, añade el estudio. Al parecer, las remesas hacen aumentar el salario de reserva: el nivel mínimo necesario para que estos adultos estén dispuestos a trabajar.

 

Por otra parte, un volumen importante de remesas provoca una pérdida de competitividad del sector exportador. “Parte de las remesas se gasta en bienes no comerciables, como algunos servicios, y parte en bienes que sí lo son. Ello tiende a aumentar el precio de los primeros más que el de los segundos, ya que estos últimos se pueden importar. El aumento del precio relativo de los bienes no comerciables mejora, a su vez, los beneficios de este sector y crea un incentivo a su expansión, lo que tiende a aumentar los salarios y causa una pérdida de competitividad en el sector exportador”.

 

Impacto incierto

 

“El impacto neto de este conjunto de efectos contrapuestos sobre el crecimiento económico de las economías receptoras de remesas parece ser incierto”, dice ‘La Caixa’.

 

Hay expertos que no encuentran un efecto significativo de las remesas sobre el crecimiento. El estudio del Banco Mundial, en cambio, concluye que el impacto “sí es estadísticamente significativo aunque económicamente no lo es tanto: un aumento en las remesas de un 1 por ciento del PIB tiende a aumentar la tasa de crecimiento del PIB en 0,1-0,2 puntos porcentuales”.

 

En definitiva, “los estudios empíricos disponibles sugieren que el impacto de las remesas sobre la reducción de la pobreza y el aumento del crecimiento económico, aunque quizás positivo, es muy modesto: migración y remesas no pueden reemplazar a unas buenas políticas económicas y unas instituciones de calidad como motor de un crecimiento sostenido”, concluye el estudio.

 

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