Rencor

Dos eventos, uno de ellos de trágicas consecuencias, aparentemente inconexas, tienen un común compartir importantes dosis de rencor. El …

Dos eventos, uno de ellos de trágicas consecuencias, aparentemente inconexas, tienen un común compartir importantes dosis de rencor. El diccionario define el rencor como un sentimiento inveterado de odio, de malicia hacia alguien. Ciertamente, los dos eventos, el asesinato de una persona en León y el abucheo airado a un político en un acto religioso, muestran el grado de rencor que contienen algunas personas y que, de repente, se manifiesta quedando fuera de todo control. Estas personas, según sus propias declaraciones, han mantenido durante mucho tiempo un odio que ha roído profundamente sus corazones. El rencor lleva a morir poco a poco cada día.

Ante un corazón rencoroso, el cristianismo propone el perdón. El perdón libera de la amargura de corazón y vuelve a la vida el corazón entristecido por el odio. En la matriz cristiana encontramos toda una larga tradición de perdón. El profeta Isaías lo anunció con toda claridad: "¡que el injusto abandone el mal camino, y el maléfico, sus intenciones! Que vuelvan al Señor, que es compasivo, a nuestro Dios, que es rico en perdón" (Is 55,7). El rencor es un estado del espíritu corrosivo en el que la persona queda prisionera de sus propias emociones. Jesús nos enseñó el camino para vencer este encarcelamiento del alma. Leemos en el Evangelio: "entonces Pedro le dijo: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Siete veces? Jesús le responde: -No te digo hasta siete veces, sino setenta veces siete" (Mt 18,21-22).

El camino para volver a la vida es el ejercicio del perdón a manos llenas. El propio Jesús, desde el patíbulo de su cruz, perdonó: "Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Las conmociones sociales contribuyen a que las personas no gestionemos bien nuestras emociones y, en muchas ocasiones, los sentimientos quedan alterados por unos acontecimientos que deberían estar bajo control. El autocontrol emocional es una disciplina que tiene fuerza predicamento; pero el cristianismo ofrece un ejercicio de reconciliación, el perdón, que permite situar de nuevo a las personas en el control de sus emociones. Aprendamos a perdonar y viviremos más tranquilos.

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