Repartir y compartir no cuesta tanto

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La lista que la revista Forbes publica cada año con los hombres/mujeres más ricos del mundo, sitúa a Amancio Ortega en el puesto número 7. ¡Vaya responsabilidad la delseñor Ortega, la de todos los de la lista, y la de miles y miles de personas adineradas en todo el mundo! Quizá un 1% de la población mundial en total, que acumula el 90% de la riqueza también total, en cifras aproximadas y sin ánimo de ser exacto.

Qué hacer con esa riqueza que no se acabará nunca, que no podrán agotar ni los que la poseen, ni sus hijos y, en muchos casos, tampoco sus nietos ni biznietos. Lo que está claro es que el mundo la necesita; cada vez hay más pobreza, en el tercer mundo, en el primero y en el segundo, cada vez hay más injusticias, más codicia, más egoísmo.

De ese 1% que acumula el 90%, muchos dirán que ya pagan muchos impuestos. Es cierto, pero aún así cada vez son más ricos. Un conocido mío, de los ricos, me decía que cada año saca una rentabilidad aproximada a su patrimonio total del 20%. No está mal. Bien, supongamos que no hay que pagar más en impuestos al Estado, ¿se puede hacer algo más?

En primer lugar los motivos. Creo que hay uno fundamental: la dignidad de la persona humana. Sea por motivos religiosos o meramente humanos, el hombre, la especie humana, lo merece, lo necesita y, egoístamente, incluso se puede argumentar que es necesario para el mantenimiento de la especie y por tanto de la propia fortuna. Hay muchos motivos para justificar la necesidad de un reparto equitativo de la riqueza. Pero uno es superior a los demás. La dignidad de los hombres que deriva de su origen creado. Somos, en definitiva, hermanos de una misma familia, con un mismo padre.

Seguramente más del 50% de ese 1% de ricos que ostentaría el 45% de la riqueza mundial cree en un Dios padre, y cree que todos somos hermanos de una misma familia. Y no sólo lo creen, sino que su religión les sugiere, cuando no manda, que hagan algo por los demás.

Pues manos a la obra. Es fácil. Sólo se necesita un poco de generosidad. La riqueza no se la acabarán. La imaginación para repartir justamente, creando incluso con ese reparto situaciones de desarrollo y mayor riqueza colectiva, está garantizada. Ellos son los que mejor la saben hacer.

Una idea: toda persona con una fortuna superior a los 5 millones de euros debería crear una fundación, con una finalidad específica de atención al desarrollo, pobreza, salud, investigación, etcétera; con un reparto mínimo de un 0,5% de esa riqueza total. Sólo serían 25.000€ anuales (mucho para un pobre, poco para un rico). Los economistas que hagan números, pero sólo con eso. ¿Y el Estado?, pues incentivar fiscalmente esas aportaciones gratuitas a la sociedad.

Y los que tienen menos de 5 millones que no se desentiendan.

Yo garantizo, si es preciso ante notario, una cosa: ese 0,5% dado generosamente les hará más felices que cualquier riqueza que puedan poseer.

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