Romper a la “Moreneta”

Estamos en puertas de una de las tradiciones más enraizadas en la vida ciudadana y de mayor contenido humano, el mercat de Santa Llúcia …

Estamos en puertas de una de las tradiciones más enraizadas en la vida ciudadana y de mayor contenido humano, el mercat de Santa Llúcia en Barcelona o sus equivalentes en otras poblaciones. Un motivo religioso que reúne candidez y profundidad, que saca a flor de piel la grandeza de lo sencillo. Alumnos de muchas escuelas recorren las casetas y miles de padres y abuelos llevan a sus hijos y nietos a ver las figuritas en un ritual repetido anualmente pero siempre nuevo. No pocos buscan alguna figura para añadir al belén hogareño, una tradición que muchísimos continúan año tras año sin que tenga que estar reñida con el árbol navideño. Por experiencia personal y de otros conozco cuánta pedagogía pueden hacer los padres con sus hijos si destinan durante unas semanas un espacio del comedor a montar un belén, aunque sea sencillo, barato. Ayuda a conocer tradiciones, historia, hechos religiosos. Los ojos de los pequeños se abren de par en par y no paran las preguntas cuando se les explica los primeros días porque no está aún el Niño en el pesebre, o porque José y María no encontraron una casa mejor, o cómo vienen de lejos los Magos, o quizás ayuda a entender un período histórico las figuras de unas mujeres trabajando con la rueca o lavando en el arroyo, o a sentirse unos pastores al raso con su rebaño. Los niños participan en todo, sin olvidar avanzar cada día un poquito a los Magos, ansiosos de que llegue otro gran día.

Una anomalía ha empañado este año el prólogo de Santa Llúcia. Una empresa ha convertido en “caganer” a la Mare de Déu de Montserrat, patrona de Cataluña. La figura del “caganer” siempre me pareció fuera de lugar y en el pesebre de mi casa no lo ponemos, pero tampoco es problema si para algunos resulta un pequeño toque de humor el tradicional payés con barretina a calzón quitado haciendo sus “necesidades”. Menos aún me gusta la reciente “caganerización” de personajes de todo tipo y pelaje, desde políticos a futbolistas o actores por ver en ello un paso más –quizás no buscado- dirigido a desdibujar, trivilializar, lo importante del pesebre. Ahora, con la Virgen de Montserrat se pasa de lo trivial a lo grotesco. Y, sobre todo, a herir sentimientos de muchas personas, creyentes o no. La irreverencia sin más fin que el lucro.

Un grupo de jóvenes comentaba el asunto hace unos días y uno de ellos sugirió ir por las paradas de Santa Llúcia, coger los caganers de la Mare de Déu de Montserrat y romperlos. Mal negocio para los pesebristas. Además se producirían forcejeos con rotura de otras figuras. No hay que ir por ahí. Los pesebristas son conscientes de que trafican con material simbólico. Van a crear, no a herir. A quien ame su profesión no le gustará aquel “caganer”.

Publicado en La Vanguardia el 3 de diciembre de 2013

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