Retoñando primaveras

-¿Que cuántos años tengo? -Querrás decir, cuantas primaveras he disfrutado. La vida humana deberíamos medirla por…

-¿Que cuántos años tengo?

-Querrás decir, cuantas primaveras he disfrutado.

La vida humana deberíamos medirla por primaveras disfrutadas. Despojarla de todo cuanto produce muerte y entristecimiento, y llenarla de vitalidad, de savia nueva, de paisaje, de alegría, de esperanza.

Pero ocurre, en estos tiempos, que cuando cada mañana te levantas y te atreves a abrir el ventanal de tu vida cotidiana, para informarte de cómo amanece el día, corres el riesgo de que una bocanada de putrefacción y muerte te amargue el desayuno y la jornada. Y te dan ganas de volver a cerrarlo a cal y canto, y abstraerte de un mundo que no quieres, que te asusta. O te lo tomas con humor y recuerdas aquel chiste del avión, que bruscamente empieza a perder altura, perder altura…Y cuando está a trescientos pies del suelo, el copiloto, alarmado, le grita al capitán: “¡¿vamos a tomar tierra?!” Y el capitán, lacónico: “Nos vamos a hartar”.

Pues, manos a la obra, y a ver si entre todos somos capaces de detener esta caída en picado y de enderezar el rumbo de esta grandiosa nave, en la que vamos todos y que a todos nos pertenece. Si tenemos capacidad y anhelos para dotarnos de una floreciente primavera, ¿por qué anclarnos en una perenne y estéril invernada que oscurece los horizontes y congela las esperanzas?

En el libro Bíblico del paciente Job, encontramos esta metáfora de la vida humana: “El árbol tiene una esperanza: aunque lo corten vuelve a retoñar y sigue echando renuevos; aunque haya envejecido su raíz en la tierra y se esté pudriendo su tronco, en cuanto siente el agua, reverdece y echa ramas como una planta joven”.

Creo que esta metáfora del Libro de Job resulta muy útil y oportuna para los tiempos de ahora. De esta manera, tú puedes contestar cuando alguien te pregunte:

-¿Qué tal, tronco?.

– Pues ya ves, retoñando.

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