Rodríguez Zapatero, entre el buenismo y la frivolidad

En nuestro número de hoy nos ocupamos de los acuerdos armamentísticos entre el gobierno de Rodríguez Zapatero y el dirigente venezolano Chávez. La cue…

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En nuestro número de hoy nos ocupamos de los acuerdos armamentísticos entre el gobierno de Rodríguez Zapatero y el dirigente venezolano Chávez. La cuestión es cómo esta política de carácter bélico, para facilitar el rearme en una región del mundo donde no existe ninguna razón para que nadie se sienta amenazado, contrasta con el discurso “buenista” que hace pocos días Zapatero pronunció en la reunión de la Liga Árabe.
 
Su propuesta sobre la alianza de civilizaciones tiene una escasa credibilidad y poquísimo alcance internacional, pero al menos debería marcar una pauta de conducta para quien la proclama. No se pueden vender armas con una mano aumentando la tensión en la zona, generada por Chávez un presidente de escasa práctica democrática y muy dado a la demagogia y, con la otra mano, promover la paz mundial.
 
Parece como si Zapatero tuviera una tendencia innata a establecer lo contrario de lo que en cada momento persigue Estados Unidos. Porque ahora ya no se trata de cumplir su compromiso con la retirada de Irak –aunque nadie le exigía hacerlo a cajas destempladas- sino de otros hechos que nada tienen que ver.
 
El proceso democratizador que Bush impulsa en el mundo árabe puede salir mal, como todo en este mundo, pero es un propósito razonable y bueno para todos, porque introduce en el mundo islámico una cuestión central: la libertad. Porque éste es el tema de fondo que no contempla Zapatero y que reduce su discurso a un tópico de tan escasa calidad que resulta lamentable en un presidente del gobierno.
 
Conceptualmente el Islam tiene serias dificultades para aceptar una relación con Dios que no esté basada sólo, y decimos sólo, en la sumisión. Bajo este planteamiento, la libertad del hombre no puede aplicarse en negar a Dios, y si no existe esta posibilidad que determina la libertad religiosa, tampoco se dan con facilidad todo el régimen de libertades que necesitan los derechos humanos fundamentales para que puedan ser ejercidos. Ese es el problema real que necesita encararse.
 
Bush, mejor o peor, aporta una respuesta y, además dispone de los medios para intentar llevarla a cabo. Zapatero carece de ellos, pero no por eso debe confundir la política internacional con los brindis al sol. El discurso de Zapatero ante el Islam es tópico y pelota en los términos que pudieron escucharse en su intervención el pasado día 22 de marzo en la reunión de jefes de gobierno y de estado islámicos. No aporta ni un átomo de solución a los problemas de fondo porque carece de veracidad. Veracidad en relación a actos como la exportación de armas a Venezuela, pero también  por cuanto no aborda la realidad de la dimensión islámica.
 
La democracia es solo un medio, pero indiscutiblemente es un medio que permite introducir cotas razonables de libertad. Ésta y no otra debería ser la base de la alianza de civilizaciones.
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